Nos resulta irremediable establecer esa relación. Nos hablan de la Peste Negra y automáticamente nos transportamos hasta la Edad Media. De rebote, también vestimos a sus médicos con una máscara con pico de pájaro que tiene más de época victoriana que medieval. Forma parte de esos vínculos que, por aquello de verlos repetidos hasta la saciedad, terminamos dando como válidos hasta que alguien nos dice lo contrario.
La de cómo la Peste Negra que acabó con medio mundo no vio esas máscaras ni en pintura, y que no fue hasta el siglo XVII que empezaron a aparecer junto a otras epidemias, es una historia que probablemente te suene de algo. La nueva que toca destacar es que, a diferencia de esa mítica frase que dice que "la muerte nos llega a todos por igual" y la Peste fue la prueba, ahí también hemos fallado al establecer una relación.
La desigualdad como factor de riesgo en la Peste
Hace ahora una década, las excavaciones realizadas en un solar de Basilea descubrieron que bajo tierra se ocultaba un antiguo convento que, a su vez, también había servido de cimientos para un hospital y un cementerio de pandemia. Si el descubrimiento arqueológico ya de por sí era importante, lo fue aún más la aparición de varias fosas en las que se encontraron los cuerpos de 15 personas que habían fallecido por culpa de la peste 360 años atrás.
A diferencia de lo que se suele creer, la Peste Negra nunca desapareció completamente, pero sí fue mutando hacia rebrotes menos agresivos. Entre ellos está el que vivió Basilea entre 1667 y 1668, y del que esas 15 personas se han convertido ahora en protagonistas. Gracias precisamente a ser un grupo mucho más reducido de bajas que el arrastrado por la Peste Negra, los investigadores han conseguido reconstruir sus vidas demostrando una realidad incómoda: la peste no mataba a todos por igual.
La media de edad de los 15 era de apenas 18 años y, a pesar de su corta edad, sus cuerpos estaban castigadísimos en las articulaciones, con lesiones en columna y hombros, costillas rotas y curadas de cualquier manera, y graves problemas en la boca que harían temblar al mejor de los dentistas. Dicho de otra forma, quienes murieron eran pobres, y las señales encontradas reflejaban un trabajo tan intenso como agotador.
Lo que destaca este descubrimiento, la oportunidad de detenerse a estudiar un grupo reducido de víctimas, es que estas epidemias no atacaron a toda la población por igual, sino que se cebaron con aquellos que ya llevaban una vida lo suficientemente dura como para no llegar a la enfermedad con ciertas garantías. Que a diferencia de otras relaciones que damos por hecho y no son tal cosa, la desigualdad social ligada a la salud está demostrada incluso a nivel histórico y arqueológico. Vamos, que no es algo que nos hayamos inventado durante los últimos años y nos lleva acompañando desde siempre.
Imagen | Samuele Galiazzo
En 3DJuegos | Me he cansado de la fantasía medieval. Necesito un RPG ambientado en el año 536, el peor año de la historia de la humanidad
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