Olvídate de lo que has visto de Drácula. Tras leer la novela, me he dado cuenta de que llevan décadas engañándonos

Olvídate de lo que has visto de Drácula. Tras leer la novela, me he dado cuenta de que llevan décadas engañándonos

La visión de Bram Stoker ha sido modificada para vendernos una historia de amor que no existe 

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Drácula
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Raquel Cervantes

Editora - Streamers
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Raquel Cervantes

Editora - Streamers

El Conde Drácula es una figura recurrente en el cine desde casi sus inicios. No en vano ostenta el título de ser el personaje más representado en el medio con todo lo que ello implica. Entre todas estas adaptaciones, hay una que destaca sobre el resto: la película de 1992 de Coppola con Keanu Reeves, Gary Oldman y Winona Ryder a la cabeza. Es sin duda una de las adaptaciones más populares y su influencia no solo se ha instaurado en la cultura popular, sino en otras obras similares. Vivimos un momento en el que la fantasía oscura lo inunda todo y la visión de Coppola parece establecerse casi con más fuerza que la de Stoker. Sin embargo, tras volver a leer la novela, me he dado cuenta del engaño que sufrimos.

La visión de Stoker casi se ha perdido 

Tuve la osadía de leer Drácula antes de mi adolescencia. Para aquellos que no hayan accedido a la novela, deben saber que se trata de un conjunto de diarios, cartas y anotaciones que conforman una narración en ocasiones algo desordenada. Bram Stoker la escribió en el año 1897 con la figura de Vlad Tepes como principal referencia. Lo cierto es que no tan densa de leer como se puede esperar, pero apenas recordaba nada. De hecho, en mi mente se había instaurado que la historia de amor entre Mina y el Conde era real. 

Sin ir más lejos, 2025 nos trajo una nueva adaptación: la de Luc Bessom. Esta bebe directamente de la obra de Coppola (no de Stoker), aunque con un enfoque más humorístico y alejado del terror. Entre sus puntos positivos, siempre destacaba la representación más humana del propio vampiro que llevaba a cabo Caleb Landry Jones, y que ayudaba a entender mejor sus motivaciones. Ahora me doy cuenta de que esta reflexión fue un error

Dracula

Estos días decidí recuperar el hábito de la lectura mediante la novela original. No tardé en darme cuenta de que Stoker es sutil en sus descripciones, haciendo uso de un terror sibilino que impone más bien por lo que no cuenta que por lo que sí. La historia se divide en varias partes: la llegada de Jonathan Harker al castillo, la acción en Londres con el vampiro como una figura presente por omisión más que por acción y el retorno a su morada. 

Mientras que en la primera parte Drácula es un ser misterioso, terrorífico y cambiante que dialoga con Jonathan , durante la segunda es un ente que atormenta a los personajes, pero que rara vez se presenta como tal en la acción. Aparece como niebla, un murciélago o a través de diálogos que pronuncian otros personajes. La parte de terror casi que es asumida por Lucy en dichos momentos, quien representa los efectos de la crueldad del vampiro. El autor es capaz de infligir miedo a través del misterio y el suspense que por una intervención directa de su personaje más emblemático. 

Dracula

Volvemos a la historia de amor: en ningún momento existe. Drácula fija su atención en Mina como venganza hacia los personajes que lo persiguen. La obliga a beber su sangre y busca transformarla como castigo. 

Un halo de esperanza en Nosferatu

A estas alturas, ya podréis entender que la historia trágica de los enamorados que se encuentran a través del tiempo es una fantasía que Coppola decidió crear para dotar a su película de una trama que enganchara al público. No es que su visión esté mal, sino que esta ha sido tan influyente que la gente ha olvidado que no es la original. 

Sí que hay versiones anteriores, como Nosferatu de 1922 o Drácula de 1931 que buscan mantener cierto halo similar, aunque con diferencias. Sin embargo, ha sido en 2025 cuando Robert Eggers ha hecho una de las mejores representaciones hasta la fecha. 

Nosferatu Pelicula Robert Eggers

En su momento, admito que no me gustó la cinta. Era consciente de que Eggers es un genio a la hora de transmitir terror de una forma muy única. Lo vi con La Bruja y sabía que me iba a enfrentar a algo similar. ¡Pero qué indignada me sentí cuando vi que la relación entre el Conde y Mina era totalmente desarraigada y desprovista de emotividad! 

Ahora que he vuelto a leer la novela, he sido consciente de mi error. Eggers consigue manifestar la esencial total de Stoker con la misma sutilidad que lo hace el autor. Por ello, que el Conde, en este caso Orlok, apenas se manifieste en unas cuantas escenas tiene todo el sentido del mundo. Sí, también hay cambios, como el origen de la relación entre ambos o el desenlace, pero en esencia, es el mismo tono. 

Una secuela desprovista de sentido 

Más preocupante me parece la existencia de una secuela llevada a cabo por Dacre Stoker, sobrino bisnieto del autor. Si bien se supone que está basada en las notas que el mismo dejó, parece romper por completo la esencia del personaje. 

En esta, se exploran las consecuencias de la llegada del Conde Drácula a la vida de los personajes principales. Mina no envejece debido a la conexión que se estableció con el vampiro, Jonathan carga con el resentimiento y tiene un hijo con Mina, Quincey, Van Helsing parece ser un engaño y el Dr. Seward vive adicto a la morfina mientras elimina seres no-muertos. 

Dracula secuela

En esta novela, y cuidado que vienen spoilers, el personaje de Drácula parece sufrir un lavado de cara. Se transforma en una especie de mártir y protector que, en realidad, siempre ha buscado terminar con la amenaza de Elizabeth Báthory, la Condesa Sangrienta. De hecho, busca proteger a Mina y Quincey de su amenaza. 

Hasta la fecha, me parecía una secuela decente, con un poco de oportunismo, pero que era una continuación adecuada para la historia de Coppola (aunque soy de las que piensa que el final de la película era el correcto). Pero una vez que he releído el libro, no puedo dejar de pensar que Hollywood ha hecho daño. 

El amor fantástico y oscura está de moda 

Por ir más lejos, la visión que estableció Coppola en el año 1992 ha influido directamente a la cultura popular. Se me ocurren un buen puñado de obras que beben de la idea de romance entre un vampiro y una humana: Crepúsculo, Medianoche, Vampiratas, Moonlight, True Blood, Underworld, The Vampire Diaries, Buffy Cazavampiros... Eso por no hablar de la nueva tendencia de establecer romances sobrenaturales, como las obras de Sarah J. Maas, Rebecca Yarros o la propia adaptación de Frankenstein de Guillemo del Toro

Crepusculo

Y no está mal que todo esto exista, pero a veces es necesario volver a los orígenes para saber la evolución que ha sufrido una idea. Si me preguntáis, aunque soy amante de la película de Coppola, me quedo con la habilidad de Stoker para crear la maldad de una forma tan sutil que asusta. 

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