Reconozcamos que por aquí no somos muy seguidores de realities como Gran Hermano o Supervivientes, formatos que han protagonizado buena parte de la parrilla de Telecinco durante más de 25 años. Pero también hay que admitir que han sido auténticos fenómenos televisivos. Han marcado la conversación pública, generado enormes audiencias y contribuido a definir una forma de hacer tele que ha influido en toda una generación. Esto pasó en España, y también sucedió en Estados Unidos, inspirando el desarrollo de una serie como Perdidos (Lost).
Para esta historia debemos remontarnos al 23 de agosto de 2000. Aquella noche, la CBS emitió el final de la primera temporada de Survivor y consiguió ganar la atención de 51,7 millones de espectadores, un dato más propio de una Super Bowl que ni en los mejores sueños de su productor, Mark Burnett, parecía posible: "Siempre creí que iba a generar un gran revuelo entre el público. Nadie podía haber previsto semejante éxito de audiencia. Pero sabía que la premisa, un grupo de personas aisladas en una isla obligadas a sobrevivir trabajando juntas mientras compiten entre sí por un premio de un millón de dólares, era extraordinaria".
"Podemos llamarlo Lost"
Con el éxito de Survivor y de las temporadas que siguieron, nos vamos al verano de 2003. Fue entonces cuando Lloyd Braun, por aquel entonces presidente de ABC, vio Náufrago (Cast Away), la película protagonizada por Tom Hanks, y una idea comenzó a rondarle la cabeza que no dudó en compartir en un retiro de ejecutivos de la cadena: crear un drama sobre los supervivientes de un accidente aéreo que pareciera completamente real, obligados a organizarse y construir su propia sociedad en una isla remota. Es decir, una serie que mezclara el instinto de sobrevivir y aislamiento del largometraje con la dinámica coral y las tensiones humanas que habían convertido a Survivor en un fenómeno. "Podemos llamarlo Lost", añadió Braun recordando que este era el nombre de otro reality similar.
Aquella propuesta provocó un gran escepticismo entre varios de los presentes en la reunión. Dudaban si no sería un intento burdo de hacer un Survivor con guion, o una versión moderna de La isla de Gilligan, y les preocupaba que una premisa tan limitada en apariencia diera para desarrollar historias semana a semana. Podría haber acabado esto aquí, pero Braun defendió la idea asegurando que la clave del éxito radicaría en un enfoque totalmente realista, lejano a la artificiosidad de los realities o a la comedia disparatada. Ahí supo convencerles y todo se puso en marcha, no sin antes solventar algún que otro desafío creativo (por ejemplo, J.J. Abrams y Damon Lindelof no fueron los primeros en trabajar en la propuesta).
Solo unos meses después, el 22 de septiembre de 2004, Lost (Perdidos) se estrenaría ante 18,5 millones de espectadores. El éxito fue inmediato y hoy es valorada, por The New York Times, como la mejor serie de ciencia ficción del siglo XXI (la 22ª de cualquier género). Sin embargo, su principal impulsor, Lloyd Braun, no llegó a disfrutar de aquel éxito: fue despedido antes del debut entre críticas internas por el elevado coste del capítulo piloto, que varios ejecutivos de Disney, entre ellos el todopoderoso Bob Iger, consideraban un gasto desmesurado. La historia acabaría demostrando que no podían estar más equivocados aquí.
Vía | Desperate Networks (Bill Carter, 2006)
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