A lo largo de los 80 y los 90, la industria de los videojuegos se presentaba como un negocio altamente prometedor. Y Nintendo, viendo el potencial de esta rama de entretenimiento, no tardó en establecerse como una de las reinas del sector; NES (1983) hizo historia, Game Boy (1989) revolucionó el juego portátil y SNES fue otro paso importante en la trayectoria de la compañía nipona. En otras palabras, la Gran N se estaba haciendo un hueco en los salones y patios de colegio de todo el mundo, pero también encontró escollos importantes a la hora de entrar en mercados increíblemente limitados de Asia.
Ya os hablamos anteriormente de iQue Player, la versión china de Nintendo 64 fabricada en colaboración con la empresa iQue cuya existencia se debía a la necesidad de sortear las leyes de importación del país. En esta ocasión, os traemos una historia muy similar con la gama de consolas Comboy; una serie de dispositivos lanzados exclusivamente en Corea del Sur que nacieron gracias a una insólita asociación entre Nintendo y la compañía Hyundai. Sí, la marca que asociamos principalmente a la fabricación de coches. A fin de cuentas, la Gran N (y la mayor parte de las empresas japonesas) no tenían otras maneras de llevar sus productos a este mercado.
Una forma de sortear la ley surcoreana
La historia entre Japón y Corea del Sur ha estado llena de altibajos; lo que, en consecuencia, ha afectado drásticamente a las relaciones comerciales entre ambos países. En el pasado, el territorio nipón se ganó el odio de la población surcoreana tras invadir varias naciones de su zona geográfica, incluyendo Corea; zona que estuvo ocupada desde 1910 y hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. Dicha maniobra vino seguida de muchos años de tensiones entre las dos naciones y la situación también afectó al negocio, entonces recién nacido, de los videojuegos.
Y es que una de las medidas que se adoptaron en Corea del Sur tras la rendición de Japón el 15 de agosto de 1945 fue prohibir las importaciones culturales de Japón. Por lo tanto, los jugadores surcoreanos no pudieron disfrutar de los videojuegos de Nintendo o SEGA y su mercado se llenó de consolas-plagio con títulos que copiaban de forma descarada las aventuras originales del país del sol naciente.
Aún así, Nintendo no estaba dispuesta a perder la oportunidad de abrirse paso en el territorio de Corea del Sur. Por lo tanto, colaboró con Hyundai (que ha fabricado algo más que coches, incluyendo electrodomésticos como refrigeradores) para re-fabricar sus consolas con una carcasa ligeramente modificada: su NES, además de adoptar el diseño presentado con las versiones de EE.UU y Europa (que se diferenciaba del modelo original japonés tanto en colores como en forma), incluyó un logo en coreano que decía "Hyundai Comboy". Debajo se leía "Nintendo Entertainment System Korean Version", pero parece que eso no impidió que el gobierno surcoreano diera luz verde a su distribución por el país.
Hyundai Comboy.
Una colaboración que sirvió para NES, Game Boy, SNES…
La jugada no salió mal para Nintendo; aunque las ventas de su Hyundai Comboy, la particular NES surcoreana, no fueron precisamente estelares, la compañía nipona apostó nuevamente por renovar su colaboración con Hyundai para repetir la estrategia con Game Boy, SNES y Nintendo 64. A fin de cuentas, y como hemos dicho anteriormente, las empresas japonesas no tenían otra forma de hacerse un hueco en el mercado de Corea del Sur.
De hecho, Nintendo no fue la primera en asociarse con una compañía surcoreana para llevar sus productos al país asiático. En este sentido, SEGA se adelantó con una colaboración con Samsung que dio lugar al lanzamiento de Gam*Boy (la versión coreana de Master System) y Super Gam*Boy (Mega Drive). Como apunte, vale la pena señalar que los videojuegos sufrieron el mismo destino que las videoconsolas y tuvieron dificultades para llegar de forma oficial al mercado de dicha nación.
Sea como fuere, todos estos trucos para llevar consolas a Corea del Sur dejaron de ser útiles en 2004, cuando el país levantó la ley que prohibía la importación de productos culturales desde Japón. A partir de entonces, Nintendo no tuvo que depender más de Hyundai para llevar sus dispositivos subsiguientes a territorio surcoreano; lo que, además, permitió que nuevas generaciones de jugadores conocieran las sagas más icónicas de la Gran N.
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