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Llevo unos días jugando a The Blood of Dawnwalker y su mejor idea no son los vampiros: es que cobran impuestos

Llevo unos días jugando a The Blood of Dawnwalker y su mejor idea no son los vampiros: es que cobran impuestos

Olvídate de la gestión del tiempo o los combates, lo que mejor hace este juego es presentar un sistema feudal basado en la sangre

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Llevo unos días jugando a The Blood of Dawnwalker y su mejor idea no son los vampiros: es que cobran impuestos
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Chema Mansilla

Editor - Cine y TV

Ya llevo unos días metido en The Blood of Dawnwalker y estoy encantado con lo que me ha dado hasta ahora: el combate, la mitología de los Cárpatos, esa gestión del tiempo de treinta días y treinta noches que obliga a decidir qué dejas sin hacer… Se nota que es un juego hecho con más cariño que recursos, es verdad, pero también es parte de su encanto. Y con todo, lo que me anda rondando la cabeza desde el segundo día no es nada de eso, sino un detalle de trasfondo que delata el buen trabajo de worldbuilding que hay detrás. El clan Vrakhiri no gobierna Vale Sangora solo a base de terror nocturno y colmillos en la yugular. Lo gobierna con un sistema fiscal.

Es un detalle que importa más de lo que parece. El valle estaba en manos de un señor feudal de lo más humano, Skender, que respondió a la peste negra con purgas de los enfermos, violencia, superstición y feudalismo aplicado. En ese vacío de legitimidad entran los vampiros, Brencis reconvierte el modelo político social de Skender y ofrece a continuación algo que ningún gobernante humano podía dar en aquella época: un sistema de sanidad pública. ¿Exagero? No. La sangre vampírica cura la peste, y su consumo constante mantiene vivos y sanos a sus súbditos. A cambio, cada adulto entrega su parte de sangre en cada luna llena, y eso es el impuesto de sangre.

Sangre por sangre. Es un curioso nuevo régimen: primero se deroga lo anterior, después se ofrece lo que nadie más puede ofrecer, y solo entonces se pasa la factura social. La tiranía llega envuelta en la solución a los grandes males y problemas de la sociedad. No perdamos de vista que se trata de monstruos que comen gente, por favor.

La sangre vampírica cura la peste, y su consumo constante mantiene vivos y sanos a sus súbditos. A cambio, cada adulto entrega su parte de sangre en cada luna llena

Lo interesante es que un campesino de 1347 no habría visto ahí nada especialmente exótico. Tal vez ni siquiera en lo de comer gente. Fijaos: debido a un cambio climático adverso conocido como la Pequeña Edad de Hielo, lluvias torrenciales consecutivas arruinaron las cosechas en el norte y centro de Europa. Esto provocó una escasez de alimentos tan extrema que entre el 5 % y el 12 % de la población de la región murió por inanición. Esto es real, historia pura. Ante la desesperación, la población recurrió a medidas límite como el canibalismo

Sin llegar a esos extremos, en general la población europea ya pagaba el diezmo al gobierno de turno y a la Iglesia y ya debía jornadas de trabajo a su señor, es decir, ya entregaba de forma regular una parte fija de lo que su cuerpo producía, de su tiempo, de su vida. Sudor y sangre. La diferencia entre ceder el grano, ceder el tiempo de trabajo y ceder la sangre es de grado, y el juego lo entiende perfectamente. Por eso The Blood of Dawnwalker no necesita explicarte su sistema económico con un tocho de lore: te lo enseña en la reacción resignada de los aldeanos, que discuten la cuota de sangre y la asistencia obligatoria a las misas como quien discute una tasa municipal. 

Este es un momento perfecto para decir que claro que soy defensor de la sanidad pública gratuita, que considero un derecho universal incondicional para la prosperidad de cualquier sociedad, y que es el deber de toda sociedad garantizar sus condiciones y garantice su acceso gratuito a toda la población. Pero estamos hablando de feudalismo, vampiros y de un grupo de desarrolladores polacos con algo que decir sobre todo esto. 

Bloodborne Imagen de Bloodborne

El vampiro que te cura la peste no es solo un depredador, también es un veterinario

Aquí es donde el juego se conecta con toda una tradición que llevo años disfrutando en todo tipo de formatos. La jugada de Brencis es como la de la Iglesia de la Sanación en Bloodborne: vender una cura milagrosa para construir sobre ella un régimen político y social. En Yharnam la sangre atrae peregrinos de todas partes, la Iglesia tiene un control total sobre ella y quien no puede pagarse la transfusión firma un contrato para convertirse en cazador. La letra pequeña, en ambos casos, es que el remedio te transforma en un esclavo. Quien no controla el recurso principal de cualquier entorno, geográfico, económico o social, está sometido a quien sí lo hace.

El mismo mecanismo aparece cada vez que un autor quiere explicar cómo un poder monstruoso entra sin resistencia dentro de un sistema social, o como los sistemas autoritarios logran establecerse sobre las democracias. En The Strain, Guillermo del Toro y Chuck Hogan colocan a un magnate moribundo, Eldritch Palmer, que abre las puertas de Nueva York a un señor vampiro a cambio de la promesa de no morirse. En Vampyr, Dontnod baja la escala a lo íntimo y te pone en la piel de un médico en el Londres de 1918, en plena gripe española, obligado a decidir barrio por barrio a quién cura y a quién se bebe. En los tres casos el motor económico es la enfermedad, porque el miedo y la desesperación es la moneda con la que se compran las poblaciones. Y si estos días estás jugando al Dawnwalker, habrás notado que el juego nunca te deja olvidar que la alternativa a Brencis era morirse de peste.

Daybreakers Imagen de Daybreakers

"Ganado": La palabra que sostiene el mundo

Cuando con los años vas consumiendo muchas historias de vampiros, la coincidencia léxica deja de parecer casualidad. Los vampiros de Vale Sangora tratan a los humanos como un recurso renovable al que conviene mantener sano, y en la novela El año de Drácula, Kim Newman ya usaba el término "ganado" sin ningún eufemismo. En esta novela de 1992, la reina Victoria se casa en 1888 con Vlad Tepes, lord Ruthven es primer ministro, sir Francis Varney es virrey de la India y buena parte de los súbditos de Su Majestad se adapta a la nueva situación: un mundo dominado por los vampiros. 

Quien no controla el recurso principal de cualquier entorno, geográfico, económico o social, está sometido a quien sí lo hace

Un recurso al que se cuida no deja de ser un recurso, y esa es la idea que atraviesa el género de vampiros entero, ¿o es que medicamos a las vacas que nos comemos por el bien de las vacas? La primera obra literaria importante que explora a fondo este concepto y lo populariza es Soy leyenda, la novela corta de ciencia ficción escrita por Richard Matheson y publicada en 1954. La ganadería es un modelo de gestión, no un acto de crueldad, y si nos ponemos finos, también es un mecanismo de supervivencia para los vampiros. ¿O es que los vampiros no tienen derecho a alimentarse? El problema es que cuando este modelo "económico" lo comparamos con nuestra propia realidad: "vanpiro esiten".

Vámonos al cine. Daybreakers es la versión que lleva ese modelo hasta su conclusión lógica, y sigue siendo la película que mejor ha entendido el asunto aunque en general resultara muy regulera. En el mundo creado por los hermanos Spierig, una plaga ha convertido a casi toda la población en vampiros, la escasez de sangre es severa y quienes se quedan sin ella degeneran en criaturas llamadas subsiders, mientras los humanos capturados se explotan en granjas de laboratorio y se investiga un sustituto sintético. El detalle que quiero destacaros es que el dueño de la mayor corporación suministradora de sangre quiere hacer fortuna vendiendo el sustituto mientras se reserva en secreto la sangre humana pura para él y para los vampiros ricos. Ahí está el capitalismo agotando su propia base productiva, con cafeterías que anuncian el porcentaje de sangre del café como quien anuncia el porcentaje de cacao, grasa o azúcar. The Southern Vampire Mysteries y True Blood juega la carta contraria: cuando la sangre auténtica se prohíbe y se sustituye por producto sintético, lo que nace es un mercado negro que corrompe la política vampírica y la humana a la vez.

Warhammer Vlad von Carstein

Los campesinos de Sylvania preferían a los vampiros 

El paralelismo más literal de todos no está en el cine ni en la literatura, sino en una mesa de juego. En el trasfondo de Warhammer, Vlad von Carstein hereda el condado de Sylvania y lo administra como un estado feudal en toda regla, con leyes, ejércitos y levas, y sus campesinos acaban pagando menos que bajo la nobleza humana anterior. El chiste es que la propia franquicia hizo suyo que aquello era prácticamente como pagar impuestos, solo que en sangre. Cuando la alternativa es un señor vivo que te esquilma igual y encima no te protege de nada, la monstruosidad del monstruo se vuelve un asunto secundario. Eso es exactamente lo que The Blood of Dawnwalker pone sobre la mesa.

Un ganado sano es un ganado feliz que no quiere sublevarse. También es un ganado sano que te puedes comer sin miedo a la triquinosis

Un sistema que te ofrece sobrevivir a cambio de tu cuerpo no deja de ser una extorsión porque la firmes voluntariamente, y la escasez es la mejor fábrica de consentimiento que se ha inventado nunca. Newman le da la vuelta al asunto de la forma más incómoda posible, porque en su Londres victoriano muchos buscan activamente la conversión con la esperanza de prosperar uniéndose a las filas cada vez más numerosas de los nuevos no-muertos, mientras los que se resisten acaban ejecutados o en campos de internamiento. Allí la sangre no es un tributo, es un billete de ascenso social, y por eso funciona mejor que cualquier cuerpo de represión. 

No me olvido de otro elemento clave de todo esto: un ganado sano es un ganado feliz que no quiere sublevarse. También es un ganado sano que te puedes comer sin miedo a la triquinosis. Y un pueblo sano y resignado es un pueblo que trabaja, te lo comas luego o no. ¿De verdad hace falta explicar por qué esa idea resuena tanto en 2026, cuando buena parte del debate sobre nuestro modelo económico gira en torno a qué estamos dispuestos a entregar a cambio de la estabilidad de una sociedad basada en la producción y el consumo?

Vampire Hunter Dvbloodlust Imagen de Vampire Hunter D: Bloodlust

Casi nadie ha imaginado un vampiro que pague lo que bebe

Hay una obra en esta genealogía vampírica que hace algo distinto, y por eso mismo es la excepción que confirma la regla. En Fledgling (inédita en España), Octavia Butler plantea a los Ina como una especie que necesita simbiontes humanos con los que mantiene un vínculo mutualista: los humanos aportan sangre y a cambio obtienen vitalidad y una vida más larga y sana. No es un sistema idílico, porque Butler era demasiado buena escritora para eso y el vínculo tiene un componente adictivo que enturbia cualquier idea limpia de consentimiento. Hay muchos tipos de relaciones tóxicas, ¿verdad? El caso es que es el mejor ejemplo que se me ocurre en el que el vampiro necesita reciprocidad de verdad y no solo súbditos.

Cuando alguien se sienta a imaginar una sociedad que funciona con sangre, lo que le sale casi siempre es una pirámide extractiva. Le sale la Nobleza de Vampire Hunter D gobernando desde hace milenios sobre una humanidad arrinconada en la Frontera. O incluso los vampiros cansados de Jim Jarmusch en la estupenda Solo los amantes sobreviven (que tenéis en Filmin, por cierto), que ya no cazan a nadie y sobornan a un médico de hospital para conseguir O negativo del bueno, convirtiendo la sangre en un problema de trazabilidad y de calidad de producto, como un pequeño mal necesario. Es fascinate cómo la mitología del vampirismo ha evolucionado desde la antigua Mesopotamia, pero siempre ha mantenido la idea central de las criaturas que roban la energía vital de los vivos. Supongo que siempre ha habido un eco social a la idea de gente que vive gracias a explotar a otra gente.

Dawnwalker The Blood of Dawnwalker

Un detalle de diseño que vale por 20 horas de lore

Lo que hace Rebel Wolves, y por lo que llevo días dándole vueltas, es elegir el momento exacto de la historia que casi nadie elige. En otras historias los vampiros llevan diez mil años instalada, o generaciones, pero en The Blood of Dawnwalker te coloca en el instante en que se cancela el viejo marco social y se impone uno nuevo, cuando todavía hay gente viva que recuerda cómo se vivía antes y gente que ya ha decidido que el trato le compensa y que, total, no se está tan mal, apenas unas gotitas de sangre aquí, un desvieje por allá… Da un poco igual que ese ajuste de la población se realice con recortes presupuestarios, mordiscos o motosierras.

Me ha parecido una manera muy interesante de reforzar las mecánicas del juego más básicas y de explicar quién son los malos, y me gusta que sea a la vez algo original, algo que hereda una tradición milenaria y algo que mira de reojo a nuestro día a día. El vampiro clásico quería beberte hasta dejarte seco. El de Vale Sangora quiere que estés sano, bien alimentado y a salvo de la peste, porque un cuerpo enfermo rinde menos, e imagino que debe saber un poco peor, y eso, contado en 2026, ya no se parece tanto a una leyenda de los Cárpatos. Y dicho eso, aprovecho para darle las gracias a los médicos y todo el personal de la sanidad pública, que se lo merecen.

¿Y tú qué opinas? ¿Qué te está pareciendo The Blood of Dawnwalker? ¿Me he olvidado mencionar alguna sociedad vampírica especialmente interesante? Puedes unirte al servidor de Discord de 3DJuegos y compartir tu opinión con otros fans.

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