La primera vez que vi Ninja Scroll fue gracias a una de esas colecciones de fascículos que se editaban en España, en la que lo de menos era el fáscículo y el atractivo de la colección era el VHS con la peli de turno. Os seré sincero: fue un poco traumático. Era muy chaval, y aunque para entonces ya había visto cosas como RoboCop y me creía de vuelta de todo, el nivel de violencia de la película, tanto la explícita como la conceptual, me sobrepasó por completo. Y a la vez, me parecía fascinante, me dejó clavado en el sitio por dos motivos que tardé años en saber nombrar: la calidad bestial de su animación y la densidad de su mitología.
Han pasado más de 30 años y resulta que esa película de 1993, dirigida por Yoshiaki Kawajiri en el estudio Madhouse, no solo aguanta el tipo frente a producciones actuales: es uno de las grandes inspiraciones sobre la que se ha levantado medio género de videojuegos de acción japoneses. Si has jugado a Onimusha, a Nioh o a Sekiro, has pisado un terreno que Ninja Scroll ayudó a cristalizar mucho antes. Claro, la propia Ninja Scroll tomó algunos conceptos prestados de los videojuegos más clásicos, pero al reconstruir estas primeras ideas logró una serie de códigos narrativos y visuales que poco después los videojuegos volverían a retomar y que hoy siguen siendo estructurales para muchos títulos.
Un ronin contra ocho monstruos no es solo una película
La estructura narrativa de Ninja Scroll, si lo miras con ojos de jugador, es una sucesión de combates contra jefes. Jubei Kibagami, el espadachín errante que protagoniza la historia, no se enfrenta a un ejército: se enfrenta, uno detrás de otro, a los Ocho Demonios de Kimon. Y cada uno es, exactamente, un jefe de videojuego con su truco y su debilidad. Está Tessai, un colosal asesino con la piel dura como la piedra que lanza una espada de doble filo girando como un bumerán. Está Benisato, cuyos tatuajes de serpiente cobran vida. Están Yurimaru, que conduce la electricidad a través de hilos, Zakuro, capaz de prender cualquier cosa con su cuerpo cargado de pólvora, y Mushizo, que comanda enjambres de insectos.
¿Te suena esa sensación de tumbar al malo definitivo y verlo levantarse una y otra vez hasta que das con la forma buena de hacerlo?
Cualquiera que haya cogido un mando reconoce el patrón. Cada demonio plantea un acertijo de combate distinto, te obliga a leer su mecánica antes de poder tumbarlo, y solo cuando lo derrotas pasas al siguiente. Y al final del todo, como en cualquier juego que se precie, espera el jefe final: Genma, el líder, que tiene el detalle de ser prácticamente inmortal. Cada vez que lo hieres de muerte, se regenera; le cortas la cabeza y se la vuelve a poner. ¿Te suena esa sensación de tumbar al malo definitivo y verlo levantarse una y otra vez hasta que das con la forma buena de hacerlo? Pues eso ya estaba aquí, animado a mano, en 1993.
Imagen de Onimusha 2
En busca de un Ninja Scroll jugable
El puente más directo entre la película y el mando lo tiende Onimusha: Warlords, el juego con el que Capcom estrenó la saga en PlayStation 2 en 2001. La fórmula es prácticamente la misma receta: Japón feudal, un espadachín solitario y una marea de demonios a los que cortar en pedazos. Pero hay dos detalles que llaman la atención El primero es que los demonios contra los que peleas en Onimusha se llaman Genma, exactamente igual que el villano de Ninja Scroll y que en la cultura popular y el folclore japonés significan "demonios fantasma" o "ilusiones demoníacas". La versión que salió en Xbox un año después se titulaba, sin más, Genma Onimusha. Bueno, casualidad.
Pero el segundo detalle es mejor: la segunda entrega cambia de protagonista y pone a los mandos a un espadachín llamado Jubei Yagyu. Jubei. Que no me malinterpretes: no estoy diciendo que Capcom copiara la película, porque tanto Ninja Scroll como Onimusha beben de un mismo pozo, el del legendario samurái Yagyu Jubei de carne y hueso, el del Japón medieval y los demonios del folclore. Pero que en ambos casos el héroe se llame Jubei y el enemigo responda al nombre de Genma es una de esas coincidencias debidas a un imaginario compartido.
Imagen de Sekiro: Shadows Die Twice
Pero el rastro continúa. Coge Nioh, el action RPG que Team Ninja publicó en 2017: te pone en la piel de un guerrero solitario en el periodo Sengoku repartiendo mandobles a yōkai en una versión oscura y fantástica del Japón en guerra. Coge Sekiro: Shadows Die Twice, con el que FromSoftware se sacó de la manga en 2019 a un shinobi cruzando un Japón feudal plagado de criaturas imposibles. Dejando de lado las particularidades que hacen a cada juego algo especial, es el tipo de aventura que Ninja Scroll te metió en la cabeza hace tres décadas. La plantilla es siempre la misma: un espadachín solitario, un Japón de época y algo monstruoso esperándote.
Y la cosa no es simple nostalgia: el género goza de una salud de hierro, que para algo Nioh 3 ha salido este mismo 2026. Lo interesante es preguntarse de dónde sacamos todos la idea de qué pinta tenía que tener un Japón feudal con bichos sobrenaturales, y la respuesta, para una generación entera de aquí pasa por el anime, con Ninja Scroll como uno de los grandes referentes históricos, pero a dónde también podemos mira ren busca de ejemplos más actuales y tan populares como Kimetsu no Yaiba (Guardianes de la Noche).
Ninja Scroll acaba de estrenar una restauración en 4K de la mano de Sentai Filmworks, con pase mundial en la sección de clásicos de la Berlinale a principios de 2026 y una nueva edición física anunciada para 2027. La animación a mano de Kawajiri vuelve a verse con una nitidez que la pone en su sitio: el de un clásico, sin matices. Si nunca la has visto, ya tienes excusa. Y si la viste hace mil años en una cinta gastada, prepárate, porque vas a redescubrir de dónde venían tantas de las cosas que llevas años jugando.
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