En las últimas semanas hemos visto cómo la adaptación cinematográfica de Hamnet ha reavivado el interés por la relación entre la biografía de un autor y sus ficciones. Esa conversación sobre cómo la vida de un creador alimenta una tragedia nos lleva, por un atajo inesperado, a otra historia que también juega con el príncipe vengativo, aunque sea un león: y no hablamos ahora de la eterna polémica entre Kimba y El Rey León, sino de una franquicia juguetera de los 80 que nació a la sombra de los Masters del Universo y que cristalizó ese arquetipo del heredero desplazado en la televisión y en los lineales de las jugueterías.
El arquetipo africano del "rey desposeído"
La popularidad de Hamnet , la novela de Maggie O'Farrell adaptada al cine por Chloé Zhao, ha a resucitado a pie de calle esta clásica historia de pérdida, duelo y venganza. Que en realidad no es nueva: en el fondo de Hamlet late el arquetipo del heredero que debe enfrentarse a un usurpador. En la cultura popular contemporánea ese molde se ha traducido en muchas direcciones, desde el rey león de Disney hasta Harry Potter. Lo interesante es cómo ese núcleo dramático viaja por la cultura pop, se transforma y se adapta a todo tipos de formatos: teatro, cine, serie animada, o plástico coleccionable, sin perder su fuerza emotiva.
El Rey León se inspira en la historia de Kimba, el león blanco de Osamu Tezuka se inspira en leyendas africanas sobre el "rey desposeído" o el joven heredero que debe recuperar su trono
La historia de Kimba (1954), el león blanco de Osamu Tezuka se inspira en leyendas africanas sobre el "rey desposeído" o el joven heredero que debe recuperar su trono tras la muerte de su padre, un motivo presente en mitos de pueblos como los mandinga y shona, donde el protagonista crece, enfrenta al usurpador y restaura el orden. Al parecer, también es una leyenda famosa en Wakanda… De manera paralela, Hamlet parte de la tradición escandinava, específicamente de la leyenda de Amleth recogida por el cronista danés Saxo Grammaticus en el Gesta Danorum, donde un joven príncipe busca vengar la muerte de su padre a manos de su tío usurpador, mostrando que Shakespeare tomó esa narrativa ya existente y la transformó en tragedia dramática con desarrollo psicológico complejo, incorporando temas universales de traición, venganza y legitimidad del poder. "Todo rima", que diría George Lucas.
Imagen de Kimba, El León Blanco (1954)
Comparar a Shakespeare con los Thundercats puede parecer algo pillado pro lso pelos, pero os aseguro que existe una relación. La génesis de la franquicia Thundercats que muchos recordamos, creada por Ted (Tobin) Wolf y consolidada entre 1985 y 1989, no fue solo una maniobra publicitaria para vender figuras de acción, que lo era. Nacida como un producto híbrido, serie animada y línea de juguetes, ThunderCats se diseñó para competir en las "toy wars" de los 80, a rebufo del éxito de los Masters del Universo de Mattle. Lion-O, el joven heredero de Thundera, es el corazón narrativo: despierta marcado por la responsabilidad de construir su planeta, obligado a asumir un liderazgo que no está preparado para sostener.
Mumm-Ra, el antagonista que encarna la corrupción y la amenaza sobre el nuevo hogar de los felinos en la Tercera Tierra, funciona como el paralelo siniestro y pop de las figuras usurpadoras clásicas. El arco de Lion-O, crecer, aprender y restablecer el orden, ofrece una versión infantilizada pero sorprendentemente fiel del esquema trágico clásico: pérdida, aprendizaje y venganza/justicia. La serie, además, tuvo una producción notable: animada en Japón por Pacific Animation Corporation y empaquetada para el mercado occidental por Rankin/Bass, la franquicia fue un negocio multimillonario para el fabricante LJN y, como saben los coleccionistas, sus figuras originales todavía alcanzan precios sorprendentes en subastas. El caso es que los Thundercats lograron hacerse un hueco en la cultura pop que ha sobrevivido durante cuatro décadas. ¿Por qué este arquetipo pervive y por qué funciona en juguetes, series y tragedias? La respuesta está en la mezcla de emociones y la estructura del arco narrativo del protagonista.
La Historia de León-O combina venganza y justicia, reflejando un arco de maduración y responsabilidad similar al de Hamlet
Un héroe desposeído permite la identificación infantil (la pérdida, el miedo, la necesidad de crecer) y ofrece una senda de aprendizaje que resulta satisfactoria en términos narrativos. El patrón se adapta: cambia el escenario (África, Thundera, Dinamarca), pero mantiene su núcleo. Esa adaptabilidad explica por qué la idea es rentable: produce historias que conmueven y personajes que se convierten en iconos. Pero más allá del merchandising y las peleas animadas, Thundercats aporta una lectura particular: combina ciencia ficción (la huida de Thundera, la colonización del Tercer Planeta) con elementos míticos (la espada como símbolo de legitimidad, la guía espiritual, muy en la línea del mito artúrico). Es esa mezcla la que hace creíble el salto desde Hamlet hasta Lion-O: la tragedia shakesperiana aporta el núcleo moral y la cultura popular lo transforma en un relato de aprendizaje colectivo.
Lion‑O, heredero del reino de Thundera, pierde su hogar cuando Mumm‑Ra destruye su planeta y debe crecer física y emocionalmente en Third Earth para reclamar su rol como líder de los Thundercats. Su historia combina venganza y justicia: enfrentarse a Mumm‑Ra no solo busca castigar al tirano, sino restaurar el orden y proteger a su pueblo, reflejando un arco de maduración y responsabilidad similar al de Hamlet. El príncipe danés, tras la muerte de su padre a manos de su tío Claudio, también se ve obligado a asumir una madurez forzada; su búsqueda de venganza está íntimamente ligada a la justicia y a la restauración del equilibrio en Dinamarca, debiendo enfrentarse a dilemas morales y a su propio conflicto interno antes de cumplir su destino. Os dije que no estaba tan pillado por los pelos como parecía.
Si miramos el fenómeno con perspectiva, estamos ante una red de resonancias donde el "rey desposeído" actúa como un arquetipo que atraviesa mitos, teatros y jugueterías. Y eso, en términos culturales, es una buena noticia: nos recuerda que las historias viajan, se prestan motivos y permiten que generaciones distintas, los que crecimos frente al televisor en los 80 y los que hoy ven Hamnet en salas, se reconozcan en el mismo conflicto humano. Pero Lion-O tiene la espada más chula de todos ellos.
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