En una reciente expedición al Gran Cañón, un grupo de paleontólogos liderado por Giovanni Mussini, estudiante de doctorado en la Universidad de Cambridge, descubrió un gusano fósil que data de hace 500 millones de años, durante el período Cámbrico. Este organismo pertenece al grupo de los priapúlidos, conocidos coloquialmente como "gusanos pene" por su curiosa forma, y que representan uno de los primeros depredadores y constructores de ecosistemas en la historia de la vida.
Un fósil de medio billón de años con nombre de dragón
Los científicos inicialmente quisieron bautizar al fósil como Shai-Hulud, en honor a la emblemática criatura de las novelas de Dune, esos gigantescos gusanos de arena que se han convertido en iconos de la ciencia ficción. Sin embargo, el nombre ya estaba registrado para otro fósil, por lo que tuvieron que buscar una alternativa. Al final, la inspiración vino de la saga Star Wars: el nuevo gusano recibió el nombre de Kraytdraco spectatus, en referencia al krayt dragon, un mítico dragón de la saga Star Wars que aparece en la serie The Mandalorian.
Un depredador con boca de pesadilla
Lo que hace realmente fascinante a Kraytdraco es su extraño aparato bucal. Su faringe, una especie de garganta retráctil, estaba cubierta por múltiples filas de dientes: unos exteriores, afilados para raspar y triturar, y otros internos con forma de plumas, que probablemente servían para filtrar partículas finas de alimento. Según Mussini, esta combinación de dientes nunca se había observado en otros priapúlidos fósiles, lo que convierte a esta especie en un ejemplo espectacular de evolución morfológica.
Ilustración del Kraytdraco spectatus por Rhydian Evans para National Geographic
Además, los priapúlidos de hoy en día, aunque mucho más pequeños, miden apenas unos milímetros, siguen siendo testigos vivos de este linaje que lleva más de medio billón de años en la Tierra. Kraytdraco medía unos 15-20 centímetros, un gigante en comparación.
El dragón krayt de The Mandalorian
El Gran Cañón: un "Eden" para la evolución
Este hallazgo forma parte de un conjunto fósil excepcional que demuestra que, durante el Cámbrico, el Gran Cañón era un entorno ideal para la evolución acelerada. Gracias a unas condiciones estables, con aguas ricas en oxígeno y nutrientes, los organismos pudieron desarrollar adaptaciones complejas, creando un ecosistema dinámico y diverso. El estudio publicado en Science Advances revela que este ambiente "permisivo" permitió una verdadera escalada evolutiva, donde los animales invirtieron en defensas y estrategias de alimentación sofisticadas, adelantándose a la competencia. Este fenómeno ha sido clave para entender la evolución de las comunidades marinas en la Tierra. Este descubrimiento no solo enriquece nuestra comprensión de la vida primitiva en nuestro planeta, sino que también conecta ciencia y cultura popular, al evocar criaturas de universos tan queridos como Dune y Star Wars. A veces, la naturaleza supera la ficción... o al menos, la inspira.
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