Análisis : GTA: Vice City Stories| 22 de marzo de 2007 / Por Jon A. Otaola | Página 1 de 3 |
| El rey de los bajos fondos regresa a la ciudad del pecado con ansias de poder. |
PlayStation 2 vuelve a acoger entre sus brazos una nueva entrega del genial Grand Theft Auto gracias a esta fiel reconversión de GTA: Vice City Stories que saliera hace poco más de un mes para la portátil de Sony. Una saga que podemos considerar ya como mítica y en donde volveremos a ejercer nuestras dotes como “capo”, desde los inicios mas humildes hasta alcanzar impresionantes cotas de poder, todo ello dentro del marco de la ya conocida ciudad de Vice City. |
Antes de nada comentar que los GTA siempre se han caracterizado por utilizar un lenguaje muy explicito y ofensivo, donde nos encontraremos continuamente con situaciones sórdidas, violentas y de “dudosa” moralidad, que evidentemente lo convierten en un videojuego no apto para menores de edad, y que no resulta precisamente del gusto de ciertos sectores sociales ni en general de personas con mentes llamémoslas sensibles.
Un cesto lleno de manzanas podridas
Son los años 80, y aquí estamos de nuevo en las calles de Vice City, paraíso (no sólo por el clima y sus maravillosas playas) de narcotraficantes, extorsionistas, proxenetas y en definitiva, de los tipos de la peor calaña que podamos imaginar. En esta ocasión, encarnamos a Victor Vance, Vic para los amigos. Un chico negro con sangre puertorriqueña que llega a la ciudad en calidad de soldado raso. Llega con la sana intención de convertirse en un hombre hecho y derecho que pretende hacer carrera en el ejército, y de esta forma ayudar a su familia que pasa por serias dificultades económicas. Lo que ignora nuestro amigo Vic es que, crecer recto en Vice City no es tarea fácil, una ciudad donde la corrupción campa prácticamente a sus anchas, controlada por bandas que actúan al margen de la ley, y mafiosos de toda índole que forjan su imperio a base de toda clase de “negocios” ilegales.
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Un nuevo vehículo se incorpora durante los años 80 a esta inmensa ciudad de neón, repleta de motos, coches, camionetas, lanchas, aviones y helicópteros; las motos de agua.
Un claro ejemplo de lo que digo lo encontramos, en nuestro inmediato superior, el Sargento Jerry Martínez, un tipejo que entre otras cosas, además de servir a la bandera estadounidense, ejerce sin ningún tipo de pudor de cocainómano, narcotraficante y que tiene como hobbies dejar a deber servicios a prostitutas y visionar videos pornográficos de zoofilia… es sin duda todo un ejemplo para su país.
Jerry logrará camelarnos mediante el dinero fácil y conseguirá que trabajemos para él realizando inicialmente chanchullos de poca monta. Conoceremos a nuevos personajes que nos irán introduciendo en el mundillo a base de realizar para ellos trabajos y favores. Todos estos personajes están representados mediante grandes estereotipos, resultan divertidísimos siempre rozando el histrionismo y lo grotesco; son la savia fundamental donde se sustenta una brillante historia que está repleta del humor negro mas pasado de rosca.


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