Siempre me ha fascinado la cantidad de gente de mi edad que, habiendo crecido con Dragon Ball, tienen a Vegeta en un pedestal muy por encima de Goku. Lo de que uno sea un héroe y el otro un villano tan orgulloso como cruel, capaz de arrasar un planeta a la primera de cambio, parecía dejar en bandeja una elección fácil. La psicología, en cambio, no lo tiene tan claro.
El problema es que Vegeta se gana su posición entrando por la puerta de atrás. Necesitando media serie para llegar a parecerse mínimamente a algo que huela a héroe, es precisamente ese recorrido lo que a nivel psicológico lo eleva por encima del héroe principal del anime. Entre el crecimiento y la redención, esa montaña rusa emocional termina pesando más de lo que creemos.
Por qué hay gente obsesionada con Vegeta
Hace ahora una década, la doctora Mariska Kleemans sentaba a 164 espectadores frente a dos películas con los dos personajes más turbios de la historia del cine. Por un lado estaba León, el sicario que termina adoptando a una huérfana, y por el otro el Patrick Bateman de American Psycho. El objetivo era descubrir por qué, pese a que nos hemos criado entre mensajes positivos y roles envidiables, nos enganchan tantísimo los antihéroes.
Lo que descubrió Kleemans era que la clave no estaba en el recuerdo que permeaba de buenos y malos, sino en el desarrollo de cada uno de sus personajes. Lejos de recibir sus historias de forma pasiva, lo que destacaba el estudio es que nuestro cerebro analiza hasta la extenuación cómo va avanzando su arco de desarrollo. Es precisamente ese bucle, convertido en una montaña rusa en la que nunca sabes qué viene a continuación, lo que resulta tan atractivo.
Vegeta se presenta como un príncipe más malo que el gas dispuesto a destruir la Tierra, que cambia de bando cuando toca pelear ante Freezer, que se sacrifica por Buu, y que cumple a rajatabla las órdenes de Bulma porque el amor y el criar a sus hijos termina siendo más importante que cualquier otra motivación que pudiese tener.
Goku, en cambio, es el que empieza siendo bueno y termina exactamente igual. Y en esa falta de profundidad es donde reside la razón por la que muchos adultos siguen teniendo a Vegeta muy por delante de la simpleza del protagonista de Dragon Ball. Ahora, una vez entendido eso, toca subir al siguiente escalón, al que explica por qué esa elección nos hace mejores.
Lo que la psicología dice sobre los fans de Vegeta
Allá por 2012, los psicólogos Geoff Kaufman y Lisa Libby introducían un término capaz de explicar por qué la elección de Vegeta como personaje preferido marca una clarísima diferencia al llegar a la vida adulta. Lo llamaron experience-taking y, a grandes rasgos, explicaba por qué a menudo traspasamos la línea de la ficción para interiorizar a ciertos personajes. Lejos de ser un ejercicio de empatía, de intentar ponernos en su lugar, lo que descubrieron era que a menudo terminamos metiéndonos en su cabeza para abrazar sus reacciones como nuestras.
Los experimentos, que implicaban acercarse a ciertas obras literarias y analizar cómo los sujetos de prueba actuaban en consecuencia, demostraron que acercarse a ciertos personajes moldeaban reacciones reales posteriores. Por ejemplo, frente a un personaje que superaba las adversidades para poder acudir a votar, la intención de voto se elevó después de leer la historia. Frente a protagonistas que lidiaban con los problemas generados de pertenecer a otra raza, los participantes mostraban menos prejuicios hacia esos mismos grupos sociales.
El salto hacia Vegeta es muy similar porque más allá de limitarse a querer ser el bueno, los niños de los 80 y los 90 que crecieron con Dragon Ball vieron en él al personaje que debía demostrar su valía, el que cometía errores pero pese a ello podía convertirse en héroe. En medio de ese experience-taking, lo que personaje y persona experimentaban también hizo que su brújula moral se moviese de aquí para allá de forma más cómoda.
Si todo eso se nota al llegar a los 40 es precisamente por la misma razón, porque un trabajador no necesariamente puede estar a tope todos los santos días del año, porque discutir con tu pareja no necesariamente implica partir peras a partir de ese punto, y porque la salvajada que acaba de hacer tu hijo en clase no necesariamente es producto de que haya perdido la cabeza para siempre. Si meternos en la mente de un antihéroe durante cientos de capítulos resulta positivo para la psicología es precisamente por eso, porque no todo puede ser siempre blanco o negro como quería vendernos Goku.
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