A la Generación Z no le importa lo que está haciendo Sydney Sweeney en Euphoria. Saben cuando una serie es marketing identitario disfrazado

El mejor baremo para saber si hay elementos forzados en una obra es la audiencia perteneciente a esta generación

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Alberto Moral

Editor - Guías
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Alberto Moral

Editor - Guías

La Generación Z no está libre de paradojas que son algo complicadas o incómodas de estudiar, pero hay una curiosidad de ellos mismos que no tienen vergüenza alguna -en el buen sentido de la palabra- en demostrar: son la generación con mayor diversidad sexual, pese a ser también la más recatada (sus integrantes van menos "salidos" que sus predecesores). 

Y esa forma de relacionarse entre ellos y con el resto de la sociedad no es algo que se debe a una anomalía en su comportamiento. Es algo en realidad más "sano" y que los pone como un ejemplo válido acerca de cómo integrar ese aspecto en la vida cotidiana, además sin rechazar ni idolatrar ninguna orientación. Lo sorprendente no es que sea algo que les han enseñado; lo han aprendido ellos, y con herramientas tan comunes como Instagram, TikTok, o YouTube. Y ojo, que no es que no tengan criterio, al contrario, lo demuestran más que otros: son la generación que mejor sabe identificar un discurso impuesto o si una tendencia es marketing identitario.

Un mapa de aceptación y educación sexual hecho con la cultura pop

Un estudio publicado Frontiers in Sociology en 2024, demuestra que la Generación Z se ha formado en el terreno de la sexualidad con las redes sociales. Esto, que a primera vista suena alarmante, es en realidad una muestra de cómo los jóvenes de esta generación llenan huecos que son algo incómodos de completar mediante el consumo de los mass media, y la absorción de conceptos que pocos componentes o ninguno de anteriores generaciones se atrevían a expresar; ellos consiguen hacerlo con naturalidad: asexualidad, demisexualidad, panromanticismo, anarquía relacional, 'aeroaces' (arrománticos asexuales: sin atracción sexual ni romántica hacia nadie)... 

El resultado es una generación que, según datos de Gallup recogidos en un estudio PMC de 2025, presenta un 19'7% de individuos que se identifican como queer o trans, frente a porcentajes muy inferiores en todas las generaciones anteriores. No porque haya “más” personas LGTBQ+ en términos absolutos, sino porque hay menos coste social en reconocerlo y nombrarlo, y más herramientas lingüísticas para hacerlo. Pero miremos lo que ocurre cuando desde los grandes estudios de Hollywood o las mega productoras de contenidos streaming intentan capitalizar las diversas orientaciones de estos jóvenes. 

La polarización que han suscitado ciertos discursos en muchas producciones audiovisuales no ha pasado desapercibida para nadie. Series como Velma de HBO Max, o The Acolyte, de Disney Plus, estaban específicamente orientadas a "hablar" el mismo idioma que la Generación Z. Los resultados, siendo amables y en el mejor de los casos, fueron mixtos. Empezando por el "reboot" de la serie de Hanna Barbera, Velma fue recibida con hostilidad generalizada por su humor fácil y la inclusión forzada de sexualidades distintas a personajes que ya están establecidos en el imaginario colectivo. 

Por su parte, The Acolyte, aunque tuviese el pedigrí de ser una serie de Star Wars con un titan de la industria como Disney detrás de ella, fue cancelada tras su primera temporada , según algunos sectores, por intentar imprimir un mensaje que no era el clásico de la franquicia. No es que lo exhibiera con tanto descaro como el caso de Velma, pero ya fuese por las acciones de sus protagonistas o las declaraciones de Leslye Headland (su showrunner) y la principal actriz protagonista de la serie (Amanda Stenberg), pues también hizo que fuera rechazada paulatinamente; incluida la Generación Z (y era un producto para ellos); pero siendo honestos, en su caso fue especialmente por mala ejecución de su narrativa.

Un caso que tuvo algo más de éxito, pero porque partió de la premisa contraria (sexualidad mainstream) fueron las dos primeras temporadas de Euphoria, con una de las actrices más deseadas al frente, Sydney Sweeney. Sin embargo, en su tercera temporada también ha generado cierto rechazo por una imposición narrativa: Cassie Howard -papel que interpreta Sweeney-, como creadora de contenido en OnlyFans. Es otro discurso, orientado a la audiencia más mainstream y tradicional, pero que por "cosificarla" o instrumentalizarla también ha generado rechazo.

El dinero no compra autenticidad, y la Gen Z lo sabe

En 2024, entra en escena El Hotel de las Viejas Glorias (Hazbin Hotel), creado por Viviénne Medrano como una mini serie de animación para YouTube financiada mediante Patreon, esta serie tuvo el mayor debut mundial de una serie animada en Amazon Prime Video después de ganar en popularidad por las redes sociales gracias al estilo desenfadado de la animación y cómo dibuja el infierno de de forma tan natural y sexualmente diversa, igual que la Gen Z hace con la realidad. 

En pocas palabras, no busca forzar una inclusión o una representación, refleja algo que no responde a ninguna tendencia o estudio de Marketing. La propia Medrano describe esta obra (y su spin off más gamberro y humorístico, Helluva Boss) con algo para "una audiencia joven y queer, gente que se siente marginada, que se siente diferente o que sólo quería ver una serie arriesgada". Lo curioso es que la serie tuvo gran éxito entre todos los espectros de público, incluido el heterosexual, demostrando que cuando la diversidad no se impone sino que simplemente existe, deja de ser un elemento divisivo para convertirse en lo que siempre debió ser: un rasgo más de los personajes.

Volviendo a la Generación Z, fue la primera en darse cuenta de esta característica de una serie que empezó muy modestamente frente a otras que cuentan con presupuestos millonarios tanto para su concepción como su ejecución. Lo cual demuestra que se han educado a sí mismos en materia de identidad sin ninguna planificación ni discurso. 

Y mientras este sea honesto, no forzado, y trate todas las orientaciones sin ningún tipo de rasero impuestos por estudios de marketing, serán los primeros en detectarlo y a quienes deberíamos hacer caso para saber dónde está lo divertido y la autentico. En el fondo la Generación Z -y por extensión cualquier persona con la mente abierta- no necesitaba que nadie les normalice nada. Solo necesitan verse reflejados.

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