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No podíamos salir de casa, así que creamos nuestro propio mundo en Minecraft

No podíamos salir de casa, así que creamos nuestro propio mundo en Minecraft

Por  /  3 de junio de 2020       
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Mantener las relaciones sociales y fomentar la creatividad se convirtió en nuestra obsesión. Si aún te preguntabas por qué el juego de Mojang es tan popular, aquí encontrarás algunas de las claves de su éxito. Diversión, creatividad y muchas aventuras que vivir en compañía de amigos.

La actual situación sanitaria y el confinamiento en casa ha sido duro para millones de personas en todo el mundo y en mi caso, aunque no he tenido problemas para encontrar diversas actividades para hacer en casa y, ciertamente, es complicado que me aburra, la verdad es que tras varias semanas empecé a notar una ligera necesidad de entretenimiento duradero para evitar ir saltando de uno a otro. La respuesta a ello tenía nombre propio: Minecraft.


Hacía mucho que no jugaba al título de Mojang; tanto que en aquel entonces todavía no existían las abejas en su mundo cúbico y era complicado crear objetos si no conocías las recetas. Así que mi regreso ha sido un soplo de aire fresco; una aventura a la que se han ido sumando otros jugadores para construir, en el modo supervivencia, una ciudad repleta de vida, con naturaleza por doquier, pero sobre todo funcional. Y allí, en este colorido mundo, hemos encontrado la mejor de las distracciones para, de alguna forma, hacer digitalmente todo aquello que por la situación actual se nos ha prohibido. Lo que me ha hecho valorar más si cabe la grandeza de Minecraft.


Tras una temporada de duro trabajo, aprendizaje y perfeccionamiento, nuestro hogar pasó de la sencillez de la edad de piedra a un sofisticado periodo industrial. El simple hecho de obtener comida y cocinarla se volvió un proceso automatizado y pronto las casas empedradas de 4x4 se convirtieron en edificaciones monumentales con puertas secretas activadas mediante complejos mecanismos. Una locura… que no acaba aquí. Las huertas empezaron a cosecharse tirando de una palanca y las distancias se hicieron irrisorias gracias a una extensa red de metro con cambios de rail y paradas señalizadas. El colofón evolutivo llegó con un invento capaz de clonar cualquier cosa imaginable. No se sabe quién lo puso ahí, pero bendito sea, porque desde ese momento se terminaron las eternas caminatas atravesando tierra, mar y montaña en busca de un material. Pero lo mejor de Minecraft es que por mucho que creciera nuestra ciudad, y por mucho que avanzáramos en nuestros trabajos, el ansia de seguir explorando y descubriendo nuevas opciones nunca desaparecía.


Empezar no es fácil, pero la recompensa merece la pena

Estos días en Minecraft me han hecho querer compartir la experienciaTodo a nuestro alrededor parecía vivo. Después de tantas horas de aislamiento en casa, animaba cruzarse con alguien en una ciudad sin límites y hasta llegamos a celebrar un cumpleaños, con su tarta y todo, en lugar de recurrir a la ahora típica videollamada. Estos días en Minecraft me han hecho querer compartir la experiencia con todos aquellos que, como yo, dejaron el juego hace mucho y cansados de shooters o RPGs, buscaban un multijugador diferente. También para los que piensan que el juego de Mojang está dirigido exclusivamente a niños, constructores sin vida y youtubers. Hay un mundo ahí fuera repleto de posibilidades, y nosotros queríamos explotarlo al máximo.


El objetivo siempre fue sobrevivir y aprovechar las opciones del juego sin añadir mods o utilizar ningún tipo de artimaña como ventaja. Pusimos la dificultad al máximo, sin ser todavía conscientes de lo crispante que se volvería esa decisión, pero a fin de cuentas, era una manera de marcarse el reto de explorar y evolucionar en un mundo plagado de amenazas que no nos lo iba a poner fácil. No exagero. Nada más llegar a un mundo desconocido a noche se abalanzó sobre nosotros en un terreno extenso yermo. A falta de materiales, decidimos caminar hasta encontrar una zona decente donde establecernos, aunque eso significara dejar el punto de aparición muy lejos para los que cayeran o quisieran incorporarse en el futuro. Ahora me río pensando en lo terrible que fue esa idea.


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Las bajas no se hicieron esperar. Había demasiados peligros, amenazas por todas partes, así que a varios entre los que me incluyo nos tocó volver a recorrer todo el camino. Un buen efecto placebo para suplir la falta de ejercicio de mi día a día. Que no se diga que no soy optimista. Tras algunos intentos bordeamos la costa en una caminata que duró mucho más de lo esperado y, finalmente, la primera piedra fue colocada en el origen de lo que después sería una gran zona común con cofres, mesas de crafteo, hornos y todo lo necesario para elaborar nuestras propias creaciones… y camas. Pero pese a lo idílico y funcional de este sistema de camaradería, al final mostramos nuestra cara más ambiciosa y posesiva, y cada uno trató de construir su propio hogar en una especie de competición por aparecer en la revista Casa y Campo. ¿El objetivo real? Esconder nuestros propios materiales y así compartir lo menos posible. Que ya nos conocemos.


Gracias a nuestra reivindicación de independencia, la ciudad empezó a crecer, pero en ello tuvo mucho que ver un importante hallazgo: la caña encantada. Un día cualquiera, uno de los colonos se puso a pescar de forma compulsiva. Según dijo, no tenía nada mejor que hacer después de que le hicieran un ERTE en su trabajo y el hecho de lanzar el anzuelo sin saber qué era lo que iba a obtener después, le generaba una emoción más que suficiente. Ahora sabemos que su adicción fue la causa de nuestro rápido avance evolutivo, pues en una de las cientos de tiradas, obtuvo un objeto cargado hasta arriba de encantamientos, una caña capaz de atraer materiales aún mejores.


A partir de ahí, la pesca de libros encantados dio lugar a picos irrompibles, armaduras protegidas contra el fuego, espadas capaces de arrasar a los enemigos e incluso objetos afortunados con la propiedad de multiplicar la obtención de materiales. Una verdadera revolución que nos hizo nadar en la abundancia y saltar de la dura edad de piedra a una bastante más acomodada.


Adiós a la huerta e inauguramos un asador de pollos

Habían pasado años pero aún recordaba que mi máximo logro en ingeniería dentro del universo Minecraft fue construir un sencillo huerto autocosechable con poco redstone y una palanca. Así que tras un tiempo sembrando bloque a bloque, esperando a que creciera y después ir cosechando todo manualmente… para volver a empezar, sentí que había llegado la hora de recuperar ese invento. Así pues, gracias al hierro ilimitado con el que ya contábamos, pude construir algunos pistones. Medí el espacio que iba a ocupar la zona sembrada y lo rodeé con una empalizada de piedra. Después, en el final, dispuse tolvas que daban directamente a cofres y me dediqué a traer agua para contener tras los pistones.


Ya solo quedaba esperar a que creciera lo que había plantado y tirar de la palanca para probar si realmente funcionaba. ¡Y lo hizo! La liberación líquida arrasó todo a su paso y lo empujó hacia las tolvas que hicieron su función. Ahora solo nos tendríamos que preocupar por volver a sembrar, lo demás se hacía solo. Es posible que esta sea una de las grandezas de Minecraft, más allá del postureo estético y los mods para fastidiar a amigos, la creatividad funcional que domina todas nuestras posibilidades lo sigue haciendo un juego prácticamente único en su especie a día de hoy.


¿Salvajes?¿Nosotros? Lo que hace la supervivenciaMientras tanto, el colono de la caña decidió que ya había suficiente pescado en nuestras arcas y que lo suyo era que construyéramos un asador de pollos autoabastecible. Una idea estupenda dado que no queríamos matar a los pocos animales que teníamos en el corral, tal vez porque generaban un paisaje de granja bastante acogedor o porque necesitábamos convencernos de que no éramos tan salvajes. Sobre el papel esta idea sonaba realmente macabra: crear un espacio muy pequeño completamente cerrado, con una parte de lava abajo y una tolva y un cofre pegado a ella. Una vez lleno a rebosar de pollos, se irían acumulando y empujando hacia la única salida, la lava, donde se achicharrarían y su carne se guardaría asada lista para comer. ¿Salvajes?¿Nosotros? Lo que hace la supervivencia.


Pero hay que entender que ser vegetariano en Minecraft es duro, pues tienes que ocuparte de comer constantemente y es frustrante ver cómo la barra de alimentos sube a una velocidad ínfima. Al menos, es la excusa que nos decíamos a nosotros mismos.


Un cumpleaños con guiño a Portal y fuegos artificiales

Con el problema de la comida solucionado, materiales suficientes para dar rienda suelta a nuestra creatividad sin muchos obstáculos y la llegada de más paisanos construyendo sus hogares en el nuevo mundo, los trabajos de comunidad y las celebraciones empezaron a surgir. Las primeras tareas pasaron por canalizar el río, empedrar las calles, construir puentes y repoblar la zona de árboles. Cada uno de nosotros iba encargándose de alguna tarea voluntariamente, por lo que en pocos días tuvimos lista una ciudad viva, con sus farolillos para iluminar las calles, su plaza y hasta su estanque. Un sitio agradable por el que pasear y relajarse a falta de la libertad de hacerlo realmente.


Alguien decidió que la plaza del pueblo se merecía un escenario festivo, así que construyó una mesa alargada repleta de sillas a lo convite nupcial. La magia se encontraba en el centro, donde un dispositivo contenía fuegos artificiales que eran disparados al cielo tras activarse. Así pudimos poner música con los discos que habíamos encontrado en una exploración y celebrar que aquel era ya un día menos de cuarentena.


También intentamos explotar esa realidad virtual al máximo para celebrar el cumpleaños de uno de nuestros colonos. Preocupados por la soledad en la que lo iba a pasar y cansados de las extenuantes videollamadas que se repetían continuamente como parte de un ritual, solo necesitábamos una tarta, una hora y la sorpresa estaba servida. Nos reunimos todos alrededor de un pastel y un cartel que rezaba: "la tarta es mentira" y esperamos a que el cumpleañero pisara la placa de presión y abriera de golpe la puerta.


El colofón evolutivo

A pesar de contar con casas dignas de ser expuestas y bastantes sistemas tecnológicos, el avance final lo notamos con un par de creaciones mucho más prácticas y determinantes que el resto: la llegada del metro y el clonador ilimitado. Dos inventos que llegaron para lanzar nuestra ciudad hasta su colofón evolutivo y para evidenciar la cantidad de tiempo que nos sobraba diariamente, también la que habíamos malgastado.


Sin apenas darnos cuenta, alguien se puso a cavar interminables túneles subterráneos. Un acto bastante frecuente a la hora de establecer minas hacia el fondo, pero no tanto si la trayectoria es completamente horizontal. En cuanto se bajaban las escaleras de lo que sería el metro, uno se plantaba delante de vías que se extendían hasta donde no alcanzaba la vista. Unos carteles indicaban cuidadosamente el andén en el que te encontrabas y el lugar al que te dirigirías si cogías ese vagón.


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Subirse era divertido, impulsado por el redstone, la velocidad que alcanzaba el compartimento era vertiginosa y en pocos minutos podías ir al desierto, a la playa, a la jungla o cualquier sitio que imaginaras dentro del mundo. Había zonas en las que la vía estaba construida sobre cristal y resultaba inquietante a la par que bonito. Tan útil nos pareció, que la red de metro empezó a crecer y se establecieron palancas para cambiar de vía y poder abarcar multitud de ubicaciones. Un día incluso intentamos traer una oveja de lana negra que encontramos en la playa arrastrada por una cuerda mientras volvíamos en el vagón. No contaré cómo terminó el asunto, solo diré que la lana la obtuvimos.


Finalmente nació el invento que debería haberlo hecho mucho antes. Su simpleza es tan frustrante que estaba al alcance de todos nosotros desde casi al comienzo, pero quizás, si hubiera llegado entonces no habríamos invertido tantas ganas y esfuerzo en el juego. Con un cofre conectado a un botón por redstone puede clonarse cualquier cosa. Basta con dejar dentro el elemento elegido, activar el mecanismo y esperar al último segundo para recoger el stack guardado. De inmediato aparece una copia en tu inventario y la otra dentro del cofre. Así de fácil. Gracias a esto, 64 bloques de mármol se convertían en otros 64 con un par de clics. Un proceso que nos permitió tener cantidades ilimitadas de cualquier elemento que encontráramos y potenciar -si cabe- aún más nuestras ansias creativas.


La libertad es uno de los elementos que domina este juego Nuestras aventuras se juntan con las de muchos otros jugadores que han conseguido dar forma a estructuras impensables, como el que recreó la cabeza de un dinosaurio T-Rex a tamaño real tras un mes de trabajo, o ciudades, tanto clásicas dignas de una película de romanos como las que se confunden con la propia realidad. La libertad es uno de los elementos que domina este juego y por más años que pasen y otros estrenos copen las listas de más vendidos, las noticias del talento visto dentro de él nunca terminarán de pasar de moda.


Minecraft ha supuesto una experiencia sin la que estos días de cuarentena habrían sido mucho menos memorables. Invertimos tiempo, pero recibimos lo que estábamos buscando: entretenimiento duradero y retos que superar. Un proceso que en modo creativo no habríamos tenido que sufrir y que para muchos supondrá una pérdida de tiempo, pero que gracias a él hemos podido vivir momentos únicos, reducir la distancia social -aunque de manera virtual- y acortar considerablemente los días de encierro.


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