El mundo de la tecnología parece correr más rápido de lo que ciertas empresas llegan a pensar si algo es o no una buena idea. Para muestra un botón, el cómo Google se agarró a la IA con un experimento de Google Earth que tardó apenas 24 horas en frenarse por completo. Las dos décadas de aplausos hacia la herramienta no sirvieron de nada para que la gente entrase en cólera.
La idea de Google, estrenada el pasado 30 de julio, pasaba por integrar en Google Earth una herramienta con la que modificar imágenes satelitales mediante instrucciones de texto. La intención, tan noble como inocente, pasaba por poder visualizar cómo quedarían a vista de águila proyectos urbanísticos o reconstrucciones históricas. El problema era que las imágenes generadas por la comunidad no eran ni nobles ni inocentes.
Transformar cualquier imagen de satélite con Nano Banana
Una central nuclear en Irán, un cráter en un hospital de Gaza, un campo de refugiados junto a la frontera de México… Imágenes satelitales que buscaban aprovechar la herramienta para generar fake news y que, por las herramientas de Google Earth, podían llegar a permitir atar esas fotografías falsas a coordenadas auténticas.
Facilitando con ello la credibilidad de una información a todas luces falsa, en Google se cubrieron las espaldas diciendo que, bueno, que todas las creaciones llevan una marca de agua digital, que no modifican los mapas a los que tiene acceso la gente… Pero lo cierto es que, fuera de ese contexto, podían pasar como imágenes satelitales oficiales.
Siendo estas últimas una de las formas de contrastar información falsa más comunes, especialmente en zonas de conflicto donde el acceso de periodistas y la censura de información hacen más complicada esa tarea, añadir una herramienta capaz de poner en duda ese método es tan controvertido como poco acertado. Por su parte, Google ha asegurado que reforzará los controles de imágenes creadas antes de volver a poner la herramienta a disposición del público, pero no ha confirmado cuándo lo hará.
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