Como si fuese la última gran revelación en un descubrimiento de Indiana Jones, el último estudio arqueológico sobre el antiguo Egipto nos deja con una imagen de sus princesas que poco o nada tiene que ver con lo que la cultura pop ha terminado entregando. Si a todos nos viene a la cabeza la idea de Cleopatra dándose baños en leche de burra para mantener su belleza, lo cierto es que la diferencia entre la última reina de Egipto y sus princesas era más que considerable.
Durante décadas, al acudir a las tumbas de los grandes faraones del pasado y sus familiares nos hemos ido encontrando casi de todo. Lo que más trascendía, especialmente en el caso de dichas princesas, eran todas las joyas y tesoros que guardaban sus cámaras funerarias. Lo que se ignoraba, en cambio, eran todos los arcos, flechas y dagas que también había desperdigados por allí. Hasta hoy.
Las princesas guerreras del antiguo Egipto
Aunque la tónica habitual era atribuir todos esos objetos a simples objetos ceremoniales o de prestigio, como símbolos destinados a que los miembros de la realeza se los llevasen a la otra vida, un estudio reciente ha querido descubrir hasta qué punto todo aquello podía contar una historia. Lejos de inventársela en base a suposiciones, lo que han hecho es acudir a la fuente.
De la mano de la bioarqueología, la ciencia que estudia cómo los tendones y músculos son capaces de dejar marcas en los huesos que cuenten una historia, lo que han descubierto los expertos es que dichas señales revelan un esfuerzo. De la misma forma que ocurre con un tenista o un futbolista tras marcarse sus huecos a base de movimientos repetidos, lo que han desvelado es que aquellas princesas también entrenaban con arcos y dagas con intensidad suficiente para dejar huella.
Valiéndose de estas técnicas para revisar cómo algunos faraones sufrieron malnutrición durante su niñez, rompiendo con ello la idea de que siempre fueron ricos, o incluso cuidados y curaciones en huesos rotos que evidencian cómo estaban cuidados por una élite de médicos durante la adultez, el análisis de los huesos demuestra ser también una interesante fuente de información sobre sus vidas de cara a intentar descubrir su historia.
Lamentablemente, tal y como ocurre con cada fuente del pasado, no todo son certezas. Hay una razón por la que el estudio no habla de princesas guerreras, y es que a veces estas modificaciones de los huesos pueden estar relacionadas con la edad o el peso corporal. En cualquier caso, que existan ejemplos como el de la reina Ahhotep I, que fue enterrada hasta con un hacha y condecoraciones militares, dejan claro que hacían mucho más que bañarse en leche de burra.
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