Cuando descubres que hay todo un mundo de periféricos para entusiastas, de productos que, aunque parece que no deberían costar más de tres cifras, las superan con amplitud, te cambia la percepción de todo. En este caso, no hablo de un monitor o un portátil, sino de un ratón mediano, verde y con una forma extraña. Pero no es un periférico cualquiera: es el ratón más caro que he analizado. Hablo del Razer Boomslang 20th Anniversary Edition, el primer ratón de Razer que recupera su diseño original mientras actualiza sus entrañas para acomodarse a los nuevos tiempos.
Un ratón histórico
Para comprender el motivo por el que Razer "ha vuelto" a sus orígenes, debemos hacer algo parecido a arqueología informática. El Boomslang original, nacido en 1999 —bajo el paraguas de Kärna antes de que Razer se independizara por completo, motivo por el cual se relanzó en 2005 bajo la marca actual—, fue el verdadero salto de fe de los ratones enfocados al juego. En una era donde los jugadores de Quake o Unreal Tournament competían con ratones de oficina genéricos de 400 DPI, aquel monstruo verde con bola mecánica alcanzaba los 2.000 DPI. Desde entonces, esos 2.000 DPI han pasado a ser lo mínimo indispensable para un ratón gaming de gama baja, y así la nueva versión del Boomslang llega con 45.000 DPI máximos, carga inalámbrica, un sensor Focus Pro 45K Optical de segunda generación y cinco botones programables.
Eso sí, este es uno de esos análisis en los que vale la pena detenerse en el exterior, no solo del ratón, sino también de su packaging. Al tratarse de una edición especial, el nuevo Boomslang viene embutido en una caja redonda de cuero sintético con el logotipo de la compañía serigrafiado y una carta de agradecimiento. Incluso cuando lo abres sabes que estás ante algo especial, pues todo está pensado para que destaque en cuanto le quitas la tapa. Además, el contenido de la caja incluye un cable USB Tipo C y su base de carga inalámbrica.
Pero cuando tienes el ratón en las manos entiendes que el nuevo Boomslang está en un término medio entre ratón de uso diario y producto de exhibición coleccionista, aunque escorándose peligrosamente hacia este último; ahora veréis por qué. Lo que está claro es que lo de Razer es un ejercicio puro de nostalgia de la era analógica. Aunque la marca ha calcado las dimensiones exteriores del original para ofrecer una versión lo más fiel posible —algo que gana mucho peso para quienes nunca tuvieron uno en sus manos—, la compañía norteamericana ha introducido ciertos cambios. Por ejemplo, aunque respeta ese plástico transparente de tono verdoso, los materiales de esta edición aniversario son distintos, ofreciendo una sensación mucho más premium y un acabado más pulido.
Acabado retrofuturista y un diseño ilógico en 2026
Asimismo, ahora tenemos un acabado general acompañado de cuero sintético en lugar de plástico. Con ese estilo retrofuturista, el ratón recubre con este material los botones izquierdo y derecho, así como los laterales desde la cintura hasta la parte trasera. Sigue estando a medio camino entre lo experimental y lo premium, como el original, pero la marca ha querido justificar su precio astronómico añadiendo ciertos toques propios, como una banda de luces RGB en la parte inferior que, incluso a mí, como firme opositor de la iluminación en periféricos, me ha conquistado. Aun así, tengo dudas sobre cómo aguantará el cuero sintético el paso del tiempo, el sudor y el calor, aunque por ahora se siente sólido al tacto y bien integrado en el chasis.
Y aquí llegamos al "problema" del nuevo Boomslang: su ergonomía. El Boomslang 20th Anniversary Edition mantiene esa silueta inspirada, como bien decía Razer, en la cabeza de una serpiente, dándonos una forma desigual y ajena a la de otros ratones: una parte delantera plana y ancha que se estrecha en la cintura para volver a ensancharse en la barriga y la trasera del periférico. Por ello, hay que pasar por un largo periodo de adaptación. Es un diseño muy anclado en el pasado y, además, en un ratón enorme, por lo que si estáis acostumbrados a usar el agarre en "garra", el Boomslang os obligará —como a mí— a abandonar esa postura para estirar los dedos y hacer clic con la falange, no con la yema.
Sin embargo, hay aspectos que endurecen ese periodo de aclimatación. Por ejemplo, la parte de la barriga que se une a la tira de cuero inferior tiene una costura que sobresale, haciendo que su uso no sea tan agradable como el de un ratón actual, con líneas mucho más redondeadas. Además, al ser un diseño ambidiestro, carece del soporte para la palma o el pulgar que damos por sentado hoy en día, obligando a que la mano se deslice a ras de la alfombrilla y provocando cierta incomodidad. Aun así, el recorrido de las teclas delanteras es largo, así que no vais a fallar al hacer clic aunque no apoyéis toda la palma sobre su barriga.
Debajo del chasis, el nuevo Boomslang es una bestia
Más allá de su periodo de aclimatación, algo que me costó especialmente en juegos competitivos donde uno está acostumbrado a periféricos más modernos, lo más relevante del nuevo Boomslang está en su interior. Y aquí no solo no tiene miedo de compararse con otros, sino que mira a la mayoría por encima del hombro. Razer ha vaciado el espacio que antes ocupaba la pesada bola de acero recubierta de goma y ha integrado las mejores tripas de su catálogo actual. Lo más destacado es el sensor óptico Focus Pro 45K de segunda generación, capaz de alcanzar una sensibilidad absurda de hasta 45.000 DPI con una precisión impecable, acompañado de interruptores ópticos de cuarta generación para que el riesgo de doble clic involuntario sea cosa del pasado.
El problema es que, al no tener la curvatura natural de los ratones actuales, he notado que la velocidad de clic se resiente incluso aunque te adaptes. Te va a costar hacer spam de clics con la misma agilidad que en un ratón moderno, por muy buenos que sean los interruptores que lleva dentro. Más allá de este hándicap, el clic tiene un recorrido limpio y muy rápido, pero con un tacto más rígido. No es un escollo; de hecho, ese golpe seco se siente genial, pero hay que asumir que es un ratón que salta entre generaciones.
Así, tras un mes de pruebas, he de decir que el rendimiento es exactamente el esperado con un sensor así: una precisión y un seguimiento del más mínimo movimiento que ya quisieran otros, algo lógico teniendo en cuenta los 1.337 euros que cuesta en la tienda oficial de Razer (aunque ya está agotado). Y no, la cifra no es casualidad: rinde homenaje al mítico código del "orgullo l33t" o élite del videojuego clásico. Además, como buena pieza de coleccionista, ese valor también hace referencia a las 1.337 unidades numeradas en todo el mundo.
Pero siguiendo con el ratón en sí, su rendimiento inalámbrico tampoco se queda atrás. Los estadounidenses apuestan todo a la tecnología HyperPolling, permitiéndole ofrecer una tasa de sondeo inalámbrica real de 8.000 Hz. Esto se traduce en un tiempo de respuesta prácticamente instantáneo en monitores de alta tasa de refresco como el LG UltraGear 27GX790B, capaz de alcanzar los 720 Hz. Pero, como es lógico, exprimir esta velocidad reduce drásticamente la autonomía: de unas generosas 145 horas —estimadas a velocidades mínimas— a apenas 26 horas de uso continuo. Si juegas a diario, te tocará dejarlo en su base de carga magnética prácticamente cada dos noches. Eso sí, pasar del 0 al 100 % lleva apenas 90 minutos, y en sesiones de mando o durante un descanso puedes recuperar el 50 % en solo 25 minutos.
Razer - Ratón Gaming Razer Viper V3 Pro inalámbrico negro.
En este caso, la base de carga magnética es un añadido de calidad obvia. Mantiene la estética del mando —con ese plástico transparente verde—, pero incorpora unas franjas de luces RGB mucho más predominantes en la parte inferior. En cuanto al imán para fijar el ratón, impecable es quedarse corto. Hablamos de un anclaje circular que permite adherirlo con facilidad y con mucha fuerza; de hecho, cuando lo acercas, prácticamente te lo arranca de las manos. Durante la carga nunca he tenido miedo de que se cayera, ni siquiera dándole golpes moderadamente fuertes. Sacarlo, eso sí, puede provocar que pulses accidentalmente los botones laterales —ambos programables— si lo agarras desde la cintura, algo que puede traducirse en recargar pestañas o activar habilidades si estás jugando.
Tamaño del ratón de Razer en comparación a un Logitech G305 Lightspeed
Por todo esto, el Razer Boomslang 20th Anniversary Edition se siente tanto como un ratón premium como un producto que querrías exhibir en tu habitación. De hecho, la versión que me ha enviado Razer incluye una especie de cuadro donde la compañía ha "diseccionado" el ratón para mostrar sus entrañas y reforzar esa idea de "obra de arte" tecnológica. No es un periférico para todos, y no solo hablo del precio: su diseño apela directamente a quienes tuvieron el original, mientras que sus especificaciones encajan con lo que busca el entusiasta de la tecnología poco convencional. Un capricho de ingeniería con un chasis de hace dos décadas y unas especificaciones del futuro; probablemente las mejores que he visto nunca en un ratón.
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