Mientras nos enfrentamos a la segunda ola de calor del año en Europa, con Francia llevándose la peor parte al acumular temperaturas de hasta 44 grados en parte de su territorio, Londres ha sido el escenario de la Climate Action Week. La cumbre, que se celebra de forma anual con el cambio climático como foco principal, provocaba que el Secretario General de la ONU afirmase que la ciudad de la celebración se está "cocinando" con el calor generado.
Con el servicio meteorológico de Reino Unido enviando señales de alerta roja por el calor por toda la región, ya casi nadie en Europa se escapa del calor, da igual si estás en Suiza o en España. De hecho, el ejemplo de nuestro país es aún peor porque, aunque no estamos entre los que suman temperaturas más altas, sí somos el ejemplo perfecto de una peligrosa contradicción: la que traen bajo el brazo los centros de datos.
La guinda del pastel de las olas de calor
"Toda nuestra infraestructura fue construida para otro tipo de clima", reconocía Emma Howard Boyd, presidenta de la comisión inglesa destinada a luchar contra los problemas que genera el calor. La cumbre señalaba hasta qué punto aspectos de nuestra vida cotidiana, como por ejemplo quedarte atascado en un ascensor en una ola de calor -porque la energía también puede sufrir caídas por culpa de las temperaturas-, antaño era una curiosidad sin demasiada importancia y ahora puede suponer un grave peligro para la salud pública.
Al seguir mirando hacia otro lado, el mensaje del cambio climático se va desinflando mientras los expertos hablan de una "triste inevitabilidad". El caso es que todos estos problemas van a ir a más porque, pese a repetirse las mismas frases año tras año, Europa se está convirtiendo en el continente que más rápido se calienta del planeta, pero sólo el 40% de las noticias sobre la ola de calor mencionan el cambio climático como causa.
Por si todo eso fuera poco, celebramos los puestos de trabajo que traen bajo el brazo los centros de datos cuando, en realidad, prometen ser la guinda del pastel de toda esa emergencia climática. Cuando más aprieta el calor, más energía necesitan sus sistemas para refrigerarse, más electricidad consumen y más agua agotan. Mientras todos los sectores buscan reducir sus consumos y emisiones de CO2, el de los centros de datos y la inteligencia artificial es el único que va a crecer.
Pese a que en España hemos llegado a acumular años de sequía récord, el precio del suelo y el acceso a energía más barata nos está convirtiendo en el epicentro europeo de ese mismo problema. Según datos de Ecologistas en Acción, si todos los proyectos que ya hay sobre la mesa llegan a buen puerto, los centros de datos absorberán hasta el 5,9% de toda la electricidad española en 2030. Que proyectos como el de Talavera de la Reina prometa demandar 120 litros por segundo es, de rebote, el clásico pez que se muerde la cola
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