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World of Warcraft tenía 2.000 máquinas en un cementerio de servidores. Meses después, algunas estaban en casa de sus jugadores

World of Warcraft tenía 2.000 máquinas en un cementerio de servidores. Meses después, algunas estaban en casa de sus jugadores

Cuando Blizzard renovó los entresijos de su proyecto más ambicioso, los jugadores tuvieron una oportunidad única

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World of Warcraft tenía 2.000 máquinas en un cementerio de servidores. Meses después, algunas estaban en casa de sus jugadores
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Abelardo González

Editor - Tech

Durante años, millones de jugadores entraron cada día en World of Warcraft para recorrer Azeroth, derrotar jefes o pasar horas hablando mientras esperaban al resto del grupo. Sin embargo, aquellos mundos tenían también una existencia menos fantástica, ya que reinos como Darkspear, Kel’Thuzad o Tichondrius dependían de servidores físicos que acabaron quedándose viejos y siendo sustituidos por Blizzard. ¿Lo más curioso del asunto? Algunas de aquellas máquinas que habían sostenido las aventuras de miles de jugadores terminaron convertidas en piezas de coleccionista.

Blizzard anunció en 2011 que subastaría alrededor de 2.000 servidores blade HP ProLiant retirados tras actualizar la infraestructura de World of Warcraft. Cada pieza estaba asociada a uno de los reinos del juego y se entregaba dentro de una vitrina conmemorativa acompañada por una placa firmada por el equipo. Ya no podían utilizarse como servidores, pero conservaban algo difícil de encontrar en cualquier tienda: habían formado parte del hardware sobre el que había funcionado Azeroth. Además, una nota positiva es que la recaudación se destinó al St. Jude Children’s Research Hospital.

Una parte de Azeroth podía terminar en tu casa

La iniciativa continuó durante los meses siguientes con nuevas tandas. Blizzard llegó a invitar a los jugadores a comprobar si el reino donde habían vivido sus aventuras estaba disponible. De repente, un servidor dejaba de ser esa máquina invisible funcionando en algún centro de datos para convertirse en un objeto colocado en una estantería con el nombre del mundo donde alguien había pasado miles de horas. Sin duda, fue una forma bastante peculiar de conservar un recuerdo de World of Warcraft.

Años después, ServeTheHome reconstruyó la historia hablando con varias personas implicadas. Deshacerse de semejante cantidad de hardware también tenía sus costes y dificultades, y convertir los antiguos servidores en objetos de coleccionista ofrecía una salida mucho más interesante. Las máquinas fueron retiradas y preparadas antes de llegar a los aficionados. De esta forma, lo que normalmente se habría convertido en residuos electrónicos pasó a ser un pequeño pedazo de la historia de uno de los videojuegos más importantes de las últimas décadas.

El atractivo aumentaba porque cada pieza podía relacionarse con un reino concreto. Quien hubiera pasado años jugando allí podía intentar conseguir precisamente ese servidor. ServeTheHome recoge que algunas piezas llegaron a costar miles de dólares, especialmente en el caso de determinados reinos. Así, poco importaba que aquel hardware estuviera tecnológicamente superado: su valor estaba en todas las historias que habían ocurrido mientras permanecía encendido.

Hoy World of Warcraft funciona sobre una infraestructura muy diferente, pero aquellas subastas recuerdan que los enormes mundos virtuales también dependen de máquinas físicas. Blizzard consiguió que algunas tuvieran una curiosa segunda vida: después de sostener durante años las aventuras de miles de jugadores, terminaron convertidas en recuerdos de Azeroth que alguien podía tener en su propia casa.

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