Si habéis ido al cine últimamente seguramente hayáis ido a ver la película de Steven Spielberg El Día de la Revelación. Se trata de un film de ciencia ficción que propone cómo se produciría el anuncio de que la Humanidad no está sola en el universo. En la película, ese anuncio se hace de forma bastante traumática y accidentada por los personajes interpretados por Emily Blunt y Josh O'Connor; de golpe y sin haber pasado por ningún filtro gubernamental.
La paradoja es que no es una violación de un protocolo que agencias como la NASA, el SETI, la ESA o la Rocosmos tienen preparado para cuando algún día -si es que ocurre- se desvele que hemos establecido contacto con una inteligencia extra planetaria o de fuera de nuestro Sistema Solar. Porque en realidad no existe un protocolo así, sólo una serie de directrices acerca de cómo enfocarlo, pero no está especificado en ninguna parte quién debería anunciarlo ni cómo.
El gran protocolo vacío para decir que hay vida inteligente
No es que nunca se haya planteado qué es lo que hay que hacer en el caso de que algún día se descubra que no estamos solo en el universo como forma de vida inteligente. Realmente, la cuestión se planteó originalmente hace 40 años, en 1985, cuando el politólogo Allan Goodman, de la Universidad de Georgetown, propuso un código de cuatro pasos que incluía notificar públicamente el hallazgo y someterlo a consulta internacional. En años posteriores (hasta 1989), dicho "protocolo" se fue refinando entre expertos en astronáutica y diversos diplomáticos para acordar la primer Declaración de Principios aprobada por la Academia Internacional de Astronáutica (IAA).
Dicho documento ha sufrido dos revisiones, una en 2010 para afinar la identificación de vida extraterrestre inteligente como aquella capaz de producir tecno firmas (señales de radio, estructuras visiblemente artificiales etc.), y otra hace muy poco, en junio de 2026, pensada para refinar aún más los criterios y añadir protección legal a quienes hagan ese descubrimiento (que no sean acosados ni perseguidos). Pero el problema real es que no especifica quién debería dar la noticia al mundo.
Ninguna organización espacial, gobierno, o institución tiene autoridad legal para hacerlo; y tampoco es un escenario que la ONU se haya esmerado mucho en cómo abordarlo, ya que nunca ha legislado sobre la cuestión. Así que en el caso de que mañana se descubriese vida inteligente, no está claro al 100% quien debería decirlo y, lo más importante, el cómo.
Un anuncio que podría ser una nueva carrera armamentística
Al ser un protocolo que no tiene rango de Ley, es algo que "carece de fuerza vinculante" como lo exponen diversos expertos en astronomía (Jason T. Wright) o filosofía (Chelsea Haramia). Lo que postulan es que sin la regulación de la ONU, existe un riesgo real sobre la revelación o no de que existe vida extraterrestre, y la nación que lo haya descubierto no solo se lo guarde, sino que intente monopolizar los avances para contactar con la vida inteligente unilateralmente.
De hecho, existen documentos que ponen el foco en la desigualdad con la que la sociedad recibiría la noticia, citando diferencias de “socioeconomía, raza, género, nivel educativo, cultura, fe”, y fija como objetivo desarrollar "una cultura de celebración frente al miedo”. Es, en esencia, un esbozo de manual de comunicación de crisis con vocación de evitar el pánico, pero sigue siendo justamente eso: un esbozo, no una política aprobada.
Los resultados de si no se gestiona bien un hecho de este tipo, nos devuelven al film de Spielberg, que aunque licencioso en lo que muestra y en las conclusiones, no se aleja demasiado del escenario más plausible: que cuanto más se intente cerrar la información por motivos de seguridad, más sospechas de ocultamiento se generan, así que la única estrategia que realmente reduce el riesgo de pánico o manipulación geopolítica es publicarlo todo cuanto antes.
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