A partir de la tercera temporada mejora. Seguro que te has topado con una frase similar a esa en más de una ocasión. Quienes defienden sus series favoritas a ultranza a menudo lo hacen reconociendo que al principio puede ser aburrida, pero que gracias a querer seguir adelante descubrieron esa joya de Netflix que se encargan de intentar venderte a la menor ocasión. Con miles de opciones disponibles, ver una serie mala hasta el final puede parecer masoquismo, pero la psicología le da otra explicación.
Para sorpresa de quienes creemos haber descubierto el pastel, la clave no está en los cliffhanger, el haber desarrollado ese hábito, o la falta de personalidad que les empuja a ver series que no les gustan simplemente porque alguien las ha recomendado. Según el estudio de Humanities and Social Sciences Communications, el efecto Ovsiankina es el culpable detrás de ese fenómeno psicológico.
Por qué seguimos viendo series malas aunque nos aburran
Es muy probable que en algún momento te hayas topado con el concepto Zeigarnik, un efecto psicológico a menudo utilizado en términos de productividad o de teoría de diseño. La idea detrás de él es que recordamos mejor las tareas incompletas y que, precisamente por ello, nos vemos obligados a terminarlas para dar cierre a ese ciclo. En el caso de las series malas, dejarlas a medias entraría dentro de ese saco.
Sin embargo, lo que destacaba ese citado estudio es que, pese a que Bluma Zeigarnik se lleva la fama, en realidad fue otro estudio, el de Maria Ovsiankina, el que realmente explicó mucho mejor ese efecto. Intentando entender lo que una y otra estudiaron a principios del siglo pasado, el estudio analizaba décadas de estudio para ver qué ocurría cuando frenas a alguien en mitad de una tarea para comprobar si realmente la recordaban mejor.
Lo que descubrieron fue que el ratio de memoria era prácticamente el mismo para un proceso incompleto que para uno ya finalizado, desmontando así el efecto Zeigarnik, pero también que quienes habían iniciado la tarea se veían empujados a terminarla aunque fuese aburrida o innecesaria, justo lo que destacó Ovsiankina sin tener en cuenta qué papel jugaba la memoria.
El matiz es importante porque el cliffhanger, ese momento al final del episodio que te empuja a querer ver qué ocurre a continuación, no es la excusa que se queda grabada a fuego en la memoria para terminar de ver una serie por muy mala que sea. Tampoco hay una cuestión de calidad o de gusto adquirido, simplemente es una puerta que se ha abierto en tu cerebro. Una que genera una tensión casi primigenia y que, a nivel psicológico, nuestra mente nos empuja a querer cerrarla.
Imagen | Look Studio
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