Creíamos que la procrastinación con el móvil era un problema de gestión del tiempo, pero la neurociencia ha demostrado que es instinto de supervivencia

  • La neurociencia dice haber encontrado el freno de mano de la motivación

  • El problema es que seguimos confundiendo productividad con supervivencia

Procras
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Rubén Márquez

Editor - Trivia
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Rubén Márquez

Editor - Trivia

Es que no te organizas bien. Si tuvieras más fuerza de voluntad, no te pasaría eso. Lo que te pasa es que te sobra tiempo. He perdido la cuenta de las explicaciones que he escuchado sobre la procrastinación, ese finísimo y criticado arte de tocarte las narices cuando deberías estar haciendo algo importante que va generando cada vez más tensión y estrés en tu cabeza. Pero la mejor excusa estaba por llegar. 

Lo que dice la neurociencia es que, en esa obsesión por retrasar tareas importantes mientras perdemos nuestro valioso tiempo por el camino, lo que se esconde no es un problema de planificación o disciplina, sino una cuestión de supervivencia que venimos arrastrando desde hace eones. Vamos, que le eches la culpa a nuestros ancestros de esa miradita rápida a Instagram que se ha llevado por delante 30 minutos de tu horario laboral. 

No lo llames procrastinación, llámalo supervivencia

Pese a que la relación entre procrastinación y supervivencia no es nueva -viene a decir que vemos esas tareas como un peligro y por eso intentamos huir de ellas de forma inconsciente como si fueran un león de la época de las cavernas- un nuevo estudio publicado en Current Biology por un equipo de la Universidad de Kioto ha vuelto a ponerla sobre la mesa con otra investigación adicional. 

Valiéndose de dos monos a los que se les pedían dos tareas distintas han intentado descifrar en qué punto empieza la evaluación del riesgo y en cuál se activa la motivación. En la primera tarea se les recompensaba con agua, mientras que en la otra recibían la misma recompensa y un soplo de aire en la cara.  

Ante la tarea que incluía un castigo como parte de la recompensa, los primates dudaban cada vez más antes de iniciarla. Es ahí cuando los investigadores modificaron la conexión entre la parte del cerebro que evalúa la motivación y la que motiva la acción. 

"Cuando nos enfrentamos a tareas asociadas a incomodidad o a la posibilidad de fracaso, este circuito se activa e inhibe la acción, como si fuera un mecanismo de protección emocional llevado al extremo". Al no activarse ese freno de mano motivacional que generaba la duda, los monos se ponían manos a la obra sin pestañear y, además, siendo plenamente conscientes del castigo que se acercaba. 

Visto así, si tiendes a procrastinar más es que tu circuito encargado de la motivación funciona a las mil maravillas, y si eres de los que presumes de disciplina y fuerza de voluntad, pues tal vez lo tengas más atrofiado. El problema, en cualquier caso, no está en cómo te enfrentes a la procrastinación en términos de productividad, sino que nuestro cerebro no sepa diferenciar un león de las cavernas de una hoja de Excel. 

Imagen | Signatur en Midjourney

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