Construida en los años 20 en Rottingdean, una aldea de costa a 93 kilómetros al sur de Londres, se encuentra la mansión Tudor Close. Si nunca has oído hablar de ella, es completamente normal, tras convertirse en un hotel en los años 30, volvió a transformarse en vivienda privada en los 50 imposibilitándose su visita. Pese a ello, es muy probable que hayas caminado por sus salas decenas de veces, aunque no sea de forma literal.
La clave está en el juego de mesa Cluedo o, como se llamó en sus primeras ediciones, Murder at Tudor Close. Inspirándose en la mansión de estilo Tudor, Anthony y Elva Pratt, marido y mujer, utilizaron las estancias y la estética de aquella preciosa mansión para dar forma al juego de mesa que hoy en día todos conocemos. El cómo llegaron hasta ella y cómo se forjó el juego, sin embargo, es aún más interesante.
La mansión en la que se inspiró Cluedo
Anthony Pratt era un músico ambulante que actuaba como pianista en los hoteles de lujo de Europa en periodo de entreguerras. Las fiestas a las que asistía, donde el lujo era despampanante y los ricachones andaban ansiosos de experiencias fuertes que mitigasen el recuerdo de la Gran Guerra y la Gran Depresión que se cebó con buena parte del mundo, pronto viraron hacia actividades cada vez más retorcidas.
Entre ellas estaban los juegos de rol en los que se simulaba la muerte de uno de los integrantes del hotel y el resto de los visitantes debía de resolver el misterio. Participando en esas mismas recreaciones como animadores, el matrimonio Pratt pronto vio que aquello podía ser un rentable negocio, pero la llegada de la Segunda Guerra Mundial los empujó a volver a las fábricas.
Con la intención de entretenerse durante los apagones nocturnos y evadirse del caos que ocurría más allá de sus paredes, los Pratt inventaron un juego de mesa con el que pasar el tiempo basándose en aquellos juegos de rol. Tras patentar la idea en 1944, el marido vendió la idea por 5.000 libras. Puede parecer poco, pero eran el equivalente a unos 300.000 euros actuales que, muy probablemente, les supieron a gloria.
Sobra decir que, por supuesto, el éxito de Cluedo terminó reportando muchísimo más dinero del que los Pratt no vieron ni un céntimo. Hoy, ya no queda casi nada de la sala de baile, el bar y los pasadizos secretos que dieron forma al escenario del juego y convirtieron a Tudor Close en el local de moda de aquella época, pero sí hay una placa conmemorativa que recuerda dónde nació todo.
Imagen | Brand Vaughan
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