Puede que por aquello de darte siempre la razón, de responder casi con servidumbre a todo lo que le pides, y porque no hay nadie frunciendo el ceño al otro lado cada vez que te cabreas con ella -al nivel de estar pidiendo a gritos ser el primero en ser perseguido cuando nos dominen las máquinas-, cuanto más hablas con la IA más piensas que es algo entre tú y la máquina.
Lo que demuestran los documentos internos y conversaciones entre trabajadores recopiladas recientemente por 404 Media es que, para sorpresa de muchos usuarios de plataformas como el Copilot de Microsoft, detrás de sus peticiones hay a menudo personas reales que se encargan de revisar que la inteligencia artificial está haciendo un buen trabajo. Y sí, como ya habrás imaginado, están horrorizados por lo que llega hasta sus pantallas.
Lo que ven quienes revisan tus conversaciones con la IA
Internet, amigos, no hay que ser ningún lince ni el mejor aprendiz de Scooby Doo para descubrir que, detrás de todas esas modificaciones de fotografías que se piden a la IA, hay mucho más que simples cambios de pintura para ver qué tal queda la cocina en color salmón (mal, ya te lo digo yo, no hace falta que preguntes a la IA). Modificar cuerpos y la ropa que llevan puesta, sexualizar fotografías, manipular fotos realizadas por debajo de una falda… Digamos que eso es lo más suave que han llegado a ver.
Aseguran que es un trabajo durísimo porque, además, en realidad no están habilitados para frenar ciertas peticiones. Lo que están haciendo es comprobar si la IA ha hecho justo lo que le piden, a menudo comparando la imagen original con la modificada sin ningún tipo de censura, sin tapar la cara de las personas implicadas, y lidiando con imágenes que parecen no tener ni un ápice de consentimiento. Su trabajo, hablando en planta, es que la IA, en este caso de Copilot, haga su trabajo cada vez mejor.
Todo esto no es ningún secreto, ojo, los propios términos y condiciones de este tipo de servicios dejan bien clarito que las conversaciones pueden someterse a revisión, tanto automatizada como humana, y no sólo cuando salta alguna alarma de seguridad, sino ante cualquier interacción.
Vamos, que lo de tratar a la IA como si fuese un amigo capaz de guardar secretos es, ante todo, una pésima idea. Eso y que, si te llega una oferta muy jugosa para hacer ese tipo de trabajo, deberías pensártelo dos veces por tu bien, el de tus ojos y el de la poca fe que te queda en la humanidad.
Imagen | Vitaly Gariev
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