La propiedad de los videojuegos siempre ha sido un debate constante, pero este año 2026 se ha magnificado, y con razón. Tras años viendo juegos cerrar y desaparecer de las manos de sus compradores, el pasado verano Sony anunció el final de su producción de juegos físicos para PS5, lo que elevó el debate sobre la no propiedad de los juegos digitales que compramos. Ahora, en pleno debate sobre si somos dueños de lo que pagamos o no, Ritchie Torres, congresista demócrata de Estados Unidos, ha presentado una iniciativa legislativa para garantizar que así sea, dejando atrás el concepto de "licencia de uso".
Bajo el nombre de The Power to the Players Act, el proyecto de ley pretende encargar a la Comisión Federal de Comercio (FTC) estadounidense la elaboración de una normativa que proteja a los consumidores. Entre sus objetivos se encuentra garantizar el derecho a conservar, jugar y transferir los videojuegos adquiridos. Además, siguiendo de cerca las proclamas de Stop Killing Games, Torres también defiende que los juegos online mantengan alguna forma de funcionamiento sin conexión cuando sus servidores dejen de estar disponibles.
NBA 2K25, un ejemplo de los problemas de los juegos digitales
En este contexto, mientras Stop Killing Games utilizó el caso de The Crew, Torres ha puesto como ejemplo NBA 2K25. A pesar de tener apenas dos años, el juego de baloncesto de 2K Games anunció la pasada semana el cierre de sus servidores y la pérdida de acceso a determinados modos para un jugador. Si bien el juego se mantendrá activo hasta el 31 de diciembre de 2026, el 30 de octubre desaparecerá de las tiendas, algo que no hace sino generar dudas entre los jugadores. Así, una de las cuestiones que más preocupa a muchos es por qué un título comprado puede perder parte de sus funciones o dejar de ser accesible cuando una compañía decide retirar su infraestructura en línea.
NBA 2K25 desaparecerá el próximo 31 de diciembre
"Los consumidores deben tener derecho a poseer, jugar y transferir los juegos que compran", ha defendido el congresista en un comunicado. Torres considera que un videojuego que desaparece cuando una empresa desconecta sus servidores no es una compra real, sino "un alquiler disfrazado de venta". De hecho, si las compañías se mantienen firmes a la hora de defender que la "venta" de juegos es en realidad un alquiler, este modelo debería regularse y reflejarse como tal en el mercado.
Sea como sea, el proyecto de ley aún tiene muchísimo camino que recorrer y, sobre todo, muchos problemas que resolver. Y es que, al igual que ocurre con Stop Killing Games en Europa, cabe esperar que gran parte de los lobbies se opongan a limitar la "libertad" de las grandes compañías.
Imagen | Instagram
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