Hace 91 años era extraño que la prensa internacional hablase de Zaragoza. Hasta que llegó Pascuala

Hace 91 años era extraño que la prensa internacional hablase de Zaragoza. Hasta que llegó Pascuala

  • Fue el primer Expediente X del que se tiene constancia en España

  • Terminó siendo un caso tan fascinante como su explicación

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Pascuala
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Rubén Márquez

Editor - Trivia
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Rubén Márquez

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59 años antes de que la serie Expediente X popularizase la búsqueda de misterios y la proliferación de historias para no dormir, el diario The Times de Londres publicaba entre sus páginas un caso que cautivó al mundo. A diferencia de como suele ocurrir, con ciudades como la capital londinense o Nueva York acaparando la atención de la prensa internacional, el protagonista era algo que nos tocaba mucho más de cerca, un edificio situado en Zaragoza, en el número 2 de la calle Gascón de Gotor.

Acaparando todas las miradas estaba Pascuala Alcocer, la criada de una de las familias que residían en el edificio. Con su peculiar historia no sólo había conseguido llamar la atención de la prensa local y la de países vecinos, también había convertido al edificio en la principal atracción de una ciudad que día tras día se arremolinaba en la calle para comprobar si lo que contaba la muchacha era cierto. Era el primer Expediente X que se producía en España. O al menos el primero del que se tienen registros históricos.

El Duende de Zaragoza

Contaban los periódicos de la época que, durante la madrugada del 27 de septiembre de 1934, los vecinos del edificio se despertaron completamente sobresaltados. Los había despertado una risa maléfica que los dejó helados y, tras recobrar la compostura, se pusieron a rastrear el conjunto de viviendas para descubrir quién había sido el desalmado que les había provocado tal susto en mitad de la noche.

No consiguieron dar con la fuente de la carcajada, así que las semanas posteriores fueron más que suficientes para olvidarse de ello hasta que, el 20 de noviembre siguiente, Pascuala Alcocer empezó a escucharla de nuevo a través del hornillo donde estaba preparando el desayuno. Como era muy temprano, acudió a una vecina para pedirle ayuda, quien al acercarse al hornillo y escuchar la voz, espetó un grito que terminó de despertar al resto del edificio.

Aunque la adinerada familia evitó que se corriese la voz para evitar que los tacharan de locos, todo el edificio terminó siendo testigo del fenómeno, a menudo escuchando el nombre de todos los presentes mientras se acercaban en grupo a curiosear. No pasó mucho tiempo hasta que, temiendo por su seguridad y con miedo a que alguien les estuviese espiando a través de los conductos de ventilación del edificio, acudieron a la policía.

Por allí pasaron agentes de policía, médicos, arquitectos y hasta la guardia de asalto de la ciudad de Zaragoza, y mientras todos vivían una situación similar, las autoridades decidieron desalojar el edificio y, frente a la imposibilidad de encontrarle sentido a lo que habían vivido allí, finalmente terminaron echando abajo la vivienda.

Lo que allí descansa ahora es el Edificio Duende, llamado así en honor al suceso que Pascuala y gran parte de la ciudad vivió en sus propias carnes. Aunque su resolución es menos conocida que el caso que lo originó, como todo buen Expediente X, este también tenía una explicación.

Una explicación completamente lógica

Frente a la idea del duende escondido entre los cimientos del edificio, que utilizaba expresiones mañas mientras insultaba y amenazaba a los que acudían a estudiar el lugar, la primera resolución que se barajó fue la de un fraude destinado a llamar la atención. Pascuala Alcocer, que casualmente dormía en la habitación contigua al hornillo y su campana de humo, era la que estaba provocando la misteriosa voz.

Sin embargo, Pascuala había estado en presencia de las voces acompañada de otras personas y nadie se había percatado del engaño, así que llevando más allá la investigación, las autoridades cerraron el misterio explicando el asunto. Tal y como recogía la versión oficial, se trataba de un caso de ventriloquía inconsciente. La voz la emitía la muchacha, pero no de forma controlada.

Aunque la psicología y medicina posterior no han optado por mantener el término, sí se han estudiado trastornos psicógenos de la voz en los que, por episodios de ansiedad o estrés, el paciente no controla el suceso y puede llegar a reproducir sonidos sin ser plenamente consciente de cómo se produce la voz o que su origen es propio. Además, en el caso de mujeres el timbre ventricular puede sonar más grave y masculino, lo que dificulta aún más establecer una relación.

Ante la duda de cómo es posible que el resto de personas que acudían hasta el lugar para vivir de primera mano no reconociese de dónde venía el sonido, la clave está en un error en la localización del sonido motivado por la acústica del lugar y los citados tubos que recorrían la cocina.

Estudios modernos sobre la ventriloquía destacan cómo señales sociales como la mirada, con la gente mirando atentamente hacia el hornillo, pueden invitar a pensar que la voz viene de donde estás focalizando la vista. La ventriloquía inconsciente es una explicación menos épica que la de un duende sembrando el caos en Zaragoza, pero una a la que la ciencia y la psicología le han dado todo el sentido.

Imagen | Gran Archivo Zaragoza Antigua

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