Acabo de leer la novela en la que se basará la nueva peli de Ridley Scott y no puedo esperar a ver esta distopía en pantalla grande

Acabo de leer la novela en la que se basará la nueva peli de Ridley Scott y no puedo esperar a ver esta distopía en pantalla grande

Sobrevivir al olvido: cómo La Constelación del Perro muestra la lucha entre la desesperación y la necesidad de seguir viviendo tras un apocalipsis

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La Constelacion Del Perro
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Chema Mansilla

Editor - Cine y TV

Todos sabemos que hay libros que parecen llegar en la vida justo en el momento adecuado. En mi caso, La constelación del perro, la novela de Peter Heller, simplemente me ha arrollado, me ha llevado por delante. Compré el libro cuando me enteré de que Ridley Scott iba a adaptarlo en una nueva película y que se trataba de una historia ambientada en un futuro distópico post-pandemia. Siempre me gusta una buena propuesta distópica. Sin embargo, no estaba preparado para la manera en la que la novela presenta su escenario de soledad y de crueldad inevitable, una realidad que fluye tan natural como el transcurrir de los días y las estaciones.

Os aviso: no esperéis una novela llena de explosiones y acción al estilo Mad Max, aunque La constelación del perro tiene alguna que otra escaramuza. Tampoco busquéis un drama visceral al estilo de La Carretera de Cormac McCarthy. Aquí la historia va de sentirse solo, de lo que supone ser un superviviente en un mundo que ha dejado de existir y que, cuando leemos las noticias día tras día, cada vez parece un destino más real para todos nosotros.

Un retrato íntimo del fin del mundo

La novela sigue a Hig, un piloto que sobrevive en un aeródromo abandonado en Colorado tras una pandemia de gripe seguida de una enfermedad sanguínea que ha diezmado a la humanidad. Su círculo íntimo se reduce a su perro Jasper y Bangley, un vecino preparacionista tan eficaz como brutal. Hig patrulla el territorio en una vieja avioneta Cessna a la que llama "La Bestia", recoge combustible y comida, y sostiene una alianza tensa con Bangley, cuya norma es "disparar primero y preguntar después".

Pero La constelación del perro no se detiene en el "qué pasó". Más bien, se sumerge en la rutina, en la memoria y en el anhelo profundo de Hig por compañía mientras que cada día se separa más del mundo que ha conocido. La devastación alcanza también a la fauna y a los paisajes, con un trasfondo de cambio climático preocupantemente real y amenazador. La novela evita el espectáculo de la violencia para enfocarse en el duelo, la nostalgia y la frágil esperanza que sobrevive entre las ruinas.

La constelación del perro es una experiencia íntima y propia en medio del silencio apocalíptico

Los personajes son, sin duda, el alma del libro. En realidad, no queda mucho más. Hig, el piloto melancólico y profundamente humano, es el motor moral de la historia. Su humanidad contrasta con Bangley, un superviviente huraño dispuesto a todo para vivir un día más. Entre ambos construyen una alianza incómoda pero necesaria. Y luego está Jasper, el perro de Hig, que representa la última conexión con la ternura y la vida en un entorno hostil. Es ese ancla emocional que no solo aporta calidez sino que simboliza la lucha por mantener algo de humanidad cuando el mundo parece haberse rendido a la brutalidad.

El libro está narrado en primera persona, con un flujo de conciencia que entrelaza recuerdos y reflexiones, algunas muy personales, otras completamente aleatorias y estúpidas. Todos tenemos de los dos tipos, ¿verdad? La prosa de Heller es contenida, con frases cortas y diálogos convencionales, que imitan la mente de alguien tan normal como tú o como yo. Esta economía de lenguaje da un ritmo quebrado y cercano que hace que incluso los gestos más mínimos pasen a ser tuyos. La voz de Hig, con su mezcla de cinismo y fragilidad, consigue que la novela sea una experiencia íntima y propia en medio del silencio apocalíptico.

La Constelacion Del Perro Estrellas La Constelación del Perro. Imagen: Starwalk.space

Un futuro que podría estar aquí

La novela pone en tensión una realidad que nos resulta tristemente familiar tras la pandemia de 2020: la lucha entre la supervivencia pura y la necesidad profunda de humanidad, contacto y compasión. En esos meses inciertos, muchos sentimos que estábamos al borde de un mundo similar al que vive Hig, donde la seguridad absoluta parecía imprescindible para protegernos, pero a costa de apartarse del mundo. En palabras de Hig, "quiero ser dos personas al mismo tiempo. Para que una pueda escapar corriendo." Esa dualidad refleja ese pulso emocional tan vivo en el libro y también en nuestra experiencia reciente: el tira y afloja entre la añoranza, la pena por lo perdido y la imperiosa necesidad de seguir adelante. ¿Por qué seguimos luchando, por qué insistimos en vivir cuando todo ha desaparecido?

Cuando olvidas cómo eran las constelaciones en tu antigua vida, al final, terminas por inventarte nuevas constelaciones que te guíen

El duelo, la memoria y la nostalgia no son solo temas literarios, sino sensaciones palpables que muchos vivimos en aquel tiempo. Heller no se detiene en detallar el colapso global, sino que se centra en cómo se convive con la pérdida, en ese desgaste emocional que se asemeja a la erosión lenta del mundo. Hig describe su entorno como una concha vacía, sometida al inexorable paso del tiempo, que poco a poco se va deshaciendo hasta convertirse en polvo y mezclarse con la arena. Es un recordatorio de que, al final, el tiempo y la naturaleza reclama lo que es suyo y que el destino final es inevitable, independientemente de la resistencia humana.

Pero incluso en medio de esa desolación, la naturaleza sigue siendo un refugio, una fuente de sentido para Hig y, seguramente, para todos nosotros cuando redescubrimos en los confinamientos la importancia de los espacios naturales. La montaña, la pesca, el vuelo en La Bestia no son solo escenas bucólicas; son los momentos de paz que permiten respirar cuando el caos acecha.

Finalmente, la desconfianza, tan presente en la novela, se refleja en esos perímetros físicos y morales que Hig y sus vecinos levantan para mantener lejos al "otro". La distancia de seguridad y el aislacionismo como método de supervivencia, ¿os suena? Este cierre en sí mismo es un eco de las comunidades atrincheradas, casi casa por casa, que vimos surgir durante la pandemia, donde abrirse al mundo era un riesgo constante. En un entorno donde la amenaza está siempre a la vuelta de la esquina, la dificultad de confiar se convierte en un mecanismo de supervivencia, pero también en una cárcel emocional.

Un pequeño gran fenómeno literario

La novela fue publicada en España por Blackie Books en 2014 y fue presentada como uno de los "acontecimientos literarios del año". La mezcla de dureza y belleza, junto a un giro íntimo al género postapocalíptico. Su aproximación sobria y humana, lejos de los estereotipos habituales, la ha colocado en un lugar especial dentro de la literatura distópica contemporánea, y ahora, con la adaptación de Ridley Scott, la historia se presenta como un estreno que promete emocionar y hacer reflexionar a partes iguales.

El mundo que pinta Heller no es solo ficción; es una metáfora de nuestro presente y futuro próximo. La pandemia de COVID-19 nos ha enseñado la fragilidad de nuestro mundo, la ilusión de seguridad y estabilidad, lo endeble de nuestras cadenas de suministro, el miedo creciente, y cómo las fronteras físicas y mentales pueden endurecerse en un abrir y cerrar de ojos. La alianza incómoda entre Hig y Bangley es un espejo de nuestras propias políticas de "fortaleza o hospitalidad". ¿Qué coste tiene protegernos? ¿Y qué ocurre cuando la desconfianza asfixia las posibilidades de comunidad? El individuo como centro del mundo, o de lo que queda de él.

La constelación del Perro (BOLSILLO BLACKIE)

La constelación como mapa íntimo en la oscuridad

El título de la novela sugiere un símbolo poderoso: las estrellas como guía cuando no hay mapas, como orientación en la oscuridad. Más que ciencia, es una poética de la esperanza. Porque en el fondo, La constelación del perro es un relato sobre cómo orientarse sin la certeza de un amanecer. Lo curioso está en la idea de que, cuando olvidas cómo eran las constelaciones en tu antigua vida, al final, terminas por inventarte nuevas constelaciones que te guíen. Reinventas el cielo y te reinventas a tí mismo.

Después de leer La constelación del perro, y haber soltado alguna que otra lagrimita, mi expectación por la adaptación cinematográfica de Ridley Scott no puede ser mayor. La novela me ha dejado con las manos llenas de grasa de avión, latas calientes de Sprite y el calor de un perro fiel: pequeños detalles que se convierten en el motor el día. No parece mucho, pero tampoco hay nada más, y eso, en realidad, significa que es todo lo que hay, que el mundo y tu vida se reduce a eso. Así que, si os interesa la ciencia ficción que habla del alma humana y no solo de explosiones, esta historia de Peter Heller es lectura obligada. Y, sin duda, la adaptación de Ridley Scott promete ser un estreno que ningún aficionado al género debería perderse.

Imagen original de portada: Kristina Delp.

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