Hay quienes mantenían cierta esperanza en que la adopción de la inteligencia artificial en el mercado laboral fuese sólo una moda pasajera, pero con 2026 convertido en el año en el que la IA dará un paso de gigante en ese sentido, parece que no hay vuelta atrás. Por suerte, para aquellos que la torpedean porque siguen viéndolo como una amenaza, el cambio trae bajo el brazo una premisa bastante más apetecible. La implantación de la semana de cuatro días tiene la clave para resolver el entuerto.
Mientras las empresas siguen haciendo inversiones millonarias para adaptarse a la IA, y los trabajadores lo ven como una forma de deshacerse de ellos o sumar aún más trabajo a una jornada laboral ya de por sí saturada. Expertos y CEOs sugieren que saltar a una semana laboral de cuatro días es el punto de inflexión que puede acelerar su adopción.
La semana de 4 días y el modelo 100-80-100
Bajo una premisa defendida por la organización 4 Day Week Global, la idea plantea que todos los beneficios que promete la IA, tanto en la agilización de procesos como en el crecimiento de ingresos, se aprovechen no sólo para que las empresas ganen mañana más de lo que lo hacen hoy, sino en tiempo para los trabajadores. La clave está en el modelo 100-80-100 que ya demostró ser útil en ese sentido incluso antes de que la inteligencia artificial en el mercado laboral fuese un tema de conversación.
El planteamiento, que busca mantener un 100% del salario y reducir al 80% las horas de trabajo siempre que la productividad siga en el 100%, se ha convertido en la excusa para que la IA deje de ser una amenaza para los trabajadores y se convierta en la clave para alcanzar ese objetivo. A grandes rasgos, si gracias a la inteligencia artificial podemos hacer más en menos tiempo, liberar un día de trabajo sin que la productividad y los ingresos de las empresas se vean afectados se convierte en el punto de encuentro en el que jefes y empleados pueden reconciliarse.
Las pruebas realizadas hasta el momento de la semana de cuatro días partían de una reestructuración de la jornada laboral destinada a romper con los vicios del mercado laboral a los que nos habíamos acostumbrado. Menos reuniones innecesarias, procesos más ágiles, recortar la cadena de mando para que la productividad no se vea entorpecida por debates que frenan el flujo del trabajador. Las pruebas partían de transformar nuestro día a día con la esperanza de poder recortar suficientes horas para que ese día libre no se notase.
El resultado, según ciertos estudios, permitía que lo que a día de hoy hacemos en 8 horas durante cinco días a la semana saltase a entre un 30 y un 40% de la jornada. Un cambio que se traducía en un equilibrio en el que la semana de cuatro días no redujese la productividad de la empresa mientras, de forma milagrosa pero comprobada, los trabajadores sufrían menos estrés y resultaban más rápidos en sus tareas.
De la empresa gana al todos ganamos
Con las cifras resultantes arrojando un crecimiento en los ingresos y una generosa caída en las bajas por enfermedad, lo que plantean ahora expertos y CEOs es que, frente a la negativa a querer adoptar la IA, la promesa de una semana de cuatro días puede servir de palanca no sólo para que los trabajadores empiecen a verla con mejores ojos, también que les resulte de lo más apetecible.
La idea de unir la IA a la semana de cuatro días ni siquiera es algo que nos haya caído del cielo ahora. Llevamos meses escuchando a gurús como Bill Gates y CEOs de renombre como Jensen Huang, de Nvidia, hablar de cómo la tecnología puede ayudarnos a vivir más fuera del trabajo en los años venideros. En política, el mensaje acerca de la fricción entre las bondades de la inteligencia artificial y los peligros que supone para el mercado laboral también han destacado ese punto de inflexión.
Si hacemos más en menos tiempo y además la empresa consigue aumentar sus beneficios, parece justo que jefes y empleados compartan esos logros, aunque sea transformando la jornada laboral para dar más libertad al trabajador. Sin embargo, la idea resulta complicada en un entorno en el que el presentismo, el calentar la silla y que se te valore por las horas que haces y no los objetivos que obtienes, sigue estando muy presente.
Es justo ahí donde la IA puede jugar un papel clave para darle a la semana de 4 días el empujón necesario. Si es ella la que se encarga de analizar los números, y realmente se mantiene ese 100-80-100 que puede motivar el cambio, la perspectiva, opinión personal y hábitos viciados de un gestor dejan de tener validez. La misma inteligencia artificial que quieren implantar a cualquier precio es también la que defiende que, con el nuevo modelo, se trabaja mejor y se gana más.
Imagen | Luca Nicoletti
En 3DJuegos | Una empresa de Barcelona ha probado la semana de cuatro días. El experimento ha terminado en despido
Ver 0 comentarios