Si paras Las Dos Torres en el minuto 23:02 puedes ver el detalle más siniestro de los orcos de El Señor de los Anillos

Si paras Las Dos Torres en el minuto 23:02 puedes ver el detalle más siniestro de los orcos de El Señor de los Anillos

Que los orcos se coman entre ellos es grotesco, pero lo que hizo Grima Lengua de Serpiente en la Comarca es incluso peor

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Senor De Los Anillos Orcos Canibales
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Chema Mansilla

Editor - Cine y TV

Uno no puede ser un orco respetable y andar por ahí recorriendo la Tierra Media haciendo maldades, saqueando aldeas, persiguiendo hobbits y aterrorizando a todo ser viviente para luego volver al campamento y cenar tranquilamente un vaso de leche con lenvas o una cuajada. No funciona así en el mundo de El Señor de los Anillos. Los orcos son criaturas nacidas de la corrupción y la violencia, y su forma de vivir refleja perfectamente esa naturaleza brutal. Entre sus hábitos más desagradables hay uno que muchos espectadores han visto en las películas sin detenerse demasiado a pensarlo. Sí, los orcos pueden comerse entre ellos, y en algunos momentos incluso parece algo relativamente normal dentro del caos de sus ejércitos.

Si quieres comprobarlo por ti mismo, basta con volver a ver El Señor de los Anillos: Las Dos Torres y detener la película alrededor del minuto 23. En esa escena, los uruk-hai de Isengard discuten con los orcos de Mordor sobre quién debe llevarse a los hobbits capturados. La discusión se calienta rápidamente y uno de los uruks abre el vientre de un orco rival sacando todo lo que siempre debe de estar por dentro y desparramándolo por el suelo como si fuera una piñata. Después llega la frase que muchos fans recuerdan con una mezcla de humor negro y horror: "Parece que la carne ha vuelto al menú". La escena dura apenas unos segundos, pero esconde una idea mucho más profunda que J. R. R. Tolkien dejó bastante clara en sus libros.

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El problema del origen de los orcos

Para entender por qué los orcos pueden acabar devorándose entre ellos hay que empezar por una cuestión que el propio Tolkien revisó durante años: su origen. En la cosmología de la Tierra Media existe una regla fundamental que condiciona todo el funcionamiento del mal. El mal no puede crear vida auténtica, solo puede corromper lo que ya existe. Esa es precisamente la filosofía que define a Melkor, el primer gran enemigo del legendarium, conocido más tarde como Morgoth.

Tolkien sugirió en varios textos que los primeros orcos pudieron surgir a partir de elfos capturados y torturados hasta quedar completamente deformados en cuerpo y mente

Esto significa que los orcos no fueron creados de la nada como si fueran monstruos fabricados en serie. En algún momento debieron de ser otra cosa. Tolkien sugirió en varios textos que los primeros orcos pudieron surgir a partir de elfos capturados y torturados hasta quedar completamente deformados en cuerpo y mente, una idea que se da por válida en las películas de Peter Jackson. Esa idea tiene implicaciones muy incómodas, porque convierte a los orcos en versiones corrompidas de seres racionales con alma. Si aceptamos esa premisa, el acto de comer a otro ser inteligente deja de ser simplemente depredación. Se acerca mucho más al concepto de canibalismo, incluso cuando la víctima pertenece a otra raza. Además, Tolkien describe a los orcos como criaturas siempre hambrientas, incapaces de saciarse del todo. Ese apetito constante no es solo biológico, también representa su vacío moral y espiritual.

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La dieta de los ejércitos de Sauron y Saruman dista mucho de lo que podríamos considerar civilizada. En los textos de Tolkien se menciona varias veces que los orcos comen carne de caballo, pan duro y cualquier animal que encuentren durante una campaña militar. Para ellos, las razas libres de la Tierra Media no son personas con derechos o dignidad. Son recursos, carne disponible para mantener en marcha la maquinaria de guerra. Por eso la captura de Merry y Pippin resulta tan inquietante durante su marcha forzada hacia Isengard. Los orcos hablan varias veces de comérselos, y el tono de esas conversaciones deja claro que no se trata de una simple amenaza para asustarlos. En la mentalidad orca, los enemigos son presas potenciales. La guerra no solo sirve para conquistar territorios, también garantiza el suministro de carne para las tropas.

En ese contexto, la dieta de los orcos es sorprendentemente variada, al menos si hablamos de proteínas. Lo mismo pueden terminar asando un caballo robado en el camino que un prisionero humano capturado en el campo de batalla. Incluso, en determinadas circunstancias, pueden terminar comiéndose a otro orco que haya tenido la mala suerte de quedar herido tras una pelea. No es una práctica que celebren abiertamente, pero tampoco es algo imposible dentro de su sociedad.

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El extraño tabú de la "carne de orco"

Lo curioso es que, pese a su brutalidad, los orcos no hablan con orgullo de esa posibilidad. En realidad, la idea de comer carne de orco aparece en los libros más como un insulto que como una costumbre aceptada. Durante el capítulo "Los Uruk-hai" de Las Dos Torres, el orco de Mordor Grishnákh acusa a los soldados de Isengard de alimentarse de carne de orco. La reacción de los uruk-hai es inmediata y violenta, porque consideran esa acusación profundamente ofensiva. Ese detalle revela algo interesante sobre la cultura orca. Incluso en una sociedad dominada por la violencia existe una especie de jerarquía moral, por muy distorsionada que resulte desde nuestra perspectiva. Comer a un enemigo puede considerarse normal dentro de la lógica de la guerra, pero devorar a uno de los tuyos es algo degradante. La paradoja es evidente: los orcos son capaces de cometer atrocidades sin pestañear, pero al mismo tiempo mantienen ciertos tabúes que les permiten sentirse superiores a otras tribus.

Tolkien sugirió en varios textos que los primeros orcos pudieron surgir a partir de elfos capturados y torturados hasta quedar completamente deformados en cuerpo y mente

Ese tipo de contradicciones encajan perfectamente con la visión del mal que tenía Tolkien. Las criaturas corruptas no dejan de tener fragmentos deformados de una moral original. Saben que algo está mal, aunque eso no les impida hacerlo cuando la situación se vuelve lo suficientemente brutal. Ese tabú se rompe con relativa facilidad cuando las luchas internas entran en juego. Uno de los ejemplos más claros aparece en la fortaleza de Cirith Ungol, en El Retorno del Rey. Allí estalla una pelea entre las compañías de orcos que custodian la torre tras descubrir la cota de mithril que Frodo llevaba oculta. La disputa termina en una batalla interna brutal entre soldados que deberían estar en el mismo bando. En medio del caos, el capitán Shagrat amenaza a uno de sus subordinados con acabar "en la olla" si sigue causando problemas. El tono del pasaje deja bastante claro que no se trata de una metáfora ni de una simple expresión intimidatoria. En Mordor, un soldado rebelde puede terminar convertido en comida sin demasiados remordimientos. La guerra constante ha reducido el valor de la vida a algo puramente utilitario. Ese tipo de escenas son de las que a alguien como Peter Jackson, que tiene su origen en el cine de serie B, no puede resistirse. No es un añadido absurdo ni una exageración gratuita para generar impacto. En realidad, encaja bastante bien con la brutalidad cotidiana que Tolkien describe en sus textos.

Grima Lengua De Serpiente

Cuando un humano cae tan bajo como los orcos

Curiosamente, uno de los momentos más oscuros relacionados con la antropofagia en la obra de Tolkien no involucra a un orco, sino a un hombre. En el capítulo del "Saneamiento de la Comarca" de El Retorno del Rey, Saruman revela el destino de Lotho Sacovilla-Bolsón, el hobbit que había tomado el control de la Comarca bajo su influencia. Según sus palabras, su propio sirviente Gríma Lengua de Serpiente lo mató mientras dormía. Después deja caer una insinuación mucho más inquietante sobre lo que ocurrió con el cadáver. La respuesta desesperada de Gríma sugiere que el hambre lo llevó a cometer algo aún peor que el asesinato. Ñam. En ese momento Tolkien utiliza la posibilidad del canibalismo como símbolo de degradación absoluta. A diferencia de los orcos, que nacen dentro de un sistema de corrupción heredado, Gríma era un hombre libre que eligió su camino paso a paso. Su caída hasta ese punto representa la pérdida total de su humanidad.

El canibalismo y la antropofagia han sido uno de los grandes tabúes culturales de la humanidad y, precisamente por eso, han aparecido una y otra vez en mitos y leyendas

El canibalismo y la antropofagia han sido uno de los grandes tabúes culturales de la humanidad y, precisamente por eso, han aparecido una y otra vez en mitos y leyendas, literatura y cine como símbolo de degradación moral o de ruptura absoluta con la civilización. En la mitología griega, por ejemplo, el rey Licaón intentó engañar a Zeus sirviéndole carne humana, un sacrilegio que terminó con el dios transformándolo en lobo como castigo. De ahí los licántropos. Desde entonces, la idea del hombre que devora a otro ser humano ha funcionado como una metáfora de la pérdida total de humanidad, algo que aparece en cuentos como Hansel y Gretel, en el horror civilizado de Hannibal Lecter o en el salvajismo extremo del cine exploitation con películas como Holocausto Caníbal. En todos esos casos, comer carne humana no es solo un acto físico, sino una señal narrativa de que el personaje ha cruzado una frontera moral de la que no se vuelve. En ese sentido, la forma en que J. R. R. Tolkien retrata la dieta de los orcos en El Señor de los Anillos encaja perfectamente dentro de esa tradición cultural: su tendencia a devorar enemigos, o incluso congéneres, funciona como una manera muy clara de mostrar hasta qué punto han sido corrompidos por el mal.

La relación entre el mal y el hambre aparece constantemente en el legendarium. Criaturas como Ella-Laraña o la antigua Ungoliant representan ese apetito devorador que nunca se sacia del todo. Son seres que consumen todo lo que encuentran porque intentan llenar un vacío imposible de satisfacer. Su naturaleza está definida por la posesión y la destrucción. Los orcos heredan parte de esa lógica. Su sociedad no produce belleza ni cultura duradera, porque está diseñada únicamente para servir a la guerra. No cultivan campos, no crean arte y no construyen ciudades pensadas para perdurar durante generaciones. Solo saquean, destruyen y consumen lo que otros han creado. Por eso su dieta funciona casi como un reflejo de su propia alma. Siempre es comida robada, carne obtenida mediante violencia o recursos arrebatados a otros pueblos. Dentro de ese menú grotesco cabe prácticamente cualquier cosa que proporcione sustento a un ejército en marcha. Y sí, eso incluye desde caballos hasta hobbits capturados, o incluso ese orco que ha tenido la mala suerte de discutir con el capitán cuando la despensa del campamento empieza a quedarse vacía.

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