Es innegable que The Elder Scrolls es una de las grandes sagas del videojuego. No solo porque sus juegos hayan generado beneficios multimillonarios, sino por su relevancia. Porque, aunque seguimos a años luz de The Elder Scrolls VI, aún recordamos Skyrim como si hubiera salido ayer. Sin embargo, sus comienzos estuvieron muy lejos de ser el éxito inmediato que podría parecer hoy, y el propio diseñador que trabajó en los dos primeros juegos recuerda que el lanzamiento de Arena fue un auténtico desastre.
Ted Peterson, diseñador de The Elder Scrolls: Arena y The Elder Scrolls II: Daggerfall, explicó a Time Extension que el primer juego de la saga tuvo grandes problemas para vender cuando llegó a las tiendas en 1994. "Las tiendas de videojuegos habían encargado un cierto número de copias y, al no realizar el envío a tiempo, empezaron a cancelar los pedidos", añadió Peterson. El motivo, como podéis imaginar, es que Arena se retrasó tres meses durante su desarrollo. El RPG tenía que salir en Navidades de 1993 y no lo hizo hasta marzo del año siguiente.
The Elder Scrolls no llamaba la atención tanto como ahora
De hecho, el diseñador ha querido poner un ejemplo de lo mal que vendió de lanzamiento. "Para darte un contexto de lo mal que le fue: el primer juego en el que trabajé fue una edición física de Terminator 2029 —que requería tener el juego original— y esa versión distribuyó más copias en sus inicios que Arena", añadió. Para los que no lo conozcáis, aquel juego basado en el mundo de James Cameron fue desarrollado por Bethesda en 1992 y, aunque sus ventas no fueron geniales, tuvo un buen rendimiento en el mercado.
The Elder Scrolls: Arena
La situación empezó a cambiar gracias al boca a boca entre los jugadores meses después del estreno. Aunque Arena no consiguió arrasar inicialmente, quienes se hicieron con él comenzaron a disfrutar de la propuesta y a recomendarla a otros jugadores. "Fue un desastre en muchos sentidos y, sin esperarlo, acabó construyendo una franquicia de mil millones de dólares", menciona Peterson. Es más, el propio Christopher Weaver, presidente de Bethesda, reconoció en 1995 que el estudio se encontraba en territorio desconocido, ya que hasta entonces la compañía era conocida principalmente por sus juegos deportivos, por lo que el posible fracaso de Arena estaba sobre la mesa antes de llegar a las tiendas.
Aun así, Arena terminó cambiando esa percepción y abrió el camino para que Bethesda se convirtiera en uno de los referentes del rol occidental. Ahora, 32 años después de aquel Arena, las cifras son las que son: en total, The Elder Scrolls ha generado beneficios cercanos a los 4.000 millones de dólares entre juegos principales, expansiones y proyectos paralelos como The Elder Scrolls Online.
Imagen | Bethesda
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