Durante muchos años, el cross-play fue la promesa imposible del videojuego moderno: tus amigos tenían el mismo juego que tú, pero no podías jugar con ellos porque tu consola o tu sistema eran diferentes. Sin embargo, Microsoft cambió esa tendencia en 2017 con la presentación de Better Together para Minecraft, una herramienta que llevó al mainstream la idea del juego cruzado. Gracias a esta iniciativa, las partidas entre usuarios de Xbox One, móviles y Windows 10 (y más adelante Nintendo Switch) popularizaron esta tendencia social.
Aquella actualización, vista con los ojos de 2026, también hizo algo más importante, ya que unificó versiones, nombres y contenido descargable, momento en el que convirtió Minecraft en un idioma común entre dispositivos. Sin embargo, mientras Minecraft y Nintendo empujaban en una dirección, Sony seguía resistiéndose… pero no por mucho tiempo.
Al ver cómo el cross-play ganó peso dentro de la industria y los jugadores no paraban de solicitarlo, la compañía nipona tuvo que hacer frente a un debate público sobre control, negocio y, por encima de todo, usuarios atrapados. Como era de esperar, hubo un título que lo cambió todo, uno tan masivo que fue imposible negarse a lo evidente: el juego cruzado era el futuro, y Fortnite era el escenario perfecto para probarlo. Así, tanto su base gigantesca de usuarios como los millones de euros diarios que generaba hicieron que este debate se viera desde otro punto.
Cuando Epic Games encontró a PlayStation
Durante meses, PlayStation 4 no solo bloqueaba partidas con jugadores de Nintendo Switch y Xbox, sino que también tenía la potestad de dejar tu cuenta atrapada en el dispositivo. La presión de la comunidad terminó funcionando y, en septiembre de 2018, Sony abrió una beta de juego cruzado que permitiría a los jugadores de PS4 jugar con usuarios de Xbox One, Nintendo Switch, PC, móviles y Mac. Poco después, Rocket League siguió sus pasos y confirmó que el programa Cross-Play Beta de PlayStation no era una excepción, sino un camino sin retorno.
Epic Games, responsable directa de Fortnite, comprendió que no bastaba con convencer a las marcas, ya que también tenían que facilitar el trabajo a los estudios. Como consecuencia directa de eso, lanzó sus servicios multiplataforma y, a finales de 2018, anunció el lanzamiento de herramientas gratuitas nacidas gracias al éxito de Fortnite que fueron probadas con éxito con 200 millones de jugadores.
Un lustro después, 2023 se convirtió en el año en que la conexión entre Steam, Xbox, Switch, PlayStation y Epic no solo era un aliciente, sino que en muchos casos era un requisito que los jugadores miraban con lupa a la hora de comprar un título multijugador. Hoy, el cross-play ya no es una función simpática, es una exigencia comercial. De hecho, forma parte de una tendencia centrada en convertir las consolas en ecosistemas, una visión en la que el juego cruzado y la nube siguen ganando peso.
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