Mi compañero Alberto Lloria afirma que "los coreanos son magos haciendo pelis de zombis". Y la verdad es que no puedo decir lo contrario, y a los hechos, cinematográficos, me remito. En cuanto uno empieza a repasar lo que ha hecho Corea del Sur en el género en la última década, cuesta no darle la razón casi por inercia crítica. Porque mientras Hollywood sigue debatiéndose entre el espectáculo y replicar "la fórmula de éxito", allí han conseguido convertir el caos de los infectados en un lenguaje propio. Y justo en ese contexto ha irrumpido el primer tráiler de Colony, la nueva película de Yeon Sang-ho, el director que ya firmó uno de los grandes hitos modernos del género con Train to Busan.
El tráiler de Colony no solo ha encendido las alarmas entre los fans del terror, sino que ha reactivado una conversación que parecía ya asentada: quién está contando mejor el apocalipsis zombi hoy en día. En un panorama saturado de infectados, supervivientes y mundos colapsados, la propuesta de Yeon Sang-ho vuelve a poner el foco en lo esencial. No es solo el monstruo, sino el sistema que lo permite, lo encubre o directamente lo fabrica. Y en ese sentido, el tráiler deja entrever una lectura más cercana al thriller biotecnológico que al simple cine de supervivencia. Una idea que conecta directamente con preocupaciones contemporáneas muy reconocibles.
De Haití a la crisis del presente
La figura del zombi ha funcionado siempre como un espejo incómodo de la sociedad que lo invoca. Desde sus raíces en el folclore haitiano, donde el "no muerto" simbolizaba la pérdida de autonomía bajo la esclavitud colonial, hasta su apropiación por la cultura de masas, el concepto ha mutado sin perder su carga simbólica. En la era de mi queridísimo George A. Romero, el zombi se convirtió en una herramienta crítica para hablar del racismo, el consumismo y la decadencia institucional. Sus criaturas lentas no eran solo amenaza física, sino una metáfora de sistemas que se descomponen desde dentro.
Con el cambio de siglo, el género dio un giro radical hacia los infectados rápidos y agresivos, popularizados por obras como 28 Días Después o el remake de Dawn of the Dead. Este cambio no fue casual: el miedo ya no era el colapso lento, sino la crisis económica, el contagio global y la fragilidad de las estructuras sociales tras el 11-S. En este contexto, el zombi deja de ser un cadáver que camina para convertirse en un síntoma de un mundo que ya no entiende sus propias reglas. Y ahí es donde el género empieza a fracturarse entre el espectáculo y la reflexión.
Corea del Sur ha construido una identidad propia dentro del género. El llamado "K-Zombie"
En ese vacío creativo occidental, Corea del Sur ha construido una identidad propia dentro del género. El llamado "K-Zombie" no es solo una variante estética, sino una forma de entender el colapso social desde dentro. Películas como Train to Busan o series como Kingdom han demostrado que el terror puede convivir con el melodrama, la crítica social y una puesta en escena visceral. No hay héroes invulnerables ni soluciones limpias, sino comunidades fracturadas intentando sobrevivir en sistemas fallidos. Este enfoque conecta directamente con fenómenos culturales como "Hell Joseon", una expresión que refleja la percepción de desigualdad y presión social en la Corea contemporánea. En ese contexto, el zombi no es solo una amenaza externa, sino una consecuencia del propio sistema. Por eso, cuando Yeon Sang-ho regresa con Colony, no lo hace desde la nostalgia del éxito del género de terror, sino desde la consolidación de una mirada crítica renovada y muy actual.
Imagen de Guerra Munsial Z
El enjambre zombi: entre la sociología y el espectáculo
En mi artículo publicado en 3DJuegos sobre Guerra Mundial Z ya señalaba una de las grandes tensiones del género zombi contemporáneo: la distancia entre la novela de Max Brooks y su adaptación cinematográfica. Mientras el libro construye un relato coral y geopolítico sobre el colapso global, donde el verdadero horror nace de las decisiones humanas, la película protagonizada por Brad Pitt se inclina hacia un enfoque individual y de thriller de acción. En ese proceso, incluso la célebre “dinámica de enjambre” de los zombis se transforma en un recurso espectacular, más visual que reflexivo.
Yeon Sang-ho parece llevar al extremo esa idea de encierro institucional, donde el verdadero horror no es la criatura
Este concepto de enjambre sigue siendo fundamental hoy: representa la pérdida de individualidad y el colapso de lo social debido al gregarismo y la falta de individualidad, aunque muchas veces se utilice como pura exhibición de caos. En contraste, propuestas como el cine coreano o Colony parecen recuperar esa idea de fondo, donde el verdadero desastre no es la horda en sí, sino el sistema que la genera o la permite. En el ámbito interactivo, esta evolución del apocalipsis zombi también ha encontrado nuevas formas de expresión. The Last of Us reinterpreta el género desde la intimidad emocional y la infección fúngica del Cordyceps, mientras que Days Gone lleva más lejos la idea de enjambre con hordas dinámicas que reaccionan al entorno como un organismo colectivo. Estos “enjambres” ya no son simples masas enemigas, sino sistemas vivos en movimiento. Esa concepción conecta directamente con las tendencias actuales del género y anticipa lo que Colony parece explorar: una amenaza que no solo invade desde fuera, sino que se integra y evoluciona dentro del propio sistema que la contiene.
Imagen de Train to Busan
El futuro del zombi: entre la biotecnología y el colapso social
Si algo me deja claro el tráiler de Colony es que el género zombi ya no habla solo de muertos vivientes. Habla de laboratorios, corporaciones, decisiones éticas imposibles y sistemas que priorizan la contención sobre la vida humana. Yeon Sang-ho parece llevar al extremo esa idea de encierro institucional, donde el verdadero horror no es la criatura, sino la arquitectura que decide quién vive y quién no.
En ese sentido, el cine surcoreano vuelve a marcar el ritmo del género con una claridad difícil de ignorar. Frente a las resoluciones limpias del Hollywood o la acción individualizada del héroe clásico, propuestas como Colony apuestan por el caos estructural y la ambigüedad moral. Y quizá ahí esté la clave de todo: el zombi ya no es un monstruo externo, sino una consecuencia inevitable de nuestras propias decisiones. Por cierto, puedes ver Train to Busan hoy mismo en Filmin.
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