Análisis de Ashen. Un Souls para dos

Análisis de Ashen. Un Souls para dos
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El Ashen ha despertado y ha devuelto la luz al mundo. Como Vagabundo en estas tierras, deberemos asegurarnos a toda costa que su luz vuelva a brillar ofreciéndole nuestra protección. Pero no lo haremos solos. En este juego tipo Souls, no hace falta invocar a nadie, porque siempre iremos acompañados, hasta el final.

«Enfréntate a Amiren». Podía ser cualquier cosa, porque en Ashen los personajes que pueblan tu campamento te dan cualquier tipo de misión. Pero Amiren no era un enemigo más al que derrotar, era uno de los mejores jefes de la obra, en una de las mejores mazmorras que esconde. Cualquier jugador que haya experimentado un Souls sabe hasta dónde puede continuar antes de quedarse sin Estus. Es en esos momentos en los que tienes que decidir si aventurarte un poco más, a riesgo de perder las almas, hasta encontrar una hoguera, o volver sobre tus pasos. La mazmorra de las Matriarcas guarda siempre esa sensación. Un lugar oscuro que te obliga a hacer uso del farol sin poder hacer uso de tu escudo, cuyo camino serpenteando está lleno de abismos, peligros acechando y la esperanza de que en alguna parte haya un altar a modo de punto de control. Pero no lo hay. El juego te fuerza a continuar más allá de lo que creías que eras capaz, casi como una prueba de fe, que al final se ve recompensada.

Ashen es capaz de lo mejor y de lo peor. En mi camino por esta y sus otras mazmorras, a menudo me he encontrado con esta fantástica sensación de peligro en cada esquina, pero a veces se ha visto arruinada por lo que a todas luces es un juego muy dedicado a una experiencia concreta: jugar en cooperativo con otro jugador. Hacerlo en solitario significa disponer de una IA que si bien está tan descompensada en cuanto a vitalidad y fuerza, comete todo tipo de errores. No se defiende, se cae o, en ocasiones incluso, no aparece. En mitad de ese sugerente escenario que he presentado antes, duele tener que abandonar porque tu IA ha desaparecido, porque el jugador depende enormemente de su ayuda y su vida es tanto o más importante que la tuya.


Ashen es capaz de lo mejor y de lo peor

A estas alturas no hace falta incidir demasiado en que Ashen es un juego que emula y mucho el sistema jugable de un Souls. El programa no hace nada por esconderlo y nosotros tampoco debemos. Su premisa es crear un mundo algo más contemplativo, más aventuresco que cruzar con la ayuda de un compañero de armas. Hay dificultad, pero la misma que supone pasarse un Souls entero con un personaje o amigo siempre convocado.

El diseño de algunos entornos es muy atractivo y sugerente. Quieres recorrerlo de palmo a palmo.
El diseño de algunos entornos es muy atractivo y sugerente. Quieres recorrerlo de palmo a palmo.


Tanto la curva de dificultad como el propio interés del jugador va creciendo a medida que pasan las horas. Lo que en un principio no puedes evitar comparar con la obra de FromSoftware (y que salga perdiendo por sus limitaciones técnicas y jugables) va cogiendo a la larga cierto encanto. Las misiones secundarias ayudan a recorrer mejor el mapa, que guarda secretos mejor escondidos gracias a la oportunidad de escalar y saltar apropiadamente. Según progresamos, nuestra aldea también lo hace, y poco a poco vemos cómo se van levantando construcciones, creando un pequeño pueblo al final de la aventura. Las nuevas armas, equipamiento y habilidades van acumulándose a medida que progresas y amplían las opciones de juego, aunque no tanto como nos gustaría. Destacan los talismanes, que ofrecen una nueva perspectiva a los tradicionales árboles de habilidad y nos permiten contrarrestar penalizaciones y mejorar la salud, el daño, la defensa o el vigor.

Análisis de Ashen. Un Souls para dos


Un mundo para dos

Ashen es un título bien planteado. En los momentos en lo que te adentras en una mazmorra, sabes que lo vas a pasar realmente bien. Esconde algunos secretos que merece la pena descubrir y momentos que para un juego de estas características te harán abrir bien los ojos. Quizá, el mayor problema que le veo aparte de la inteligencia artificial, que es más bien un problemón, es que para el jugador ávido de estas experiencias, que lo que busca es un reto mayor o a la altura de un Souls, puede ver en su lugar un juego menos desafiante. Lo hace, por tanto, una buena puerta de entrada al género, en parte porque su brújula y puntos de objetivo hacen más fácil saber a dónde tienes que ir a continuación. Un juego que disfrutar con algo de ayuda aunque sin tantas posibilidades, corre el riesgo, eso sí, de quedarse en tierra de nadie.

Tu compañero es de gran ayuda, pero a veces puede quedarse enganchado o desaparecer. Mejor jugar con un compañero humano.
Tu compañero es de gran ayuda, pero a veces puede quedarse enganchado o desaparecer. Mejor jugar con un compañero humano.


Dentro de su particular encanto, parte de la responsabilidad la tiene su diseño artístico, con ese estilo creado mediante una baja carga poligonal y personajes sin rostro. Al principio puede parecer algo genérico, pero a medida que progresamos va demostrando que está bien planteado y con mucha personalidad, con algunas estampas verdaderamente impactantes. No puedo decir lo mucho de su historia, pues desde el primer momento no me cautivó. Me pareció identificar una antítesis de los mundos presentados en la obra de Miyazaki, pero en vez de apagarse el fuego en el mundo, la luz vuelve a nacer, mediante un ave divina llamada Ashen, que la restaura para dar comienzo a una nueva era, en vez de concluir. Sin embargo, en todas sus conversaciones, nunca logró atraparme para interesarme genuinamente por su mundo y sus personajes.

Análisis de Ashen. Un Souls para dos


No puedo decir lo mucho de su historia, pues desde el primer momento no me cautivó

Debió de costarme cuatro intentos la mazmorra de la Matriarca, en busca de Amiren. La primera, caí al abismo de un golpe fatal, tras explorar muy concienzudamente y encontrar más peligros lejos del camino principal, pero con mayores recompensas. El mundo se me echó encima pensando en todo lo que había perdido. La segunda tuve que abandonar, porque mi compañero desapareció misteriosamente. La tercera, mi compañero ni siquiera apareció en el punto de control y tuve que volver a viajar ida y vuelta para solucionarlo. La cuarta causó ese efecto tan mágico que ocurre en estos juegos, propios del roguelike, en el que tu experiencia real como jugador cuenta más que la del juego, y vas conociendo dónde está cada enemigo y cuál es el camino correcto. Así me abrí camino entre las sombras, la oscuridad y una tenue luz del farol más lánguido, en un diseño de nivel de escándalo. Una mazmorra cavernosa, pero de esa roca pulida que conforma grandes bloques rectangulares, casi alienígenas.

La oscuridad es tenebrosa, pero también uno de los mejores momentos del juego, gracias a la iluminación del juego.
La oscuridad es tenebrosa, pero también uno de los mejores momentos del juego, gracias a la iluminación del juego.


Más tarde, vería otro par de mazmorras más durante la partida con un buen diseño de niveles similar. Seguí avanzando, salvado por unos pilones donde rellenar el frasco de vida, pero sabiendo que un golpe fatal me haría volver al principio del nivel. Al final del trayecto, un altar como punto de control, sí, pero sin viaje rápido. Aquí te quedas hasta que acabes con Amiren. Un combate fabuloso y el momento en el que haces las paces con el juego. Porque Ashen es evocador, pero la ilusión se rompe a veces cuando tu compañero o bien desaparece, o bien te arrebata ese premio que es el reto de acabar tu solo, con tu propia habilidad, con un enemigo. Un juego muy difícil de valorar y que dividirá mucho a su comunidad. Yo me quedo con lo vivido.

Muy Bueno

Sin sello
Análisis de Ashen. Un Souls para dos
Sin sello

Ashen es un juego evocador, con un diseño muy particular. Tiene momentos únicos, pero también otros menos conseguidos. Su particularidad es que puedes jugar con un compañero mediante el modo online, pero cuando juegas en solitario la inteligencia artificial no está a la altura. Con todo, su reto va creciendo y logra atraparte sin remedio en cuanto te adentras en sus sugerentes mazmorras, con algunos diseños muy logrados. Un juego que guarda mucha semejanza con los Souls, pero con algo menos de reto y diseñado para ir siempre acompañado.

  • Las mazmorras son una delicia y algunas verdaderamente inspiradas
  • El diseño artístico logra algunos momentos de verdadero impacto
  • Aunque al principio sea algo más sencillo, más adelante propone un desafío interesante
  • La inteligencia artificial de tu compañero es deficiente
  • La mejora de equipo es bastante sencilla
Jugadores: 1-2
Idioma: Textos en español y voces en inglés
Duración: 15-20 horas
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