Ya sea por dichos de cultura popular -como el eslogan de la película de Alien: El octavo pasajero, con aquello de en el espacio nadie puede oír tus gritos- o por el hecho de que al no haber atmosfera que lleve las vibraciones, sí que parece irrefutable que no existe forma alguna de que un sonido pueda viajar o llegar hasta nosotros. Y no, las emisiones de radio no cuentan porque eso son hondas electromagnéticas, hablamos de sonidos generados (como todos) por vibraciones.
Pero ojo, que aunque es una norma general aceptada como verdadera, tiene un punto de falsedad como ley universal. Todo porque el espacio no está en realidad vacío, hay gases y radiaciones que permiten viajar y transportar parte de algunas de vibraciones fuera de su punto de origen. La NASA descubrió hace poco, relativamente, dos fenómenos que son capaces de transportar un tipo de sonido, y lo mas curioso es que tienen sonidos identificables. Son las "sonificaciones" de dos agujeros negros: uno supermasivo en la galaxia M87, y otro en el núcleo de la galaxia NGC 1275, en el Cúmulo de Perseo, a 250 millones de años luz.
¿Qué suena de un agujero negro y cómo lo hace?
El mito de que en el espacio no se oye "nada" comenzó a desmontarse en 2003, cuando un equipo liderado por Andrew Fabian, del Instituto de Astronomía de Cambridge, detectó con el observatorio de rayos X Chandra ondas de presión reales propagándose por el gas caliente del cúmulo de Perseo, generadas por los ciclos de actividad del agujero negro central. Si bien un agujero negro es el objeto más pesado del que se tiene conocimiento, lo que no hace es anular lo que hay a su alrededor, en este caso, chorros de plasma que inflan burbujas gigantescas en el gas circundante. Ese gas transmite un tipo de hondas de presión que pueden ser captados por receptores y traducidos a sonido.
Este fenómeno también es observable en otros cuerpos celestes. Ya en 1996, cuando la sonda Galileo paso cerca de Ganímedes -una de las lunas de Júpiter- se captaron y transmitieron emisiones electromagnéticas cuya frecuencia puede ser trasladada al rango audible para ser interpretadas por el oído humano. Pero la verdadera curiosidad de la sonificación como se está llamando a esta capacidad de interpretar audiblemente fenómenos estelares es que siguen patrones que, para muchos, pueden ser música.
Desde 2003, esas ondas se han estado detectando y asombrosamente equivalen a una nota musical, un si bemol, situada 57 octavas por debajo del do central: la nota más grave jamás detectada en un objeto del universo. Lo que ocurre es que al estar por debajo del umbral de la percepción humana -incluso cuando queda registrado en algún ingenio que pueda convertirla en una honda de audio- no se interpretaba como tal. No fue hasta 2022 que no se inventó un sonido nuevo a partir de esos datos: primera vez, esas ondas reales se extrajeron y se reescalaron entre 57 y 58 octavas hacia arriba, es decir, las aceleró entre 144 y 288 mil billones de veces, hasta hacerlas audibles.
Obviamente, el objetivo del programa de Accesibilidad de NASA's Universe of Learning, no persigue solo convertir en "espectáculo" lo que se capta de esta forma. Una aplicación práctica de esta nueva tecnología es el diseño de piezas junto a personas ciegas o con baja visión para que la astronomía no dependa exclusivamente de la vista. Christine Malec, una de las usuarias que participó en las pruebas, describió la primera escucha como una experiencia sensorial que nunca había tenido con la astronomía pese a llevar años siguiéndola.
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