Qué difícil se me está haciendo escribir algo de Chuck Norris sin recurrir a alguno de los muchos chistes que hay acerca de su invulnerabilidad. No sólo por el hecho de que, tras su reciente fallecimiento, fuese algo que perfectamente se pueda considerar irrespetuoso, sino porque es como muchos nos acordábamos de él en muchas conversaciones. Pero su marcha es un recordatorio de que, incluso los que parecen "eternos" en el imaginario popular, o dicen de ellos que han contado hasta el infinito dos veces, al final son personas como nosotros, y que su tiempo es limitado.
Mi otra opción sería hablar de su trayectoria como actor. Si bien todos hemos visto algún episodio de Walker: El Ranger de Texas para divertirnos, Los Mercenarios 2 para "reírnos" de las exageraciones sobre el y los otros grandes héroes de acción de Hollywood "en su salsa", o nos quedamos pegados a la pantalla con Delta Force, lo cierto es que nunca fue una súper estrella en lo dramático. De hecho, su momento álgido ocurrió en el debut de su carrera como actor, en aquella mítica pelea contra Bruce Lee en El Furor del Dragón.
Imagen: Concord Production Inc / Golden Harvest
En resumen, para muchos era "el actor de las pataditas y de las gestas imposibles". Pero tenía su carisma y sus momentos, y de hecho, creo que el mejor y probablemente el más desconocido era el de su faceta altruista y de inspiración para los más jóvenes. Insisto y repito, no por sus papeles, sino por algo que empezó en los 90 y que cuidó hasta el fin de sus días: el programa Kickstart Kids. Pero para entender bien esta cara más oculta del hombre al que cuando Google no encontraba algo, el buscador le preguntaba a él, hay que entender primero sus humildes y complicados orígenes.
Unos orígenes difíciles: de lo apocado a lo dedicado
Carlos Ray Norris nació en Ryan (EE.UU, Oklahoma) en 1940. Fue el primero de tres hijos que tendrían sus padres, Ray Dee Norris y Wilma Lee. Aparte del mestizaje -algo que no estaba muy bien visto en la américa profunda de mediados del siglo XX- del que provenía su padre por tener raíces germanas, británicas y algunas trazas de los indios de la tribu Cherooke, no fue precisamente un padre modelo. Bebedor habitual y de carácter volátil, cuando Wilma Lee se separó de él, Carlos Ray no se lo pensó y eligió vivir con ella a partir de los 16 años.
Su relación con su padre dio lugar a un muchacho apocado y acomplejado que solía ser el blanco de las burlas de muchos compañeros de clase
Sin embargo, en vez de ser una versión en miniatura del tipo duro, popular, y que no se achantaba ante nadie, lo cierto es que ese ambiente y su relación con su padre dio lugar a un muchacho apocado y acomplejado que solía ser el blanco de las burlas de muchos compañeros de clase, y no tenía el valor para confrontarlos. Todo eso cambió mientras estaba sirviendo como Policía Militar en la base aérea de Osan, durante la Guerra de Corea. Un compañero local le introdujo en el estilo de arte marcial Tang Soo Do, una variante coreana del karate introducida por los japoneses durante la ocupación de su territorio durante la Segunda Guerra Mundial.
Imagen: Wikimedia Commons (CC BY 2.0)
Esta disciplina ayudó a Norris (apodado Chuck por sus compañeros en la base, y que luego adoptaría como nombre artístico) a desprenderse de su inseguridad, principalmente porque, según los estudiosos de esta forma de lucha, tiene unas reglas ortodoxas y rígidas, pero con una filosofía centrada en la disciplina, la superación y el respeto por el adversario. Al finalizar la guerra y tras varios saltos en el sector civil, Chuck Norris probó suerte como actor. El resultado es el que casi todos conocemos: actor especializado en películas de acción con soltura para efectuar escenas coreografiadas de combate cuerpo a cuerpo.
Nunca llegaría al estrellato máximo, pero eso no parecía importarle, ya que había conseguido pasar de ser alguien tímido y acomplejado a una persona segura, firme, con disciplina, y legítima preocupación por los demás. Eso lo demostraría con el gran proyecto que personificó su cambio.
Character Through Karate, ayudando a otros jóvenes a superar sus problemas
En EE.UU durante la década de los 90, los índices de criminalidad juvenil y la proliferación de drogas como el Crack estaban por las nubes; los arrestos de y homicidios perpetrados por menores de edad se incrementaron en un 100% con respecto a la década anterior, y un cuarto de millón de estos jóvenes encausados pertenecían a bandas callejeras que robaban o ayudaban con el tráfico de las drogas. A esto hay que sumar que el 40% de los jóvenes admitía consumir Crack y otras substancias peligrosas, pero lo que más le llamó la atención a Norris fue que muchos de estos jóvenes venían de familias desestructuradas como la suya.
Imagen: George Bush Presidential Library and Museum (Wikimedia Commons CC BY 2.0)
Gracias a su amplia popularidad por la serie Walker en los 90 y al interés de evitar un destino peor al que sufrió él en su infancia, le propuso al Presidente George H.W. Bush un programa piloto para ayudar a los niños a salir de las calles y centrarse en aprender los valores que el consideraba le habían ayudado a llegar donde estaba: Characte Through Karate.
El núcleo del programa era enseñarles a los niños superación, disciplina, altruismo y respeto por los compañeros de clase
La idea era integrar lecciones de karate como asignatura optativa (no como actividad extra escolar) en los institutos para enseñarles a los niños no sólo autodefensa; superación, disciplina, altruismo y respeto por los compañeros de clase y el resto del mundo sin importar los orígenes o el credo de cada individuo. Eran los pilares de este programa, con una condición: si el alumno no rendía en sus otras asignaturas, su cinturón o nivel en la clases que planteo Chuck Norris no podría ascender tampoco.
Únicamente pudo aplicarse en el Estado de Texas, pero los resultados fueron asombrosamente positivos. Lo que empezó con un proyecto liderado por "el actor de las pataditas", con sólo cuatro centros y 200 alumnos, ahora es una iniciativa impartida por 60 centros de todo el estado en el que se ha formado a 110.000 jóvenes en la disciplina y la autodefensa. En años posteriores a la implementación del programa y a su crecimiento, hubo un 60% de la reducción en incidentes disciplinarios entre los jóvenes, y una mejora académica en el 85% de los alumnos participantes.
Lo más importante es que el coste para las escuelas o los padres de los alumnos que querían apuntar a sus hijos a este programa (rebautizado Kickstart Kids en 2003) era cero. El propio Chuck Norris, con su fundación, asumió los costes, y posteriormente, en 2017 con la creación de la marca de agua embotellada CForce del actor, mantuvieron el apoyo.
Chuck Norris no golpeó a la delincuencia: enseñó a miles de jóvenes a ser más fuertes que ella
A día de hoy, Kickstart Kids sigue siendo un programa activo y en expansión. No fue solo una iniciativa en la que el actor puso su nombre; Norris se implicó personalmente, acudiendo por sorpresa a los centros que podía visitar entre los descansos de rodaje de sus series y películas. Su mujer, Gena Norris, fue la cabeza visible de la infraestructura económica del programa, mientras que su compañero de set Lee Majors (El Hombre de los Seis Millones de Dólares) actuó como ponente en muchas de las clases. Incluso el propio Presidente Bush, tras finalizar su mandato, se dedicó a ser embajador del programa para ayudar a extenderlo tanto como fuera posible.
Imagen: Kickstart Kids
El punto focal es que lo que Norris quería transmitir con esta iniciativa no eran solo artes marciales, sino lo que implica practicarlas: disciplina, responsabilidad y respeto. Esos valores calaron hondo, y no solo se reflejaron en la reducción de los índices de criminalidad juvenil donde se aplicaron; muchos antiguos alumnos de Kickstart Kids acabaron convirtiéndose en docentes del programa, asegurándose de que la tradición de sus enseñanzas no se perdiera con las nuevas generaciones.
Nunca podremos olvidar los "memes" y chistes que circulaban en torno a Chuck Norris, unos que él mismo abrazó y disfrutó porque, según sus palabras: "si esto hace que la gente se interese por las artes marciales, bienvenido sea". Pero tras su partida, es justo reconocer que esa exageración amable de sus capacidades fue el motor de algo mucho más impresionante que hacer que la gravedad pidiera "tiempo muerto" en cada patada: fue la herramienta para sacar a jóvenes vulnerables de las calles, enseñarles a ser personas de provecho y recordarles que la verdadera fuerza reside en ayudar a los demás.
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