Tu maratón de Netflix no se mide con tu culo en un sillón, se mide con el CO₂ de un centro de datos de Madrid

Las inversiones de Amazon, Google y Microsoft acaparan titulares, pero nadie lee la letra pequeña

Tu maratón de Netflix no se mide con tu culo en un sillón, se mide con el CO₂ de un centro de datos de Madrid
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Abelardo González

Editor - Tech

Ver una serie en Netflix va más allá de lo que ocurre en tu pantalla: ocurre también en un edificio de servidores que consume electricidad las 24 horas, necesita agua para no sobrecalentarse y emite CO₂ de forma medible. Según un informe de Carbon Trust elaborado con investigadores de la Universidad de Bristol, una hora de streaming en Europa genera una medida de 55 gramos de CO₂ equivalente. A escala de millones de usuarios diarios, esa cifra cambia de dimensión: solo en 2024, las emisiones totales de Netflix alcanzaron más de 5 millones de toneladas métricas de CO₂.

España se ha convertido en uno de los principales hubs europeos de centros de datos. Madrid incrementó un 54% su capacidad instalada en 2024 y se posicionó como el sexto mercado europeo del sector según el informe EMEA Data Centre Report de JLL. Esto ha llevado a Amazon, Google y Microsoft a anunciar inversiones multimillonarias en instalaciones en Madrid, Aragón y Castilla-La Mancha, así que una parte del contenido que consumes sale de esos edificios.

El problema que nadie menciona

El consumo de agua es el talón de Aquiles menos visible de esa infraestructura. Aproximadamente el 40% de la energía que usan los centros de datos va a refrigeración y muchos sistemas usan agua. El proyecto Amazon en El Burgo del Ebro estima un consumo anual de 36.500 metros cúbicos con advertencias sobre posibles efectos en acuíferos locales. Esto ocurre en un país con sequía estructural donde las pérdidas por fugas en redes de distribución ya equivalen al consumo anual de 14 millones de personas.

La plataforma española Tu nube seca mi río lo resumió con una frase directa: "El agua es esencial para la vida; los memes de gato, no". La ironía es efectiva, pero incompleta: el problema no son los memes, es la escala. La ONU, por ejemplo, advirtió en su informe sobre economía digital de 2024 que el consumo eléctrico de los grandes operadores de centros de datos se duplicó entre 2018 y 2022, y para 2026 podría volver a duplicarse.

Lo que hace el caso español especialmente relevante es la combinación: un país con estrés hídrico creciente que se convierte en destino prioritario de inversión tecnológica por su posición geográfica y acceso a renovables. Las ventajas son reales y los beneficios económicos también, pero la ecuación tiene un lado que rara vez aparece en los titulares de los anuncios de inversión.

Así, el usuario medio no tiene forma de conocer el impacto ambiental real de sus hábitos de consumo audiovisual. Carbon Trust, por ejemplo, señala que (aproximadamente) la mitad de las emisiones por streaming provienen del propio dispositivo, no del centro de datos. Sin embargo, eso no reduce el problema estructural: a medida que el consumo online crece, la infraestructura crece con él y esa misma infraestructura necesita espacio, energía y agua en un país donde los tres están bajo presión.

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