Se ha convertido en uno de los fenómenos editoriales de este año dentro del género de la fantasía: La Espada Fulgurante es una continuación de la mitología del Rey Arturo a partir del momento de su muerte, tal como se ha recreado en infinidad de relatos. Y con todo, no es un libro que recomendaría a la ligera porque creo que es necesario lanzarse a su lectura con los deberes bien hechos. Lo digo desde la experiencia, después de años explorando desde los textos más clásicos hasta las interpretaciones modernas del Ciclo Artúrico: Grossman propone una historia ambiciosa, pero se disfruta mucho más si el lector cuenta con bagaje previo si quiere sacarle todo el jugo.
Lev Grossman, autor conocido por su trilogía de Los Magos, construye en esta novela un relato que arranca justo después de la caída del rey Arturo en la Batalla de Camlann. Collum, un joven caballero, llega a Camelot con la ilusión de entrar en la legendaria Mesa Redonda, solo para descubrir que la gloria del mítico monarca ha desaparecido y que prácticamente no quedan héroes legendarios vivos. La corte está poblada por personajes excéntricos y supervivientes inesperados: Sir Palomides, el caballero sarraceno; Sir Dagonet, el bufón convertido en caballero; y Nimue, la antigua aprendiz de Merlín que traicionó a su maestro. Su misión es recuperar Excalibur, reconstruir un Camelot devastado y resolver los misterios de la caída de Arturo, todo mientras los dioses antiguos y las hadas resurgen bajo la guía de Morgana. Casi nada. Esta apuesta por lo clásico se percibe como un guiño a los grandes maestros: desde T. H. White hasta Sir Thomas Malory, pasando por Alfred W. Pollard, Ramón Cunqueiro, Joseph Campbell o Jean Markale, quienes todos, de un modo u otro, han contribuido a la riqueza del mito artúrico.
La historia se mueve entre la épica y la introspección, combinando un relato heroico con la complejidad moral de sus protagonistas desde un punto de vista actual. Grossman no ofrece simples clichés: sus personajes están marcados por heridas físicas y emocionales que enriquecen la narrativa y le dan un aire más humano que muchas de las fantasías modernas.
Fotograma de Excalibur
Una apuesta por la imaginación y la fantasía épica más clásica
Lo que más destaca de La Espada Fulgurante es su capacidad para transportar al lector a un mundo que parece vivo. Grossman despliega una fantasía épica muy clásica, con bosques brumosos, castillos en ruinas y llanuras salpicadas de estatuas semienterradas que invitan a perderse en la imaginación. Su estilo combina diálogos cercanos con descripciones detalladas, y los combates a espada tienen una narrativa prácticamente cinematográfica. El autor apuesta por personajes imperfectos, humanos en su vulnerabilidad, cuyos conflictos internos y traumas hacen que cada victoria tenga un valor distinto al que solemos encontrar en la fantasía más comercial. Y con todo, no es este el punto fuerte de la novela.
La novela va más allá de la fantasía superficial: ofrece un chapuzón en la historia del Reino Unido y en la mitología de un territorio anterior a la llegada de los romanos. Grossman explora el periodo pre-romano de Britania, cuando los druidas todavía conversaban con los espíritus de la tierra, y presenta una mitología celta rica, donde no solo hay hadas etéreas sino deidades y rituales paganos que influyen en el destino de los mortales.
Su misión es recuperar Excalibur, reconstruir un Camelot devastado y resolver los misterios de la caída de Arturo, todo mientras los dioses antiguos y las hadas resurgen
Además, muestra la evolución de Camelot tras la era de Arturo, algo dejado de lado en las obras más clásicas de la leyenda arturiana, con el choque entre la tradición mítica y el cristianismo emergente. Esta reconstrucción histórica y mágica permite al lector sentir que cada colina, cada río y cada fuente guarda secretos milenarios. Es un enfoque que enriquece la experiencia de lectura y da un nuevo color a las historias que todos creemos conocer, acercando al lector a un mundo que respira por sí mismo. sin duda es este el aspecto que además me ha gustado, ese territorio liminar entre el paganismo arraigado durante milenios en este brumoso territorio y un Cristianismo que de mano de los romanos había llegado para quedarse. ¿Cómo pueden convivir mitos como la cacería salvaje con el Mito del Grial?
Fotograma de Excalibur
Por qué no es el pelotazo de fantasía que esperaba
Si buscabas un éxito arrollador al estilo de las sagas mediáticas más populares, probablemente te lleves una sorpresa. La Espada Fulgurante no ofrece giros imposibles ni héroes invencibles; en lugar de ello, Grossman opta por un ritmo contenido, con pausas contemplativas y flashbacks que profundizan en el dolor y las contradicciones de los personajes. Menos espectacularidad y más introspección: las victorias se fraguan tanto en dilemas morales como en batallas, y el final remite a la reconstrucción y la esperanza más que a la gloria triunfal.
Este enfoque puede decepcionar al lector que espere acción continua, pero ofrece un valor añadido: una épica humana, donde reconocer nuestras propias fragilidades aporta tanta emoción como el choque de las espadas. Eso sí, su esquema es de lo más clásico, siguiendo al pie de la letra la receta del "viaje del héroe de Campbell" (el mitólogo, no el de las sopas). Como nos recuerda Joe Abercrombie, uno de los grandes de la fantasía actual, cuando la historia comienza con un joven granjero de misterioso origen que abandona el hogar en busca de aventuras y recibe una espada mágica de manera rocambolesca, ya sabemos más o menos cómo va a terminar la cosa. Grossman introduce ideas interesantes en este escenario clásico, pero pasa de puntillas sobre ellas, contándonos al final un poco lo de siempre.
El Rey Arturo por el magistral ilustrador N.C. Wyeth
Un precario equilibrio entre tradición y modernidad
La novela se disfruta mucho más si el lector viene con ciertos deberes hechos. Conocer la Matería de Bretaña y las obras clásicas es casi imprescindible: más allá de la peli de Disney de Merlín el Encantador y la fabulosa Excalibur de John Boorman, parece que Grossman presupone que el lector conoce los clásicos de T.H.White a Sir Thomas Mallory, Alfred W. Pollard, Cunqueiro, O. H. Sommer o la entretenida saga de Jean Markale. Sin esos referentes, bueno, sí, uno puede disfrutar de esta aventura, que queda como algo completamente anecdótico. Por otro lado, conocer estos referentes le lleva a uno a disfrutar mucho más del contexto en el que se mueven los personajes y que tiene a ese Camelot legendario, con sus Arturo, Ginebra y Lanzarote y sus intrigas amorosas y traiciones, como escenario.
¿Cómo pueden convivir mitos como la cacería salvaje con el Mito del Grial?
La Espada Fulgurante de Grossman no intenta reinventar la rueda, sino situar la épica artúrica en el presente, con sensibilidad propia de nuestra sociedad actual. Parece más sencillo de lo que en realidad es y la verdad es que realmente interesante ver aquí y allá la influencia de algunos importantes nombres de la fantasía actual como George R.R. Martin. La novela respeta los elementos fundamentales del mito, la Mesa Redonda, Excalibur, la traición de Nimue, mientras introduce perspectivas modernas sobre liderazgo, heroísmo y responsabilidad moral. Ese equilibrio entre tradición y modernidad es uno de los principales atractivos, sobre todo para lectores acostumbrados a una fantasía más visceral y menos reflexiva.
Fotograma de Excalibur
Vale la pena, con matices
La Espada Fulgurante no es el pelotazo de fantasía que me esperaba, especialmente tras las reacciones entusiastas de otros lectores en el momento de su publicación, pero sí una obra valiente que rescata la esencia del mito artúrico y la traslada al siglo XXI como una lectura ligera. Un buen tocho que te merienda en un par de tardes pero que, desgraciadamente, no deja mucho poso, aunque deja la puerta abierta a seguir desarrollando las historias de un grupo de protagonistas realmente interesante en un escenario que sí me ha resultado fascinante.
La espada fulgurante (Áncora & Delfín)
Es recomendable para quienes buscan una aventura épica que combine historia, mitología y dilemas humanos, y para aquellos que disfrutan del legado mitológico de Camelot. Al final, aunque La Espada Fulgurante no revolucione el género, deja al lector con ganas de volver a recorrer los viejos mapas de las leyendas y de reencontrarse con los héroes que siguen vivos en nuestra imaginación.
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