Hay juegos que tienen todos los ingredientes necesarios para gustarte y, sin embargo, no terminan de atraparte como desearías. Es justo lo que me ha pasado con Disciples Domination, la continuación del muy interesante Disciples: Liberation, que tras algo más de cuatro años de espera ha vuelto para alegría de los fans de la estrategia con tintes RPG. O al menos, así debería haber sido. Mi mayor problema con este nuevo título de Artefacts Studio, autores del no menos recomendable Sumerian Six, es que parece empeñado en aburrirte con una serie de combates por turnos que, sí, sobre el papel tienen muy buena pinta, pero en la práctica son extremadamente sosos y muy, muy largos. Solo cuando ya llevas un buen puñado de horas a tus espaldas, y cuentas con un ejército más variado, la cosa mejora. Pero ese arranque es demoledor. Y es una pena.
Disciples Domination es uno de los juegos de estrategia RPG más llamativos que he visto a nivel visual. Sólo fíjate en las imágenes que acompañan a este artículo. ¡Se ve realmente bien! Y aunque en algunos aspectos puede ser algo genérico, es un mundo de fantasía que apetece explorar en busca de tesoros, mejor equipo y recursos con los que aumentar tu poder, muy en la línea de la mítica saga Heroes of Might & Magic. Así que sí, también tienes tu castillo y la opción de entrenar tropas de facciones tan distintas como los elfos, los enanos y hasta los no-muertos. El problema son, como digo, los combates; y tengo la sensación de que los propios autores del juego lo saben y por eso te dan opción de escapar de tus enemigos antes de entablar batalla. No es una buena señal.
Cuando la lucha no es divertida
Más parecido a King's Bounty que a los primeros Disciples, el principal problema de estas batallas por turnos es que duran demasiado. Incluso acelerando la acción en un 200% es imposible no sentir que la lucha se alarga más de la cuenta, lo que agota tu paciencia a medida que acumulas batallas. Curiosamente las bases de este sistema de combate son buenas: hay variedad de tropas con sus propias habilidades únicas, tú mismo puedes usar un libro de hechizos para cambiar las tornas del combate, y además tiene una idea que me encanta que son las tropas en segunda línea, a las que no controlas ni tampoco puedes atacar, y en cada ronda apoyan a los suyos o golpean a los enemigos de forma automática.
Las cosas mejoran a medida que juegas, pero el juego no siempre te lo pone fácil
Como te puedes imaginar esto amplía de forma notable tus opciones tácticas, pues además de poder usar tropas de cualquier facción con destrezas muy distintas entre sí, cuentas con ese plus de sumar un mayor poder defensivo / ofensivo en la retaguardia. Aquí el límite lo marca tu liderazgo, que son los puntos que cuesta 'convocar' sobre el tablero a tus soldados. Cuanto más poderosos sean, claro, más puntos de liderazgo requerirán. Así que, como ves, el combate de Disciples Domination lo tiene todo para enganchar y, sin embargo,curiosamente genera el efecto contrario. No es que las animaciones sean lentas o que no haya opciones suficientes para librar una buena batalla. Simplemente, las peleas me han resultado bastante sosas hasta ya muy avanzada la partida, cuando todo se vuelve algo más interesante.
Esta sensación de no estar disfrutando plenamente de los combates llega a tal punto que cuando un enemigo invoca a nuevas unidades, ¡y tienes que matarlas a todas!, más que un emocionante giro de los acontecimientos se convierte en tu peor pesadilla. Y el problema es que vas a tener que combatir mucho, muchísimo, ya sea para avanzar en la historia, para explorar el mapa, o simplemente para conquistar las fuentes de recursos (minas, aserraderos, etc.). Así que me ha costado mucho entrar en la acción de Disciples: Domination, aún cuando lo tiene todo para ser ese juego al que dedico horas y horas sin darme cuenta. Y me habría gustado hacerlo.
Lo que sí se siente bastante especial es el salón del trono, donde debes tomar toda clase de decisiones
Volver a explorar el mundo de fantasía oscura de Nevendaar siempre es un placer. Hay mucho que descubrir, montones de mazmorras en las que perderse y nuevas alianzas que forjar; el problema es que la excusa para hacerlo es, por decirlo suavemente, bastante tonta. Secuela directa de Liberation, el nuevo Disciples vuelve a estar protagonizado por la (ahora) reina Avyanna, que sin saber muy bien cómo, se ha pasado los últimos 15 años sentada en su trono sin preocuparse de nada ni nadie. Eso, claro, provoca que el pueblo sufra cierto desencanto y que sus aliados más próximos, todos los héroes del anterior juego, decidan abandonarla. Por cuestiones del destino un buen día decide salir del castillo y lo que se encuentra es un reino al borde del caos.
A partir de aquí te puedes imaginar lo que te espera: muchas idas y venidas haciendo favores con tal de aumentar tus fuerzas para hacer frente a un nuevo mal. La premisa está bien, sin más, pero la historia es muy irregular. Por momentos bastante sosa, algo que me ha sacado mucho de la acción es que constantemente pasa de encargarte tareas propias de un héroe a otras ridículamente mundanas. Que sí, es normal en los RPG; pero creo que esta aventura abusa demasiado de ello. Las cosas mejoran a medida que juegas, pero como ves, el juego no siempre te lo pone fácil para que quieras invertir tanto tiempo.
Construyendo tu propio imperio
Con una duración que puede rozar las 40 horas de partida, me quedo sobre todo con la exploración (aunque a veces el arte es algo genérico, como te decía) y la gestión de tu fortaleza. No es que sea un juego muy profundo que te permita construir toda clase de edificios al estilo Heroes of Might & Magic, pues ya desde el principio tienes a las cinco facciones del juego instaladas en tu castillo. Tu labor se reduce a mejorar estos edificios para subir de nivel y así poder contratar a soldados más poderosos; pero no está mal.
Creo que es una secuela demasiado continuista, casi parece una expansión de su antecesor
Lo que sí se siente bastante especial es el salón del trono; el lugar en el que tendrás que tomar toda clase de decisiones que afectarán a tus relaciones con las otras facciones, desbloqueando así mejoras exclusivas para tu ejército. El funcionamiento es muy sencillo: te plantean un dilema con varias opciones que conllevan un coste en oro y otras materias primas. Dependiendo de lo que elijas ganarás puntos a favor o en contra entre todas las facciones del juego, lo que permite 'personalizar' la experiencia.
El grado de libertad para cambiar la historia no llega al nivel de su antecesor, pero esta clase de decisiones siempre se agradecen. En cuanto a tus aliados, se ha reducido el número de héroes: pasamos de los nueve de Liberation a cinco en Domination, con viejos conocidos y alguna nueva incorporación. La relación con ellos también se ha simplificado, lo que es una pena, reduciendo la parte RPG a la mínima expresión. Aún tiene detalles interesantes, como unos cristales que puedes equipar tanto en los héroes como en cualquier unidad estándar para darles bonificaciones únicas y habilidades concretas, pero en la parte del equipamiento, siento que hay muchos objetos inservibles que no ayudan a construir esa fantasía de estar descubriendo un arma verdaderamente poderosa y única.
Aún con todo, si le dedicas tiempo, Disciples Domination puede ofrecer unas buenas sesiones de juego. Creo que es una secuela demasiado continuista, casi parece una expansión de su antecesor, que además tampoco termina de brillar cuando trata de dejar su propio sello. Al combate le hace falta una profunda revisión, y para más inri, aunque permite resolver las batallas de forma automática, el sistema está roto de tal modo que prácticamente nunca admite esa opción porque "no tienes poder suficiente". Cosa que no es cierta. Entre este y otros bugs, la sensación general es bastante decepcionante.
Me habría gustado terminar con un mensaje más positivo, pero lo cierto es que este nuevo Disciples ha sido una gran decepción. Si superas esas primeras horas y le das una oportunidad, aceptando sus errores, puede hacerte pasar buenos momentos. Pero está claro que se ha quedado lejos de lo que podría haber sido este juego de estrategia RPG. Lo tenía todo para ser una recomendación súper fácil, y se ha quedado muy lejos de ese objetivo. Una pena.
Comprar Disciples: Domination- Es una continuación directa de Liberation, aunque no necesitas jugar a su antecesor para entender la historia.
- Su combate por turnos presenta buenas ideas, pero el ritmo de las batallas es un problema serio.
- Puedes formar ejércitos mezclando tropas de todas y cada una de las facciones del juego.
- La parte de gestión está bien, aunque llega un punto en el que consigues tantos recursos, que es fácil superar todos los retos sin problemas.
- Visualmente es un juego potente, aunque algo genérico.
Aún con todo, si le dedicas tiempo, Disciples Domination puede ofrecer unas buenas sesiones de juego. Creo que es una secuela demasiado continuista, casi parece una expansión de su antecesor, que además tampoco termina de brillar cuando trata de dejar su propio sello. Al combate le hace falta una profunda revisión, y para más inri, aunque permite resolver las batallas de forma automática, el sistema está roto de tal modo que prácticamente nunca admite esa opción porque "no tienes poder suficiente". Cosa que no es cierta. Entre este y otros bugs, la sensación general es bastante decepcionante.
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