Como estaba acostumbrado a Steam Deck, no me sorprendió excesivamente la configuración milimétrica que ofrece el nuevo Steam Controller. Sí me fijé inmediatamente que había dos botones nuevos en ese mapa de botones. Al parecer, puedes configurar una acción al posar o quitar la mano de cada uno de los cuernos. Decidí configurar una función para que, si quito la mano para agarrar el café, por ejemplo, el juego se pause solo, y al poner la mano de nuevo se reanudara. No funcionó a la primera. Lo cierto es que tuve que andar un rato cacharreando hasta conseguir entender el sistema y terminé más tiempo configurando que jugando. Al final, incluso, los desactivé porque es tan sensible que cuando acomodo la mano se pausa involuntariamente.
¿Me importó? En absoluto, porque ya me conozco y yo soy así. Cuando salió la Steam Deck, cree un sistema de macros por coordenadas X e Y para que, en una aventura gráfica, la cruceta moviera el cursor automáticamente a los verbos de Abrir, Usar, etc., volviera a la coordenada original y ejecutara la acción, en vez de tener que llevar el ratón a los verbos manualmente. Y sí, probablemente tardé más en hacerlo que en todas las veces que hubiera hecho el gesto de llevar el cursor durante la partida. Me dio igual. Me encantó hacerlo.
Os cuento esto porque creo que recoge bien el espíritu de cacharreo que es el Steam Controller, al igual que fue la Deck. Tiene mil funciones que, si las aprendes (y las vas a usar, la verdad) pueden suponer una gran diferencia con respecto a un mando tradicional. Pero si no las quieres, tendrías que considerar seriamente a este precio si realmente quieres pagar por ellas.
¿Lo caro sale barato?
Tanto en software como en hardware el Steam Controller es una virguería. Incluso si no quieres personalizar tus controles, el anterior mando de Valve y Deck han servido de caballo de Troya para que la comunidad haya creado miles de plantillas para muchos juegos con controles alternativos, adaptados a las superficies táctiles o al giroscopio del mando. Para muchos, esta precisión extra parecida a un ratón será definitoria. Algo que Valve ha puesto mucho esmero incluso detectando si tienes posado el pulgar en el stick para activar el giroscopio. Para otros jugadores, en cambio, todo esto les dará absolutamente igual.
Así que tienes que saber, ante todo, qué tipo de jugador eres. Cuanto más te conozcas a ti mismo más fácil es concluir si necesitas este mando. Yo, por ejemplo, tengo un PC conectado a la televisión, pero me gustan los juegos de ratón. Y me da mucha pereza andar con el teclado encima de las piernas y un ratón en el brazo del sillón que no hace más que caerse. Esperaba el Steam Controller como agua de mayo, nunca mejor dicho, pero también es verdad que no sé si los 100 euros justificaban la compra. Ahora que lo he probado, claro, me va a costar mucho vivir sin él porque me hace la vida más cómoda. Pero he tenido que hacer un poco de gimnasia mental para aceptar que, leñe, son 100 euros de mando.
Mi paz mental viene con los sticks. He tenido mandos de todo tipo y la mayor pesadilla es el drift, que en mi caso me ha ocurrido especialmente en el DualSense y los joy-con, mientras que en el de Xbox los sticks tienden a quedar algo sueltos tras mucho uso, provocando algo parecido. Ninguna plataforma se ha librado, mientras que Valve promete que su tecnología Joysticks TMR (Tunneling Magnetoresistance) hace que no solo sean más precisos, sino que desaparezca el drift. Os lo contaré dentro de unos años, pero, si es cierto, quizá lo caro sale barato, porque a la larga siempre he tenido que comprar de nuevo otros mandos.
Es probable que en algunos géneros desafiantes, siga usando alguno de los otros mandos. Al menos por el momento
No es novedad, pero la tecnología háptica que está usando Valve a mí me maravilla. Usar estos trackpads y sentir esa vibración constante mientras deslizas el dedo da un extraño placer, que ahora se suma a los propios cuernos del mando, donde agarras. Todo posee una retroalimentación que se adapta a tus movimientos y genera el estímulo correcto. Se nota que son prácticamente idénticos a los de Deck, porque me sigue costando que, al hacer click sobre el trackpad, se mantenga en el mismo píxel sin desplazarse debido a su sensibilidad, así que al final tiendo a usar los gatillos como los botones del ratón.
Puedes conectarlo con el nuevo Puck: una virguería que permite cargar el mando más cómodamente y gestionar mejor la conexión con latencia casi nula, o por Bluetooth de toda la vida. Rápidamente, el mando se comporta como un ratón incluso por tu escritorio de Windows, con su propia capa de teclado. Ahora bien, para que se ejecute realmente como mando, tienes que estar en la plataforma de Steam. Ninguna otra tienda lo va a reconocer a la perfección (incluso aunque algunos botones respondan). Esto te obliga a que, si quieres jugar títulos de otras tiendas, pases por la opción de "Añadir un juego que no es de Steam" de tu biblioteca, de modo que Steam pueda aplicar su propia overlay configurable.
Funcionan todas... o casi todas las tiendas de esta manera. Con Epic, GOG, UPlay o Amazon no he tenido problemas. Con la app de Xbox, que tiene su propio overlay, no he conseguido hacerlo funcionar ni descargando UWPHook para añadir los juegos a Steam.
El hábito hace al jugador
Todavía necesito más tiempo para acostumbrarme, pero creo que no todo es perfecto con este mando. Es cierto que sorprende su poco peso y lo ergonómico que es pese a que en las fotos parezca más grande. Pero también lo es que, teniendo esta hibridación entre touchpad y sticks, la ergonomía es compartida. Con esto quiero decir que nunca es la posición perfecta ni para uno, ni para otro. Especialmente creo que es algo notorio en los sticks: notas que, de manera natural, tu pulgar acaricia más el borde inferior del stick, y que tienes que subir toda la mano un poco para tener más control.
Los botones traseros son muy útiles, pero el primer día ya desactivé el R5, el más inferior, porque se pulsa demasiado de forma accidental al acomodarte el mando. Cuando te acostumbras no hay problema, claro, y podrás jugar a cualquier juego con él; pero es probable que en algunos géneros desafiantes, siga usando alguno de los otros mandos. Al menos por el momento.
En definitiva, el Steam Controller es una grandísima aportación de Valve. Para muchos, quizá, sea incluso más importante que la propia Steam Machine. Pero no me voy a cansar de repetirlo. Tienes que saber a lo que vienes, porque si ya tienes un mando por tener alguna consola o porque sencillamente lo compraste, tienes las funciones necesarias ya cubiertas. Este mando es especial sobre todo para tres cosas: control de ratón con los touchpad, control alternativo de giroscopio y personalización extrema de botones. Al menos una de ellas debe ser fundamental para ti.
Cuando empecé a mejorar un poco en mi conocimiento de programación, me di cuenta de que estaba empezando a crear funciones personalizadas, macros y envoltorios en exceso. Parte de esa refactorización y optimización me costó más hacerlo que el tiempo que me iba a ahorrar escribir el código a pelo, teniendo en cuenta que nadie más iba a verlo. Pero lo hice igual porque me interesa aprender y me encanta cacharrear. Siempre ha sido así. Y lo mismo sucede con el Steam Controller.
No me importa perder una hora en configurar una acción aunque ni siquiera la utilice, de la misma manera que nunca me ha importado dedicar una hora a hacer benchmarks con la mejor configuración gráfica posible, en vez de dedicarlo a simplemente jugar. Si algo de esto resuena contigo, probablemente esos cien euros, aunque piquen, lo van a hacer menos. Si no, ya tienes en casa un buen mando más que funcional. Quizá no necesites más.
En 3DJuegos | CD Projekt no solo está haciendo The Witcher 4. El juego más misterioso de la saga podría haber encontrado su camino
Ver 2 comentarios