El gusano de Morris fue un experimento sin control que casi acaba con internet en 1988

Se replicó por fallos y contraseñas débiles y dejó inutilizados a varios equipos en cuestión de semanas

Gusano Morris
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Abelardo González

Editor - Tech

El 2 de noviembre de 1988, Robert Tappan Morris lanzó un programa que se replicaba solo y terminó infectando cerca del 10% del internet de la época, el equivalente a 6.000 máquinas. Hoy, dicha cifra ascendería a varios miles de millones de dispositivos, pero la industria era diferente hace casi cuarenta años. Sin embargo, lo sorprendente no fue el número de afectados, sino la forma en que lo consiguió.

El gusano que casi acaba con internet

El gusano de Morris no borraba archivos, pero saturaba los ordenadores creando copias sin parar hasta dejar sistemas lentos o colgados. De esta forma, fue la primera gran "caída" colectiva de la red, una que aprovechó varios agujeros típicos de los 80 para crecer: fallos en servicios, contraseñas débiles y un ecosistema que aún tenía mucho que aprender.

El plan incluía pasar desapercibido y un error terminó disparándolo todo, ya que lo volvió demasiado agresivo. De hecho, incluso intentó infectar equipos ya infectados, una situación que multiplicó el desastre y el pánico técnico. Para estimar su impacto, solo hace falta ver lo que declararon el FBI y las instituciones militares y académicas de la época: las funciones críticas sufrieron ralentización y los correos se retrasaron durante días.

Para intentar solucionar el impacto, ya que algunas redes desconectaron máquinas enteras durante una semana entera, se optó por una solución que hoy parece artesanal: administradores compartiendo trucos por foros y teléfonos, parches improvisados y limpieza manual. Sin embargo, la solución más rápida fue apagar y aislar, ya que era la forma más eficiente de evitar que se propagara.

Según las estimaciones de impacto, no se puede calcular de forma eficiente el daño, ya que los rangos oscilan entre 100.000 y 10 millones de euros. No obstante, el caso sirvió para marcar un precedente legal: Morris fue el primer condenado bajo la Computer Fraud and Abuse Act, y terminó recibiendo la libertad condicional tras aceptar servicios comunitarios y una multa sin haber pisado la cárcel.

De aquella noche, también obtuvimos una lección institucional: la necesidad de coordinar respuestas. Esto impulsó equipos y prácticas de seguridad más formales en internet y, de paso, provocó que hoy "Morris" funcione como un cuento con moraleja: si una prueba inofensiva puede escaparse, un parche y una actualización son nuestros mejores aliados. Por ello, desconfiar por defecto en el mundo tecnológico no es una paranoia, sino un sinónimo de seguridad y control.

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