Más allá de las opciones veganas del bacon basadas en plantas o setas, la última tendencia de TikTok plantea una alternativa. De la misma forma que existe el ovovegetariano o el piscitariano, quienes son vegetarianos pero comen huevo o pescado en su dieta, la premisa plantea que aquellos que se niegan a ser veganos porque no pueden dejar atrás comidas como el bacon o el jamón serrano lo hagan igualmente.
Al parecer la idea nace de una comunidad cada vez más creciente de jóvenes que se sienten atraídos por el veganismo pero se niegan a dar el paso para no renunciar a un sólo alimento. Lo que plantea la alternativa popularizada por creadores como @addietheoptimist es que es preferible hacer algo al 10% que no hacerlo en absoluto por una cuestión de perfeccionismo.
Comer jamón y ser vegano
Aunque las tiranteces entre la idea de ser vegano y comer bacon están evidentemente ahí, la premisa parte de un concepto psicológico que busca romper con la idea del todo o nada. Lo que plantean, que también se aplica a otras situaciones de nuestra vida diaria como ir al gimnasio o la productividad laboral, parte de que buscar el perfeccionismo en nuestras acciones a menudo nos lastra de dar ese primer paso que puede motivar un cambio.
Es fácil que, frente a los propósitos de año nuevo en los que nos empujamos a hacer ejercicio una hora al día o acudir todos los días al gimnasio, frente a un error en el calendario o desmotivación nos plantemos ante una realidad en la que sólo podemos hacer 10 minutos de ejercicio o ir al gimnasio un día. Ante ello, el cerebro tiende a pensar que hacer las cosas a medias es perder el tiempo y terminamos haciendo nada.
La tendencia psicológica que empuja a abrazar microhábitos dicta que realizar una tarea, aunque sólo sea a medias, durante poco tiempo y de forma cuestionable, es mucho mejor que no hacerla en absoluto. Al empujarnos a hacer algo, aunque sea lo mínimo, el cerebro refuerza la conexión neuronal que hará que la próxima vez nos esforcemos un poco más.
Con la opción del veganismo sumado a ciertos alimentos hasta ahora prohibidos por esa filosofía, como el caso del bacon o el jamón serrano, pasa exactamente lo mismo. Huyendo de un perfeccionismo intachable, la cultura de un bienestar realista y asequible está empujando a quienes no se atrevían a dar el paso a cambiar de perspectiva. Ahora creen que cuidar del planeta a su manera es más preferible que la negativa a convertirse en un activista lo más radical posible con sus ideas.
Imagen | Pixelhaven en Midjourney
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