Aunque es cierto que el lanzamiento de PS5 fue parejo en todo el mundo en 2020, al margen de la falta de disponibilidad y las reservas limitadas, PlayStation siguió los pasos de Nintendo y anunció en noviembre de 2025 una PlayStation 5 exclusiva para Japón. Al igual que sus compatriotas, la compañía limitaría esta consola al mercado nipón, solo estaría disponible en su idioma y, obviamente, sería más barata. De hecho, según ha confirmado Hideaki Nishino, este modelo exclusivo del país del sol naciente se ha vendido (y se está vendiendo) a pérdidas, pero para los japoneses el sacrificio vale la pena.
Nishino, presidente de Sony Interactive Entertainment (SIE), ha abordado esta situación en una entrevista con Famitsu, donde ha destacado la inversión estratégica y de expansión para la marca que supone dicha decisión. El motivo era obvio: atraer a más jugadores a su ecosistema y reflotar el interés de los jugadores en un mercado tan importante como el japonés, que habían ido perdiendo con los años.
Además, el ejecutivo de Sony confirma que la compañía era consciente de que, debido a las fluctuaciones en el cambio, había una tendencia perjudicial para los jugadores nipones: muchos minoristas exportaban consolas vendidas en el país al extranjero. "Dada esta situación, decidimos que era crucial garantizar que la PS5 se vendiera correcta y directamente a nuestros clientes japoneses", añadió.
De ahí se tomó la decisión de lanzar una consola exclusiva para el país bajo un precio de 55.000 yenes, unos 299,36 euros al cambio a día de hoy, y aunque era una versión solo digital, suponía aproximadamente un 40 % menos del valor del mismo hardware en Occidente. "Al ofrecer un precio más asequible en comparación con la edición digital multilingüe —esta versión exclusiva de país estaba limitada al idioma del país y solo funcionaba con cuentas japonesas—, esperamos revitalizar aún más la comunidad y el mercado de videojuegos japonés, que es un mercado clave para nosotros".
La estrategia de Sony tiene un problema: no cubre los gastos de la crisis actual
No obstante, como mencionábamos, la estrategia se hizo a pérdidas. Según ha confirmado Nishino, vender la consola un 40 % más barata que en el resto de mercados en una época marcada por la crisis del almacenamiento y la memoria, así como por la inflación, implica una consecuencia clara: la inversión del jugador no suple los gastos de producción de la consola, pero era un riesgo asumible. "Si bien no revelaremos cifras específicas, planeamos recuperar los costes en todas nuestras operaciones comerciales. Aunque la situación empresarial difiere de la de los mercados extranjeros, esperamos que se entienda que esta es una inversión importante y necesaria para el mercado japonés".
Eso sí, el directivo también quiso matizar que esta apuesta no implica una priorización de Japón sobre otros mercados. Nishino afirmó que la compañía mantiene una visión global y distribuye sus inversiones de forma equilibrada, aunque en este caso concreto ha decidido reforzar su presencia en el mercado japonés, lo que no implica que el resto de mercados sean secundarios. "Debido a que operamos globalmente, no priorizamos ni minimizamos ningún mercado en particular", explicó.
Esta estrategia llega, además, en un contexto en el que algunos directivos del sector, como el presidente de Capcom, Haruhito Tsujimoto, señalaron el elevado precio de las consolas como una barrera de entrada para nuevos jugadores, sobre todo teniendo en cuenta el tirón de los juegos de la marca japonesa en la consola del país. "Este no es un precio fácilmente asequible, especialmente para las generaciones más jóvenes. Esta situación no se limita a Japón, sino que es similar en el extranjero", afirmó Tsujimoto en su momento.
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