Lo primero que me llamó la atención de Bladesong fue, sin duda, su propuesta creativa. Hace tiempo que no me cruzaba con un juego cuya premisa principal fuera algo tan sencillo y al mismo tiempo tan atractivo: forjar espadas. Nada de dragones que escupen fuego ni hechizos que derriban murallas, aquí todo gira en torno al metal, al martillo y a la imaginación del jugador. Desde el primer momento, ver cómo un simple lingote podía transformarse en una hoja equilibrada, afilada y decorada me resultó hipnótico. Esa sensación de poder moldear algo único, que además será útil para alguien más, es lo que hace que Bladesong destaque incluso antes de entrar en su componente "rolero".
Durante años he disfrutado de aventuras de fantasía épica en todo tipo de videojuegos. He blandido espadas que iban desde toscas barras de metal de afilado dudoso y contundente factura orca, hasta floretes ornamentales y delicados como una ramita. Pero jamás me había sentido tan vinculado a una espada como con algunas de las que he forjado en Bladesong. Lo curioso, y a la vez cruel, es que "lo que los videojuegos te dan, los videojuegos te lo quitan": he tenido que vender esas armas, cada una con un pedacito de mi alma, porque en la vida de un humilde herrero que trabaja extramuros de una fortaleza olvidada, no puedes permitirte encariñarte demasiado con un trozo de metal, sobre todo cuando hay que pensar en qué cenar esa noche.
Más que martillos y lingotes: el componente RPG
Aquí es donde la propuesta más evidente del juego se da la mano con un componente RPG, humilde, pero sorprendentemente interesante. Bladesong no solo te permite forjar espadas; también te invita a interactuar con los habitantes de tu campamento, a tomar decisiones, a equilibrar tu vida de herrero con la supervivencia en un mundo que parece haber olvidado la paz. Cada elección cuenta: compartir la cena con un grupo de mendigos sospechosos, aceptar o rechazar un pedido complicado, o simplemente volver a la seguridad de tu taller en lugar de buscar materiales en vete tú a saber qué gruta siniestra son decisiones que, aunque simples, dan al juego una textura que muchos simuladores de crafting echan en falta.
Jamás me había sentido tan vinculado a una espada como con algunas de las que he forjado en Bladesong
Me sorprendió especialmente cómo un par de cuadros de diálogo, al más puro estilo old school, logran transmitir la sensación de estar inmerso en un mundo vivo. Cuando me puse chulo con unos ladrones que entraron en plena noche en mi taller y acabe con dos aplomos de acero saliendo por la espalda y una tumba poco profunda estaba enganchado, porque Bladesong transmite muy bien la perspectiva de ser ese NPC que te prepara la equipación o que te vende los cachivaches que necesitas para completar tus minions en otros videojuegos. Esa experiencia, tan limitada técnicamente, me enganchó porque Bladesong transmite muy bien la perspectiva de darle importancia a las cosas que ne otros títulos de fantasía no damos. No es un RPG al uso, pero funciona gracias a su coherencia narrativa y al contexto que da a cada espada que fabricas.
El núcleo del juego es, sin duda, el acto de forjar. Durante estas semanas con la demo, he disfrutado como un enano creando algunas espadas realmente chulas. Cada encargo exigía atención a detalles: peso, equilibrio, longitud, grosor del filo o la ergonomía de la empuñadura. Algunos clientes parecían no tener ni idea de qué necesitaban exactamente, y algunos incluso dudaba que supieran qué extremo debía sujetar con la mano, pero eso no impidió que me entregara a la creación. De otros clientes de lo que no me cabía duda era de sus malas intenciones, pero diré en mi defensa que rechacé todo encargo sospechoso.
Bladesong transmite muy bien la perspectiva de ser ese NPC que te prepara la equipación o que te vende los cachivaches en otros videojuegos
A medida que avanzas y mejoras tus habilidades, y acumulas materiales más interesantes, las posibilidades se disparan. Las hojas empiezan a ganar curvaturas imposibles, grabados intrincados, contrapesos ornamentales o empuñaduras de todo pelo. Al final terminas haciendo algunas espadas que tienen más en común con una discomóvil o con un arreglo floral japonés que con una letal hoja de acero. Es un equilibrio fascinante entre cumplir los pedidos y dejarte llevar por tu creatividad, entre la necesidad de supervivencia y el placer estético de la creación tiene su importancia en este juego,
Lo mejor de todo es que cada espada puede ser completamente única. Desde la forma de la hoja hasta las runas del filo, pasando por la composición del metal, no hay dos armas iguales. La libertad de experimentar, modificando medidas, grosor o el ángulo del filo, y viendo cómo eso afecta a la efectividad de la espada, añade una capa de profundidad que no esperaba encontrar en un simulador de forja.
Un telón de fondo que funciona y lo que todavía pide mejoras
El juego te sitúa en Eren Keep, una de las últimas fortalezas seguras de la humanidad, donde la vida es dura y cada acción cuenta. Durante las fases de exploración, puedes conocer a diferentes personajes, hacerte aliado de algunos y esquivar conflictos con otros. Esto se mezcla con la necesidad de abastecerte de materiales, aprender nuevas técnicas y expandir tu repertorio de espadas.
La narrativa se filtra a través de los encargos y decisiones, y te hace sentir parte de un universo más grande
Hay encuentros que sorprenden: matones, vecinos necesitados, guardias malencarados o visitantes misteriosos, cada uno con sus motivaciones, que generan historias dentro de tu jornada diaria. Aunque está interacciones son técnicamente muy limitadas en la demos: una ilustración (bastante chulas por lo general), un buen bloque de texto y un par de opciones de acción o de diálogo. La exploración todavía está limitada a elegir los distintos escenarios que vas descubriendo en un mapa, donde cada zona te permite algunas opciones interesantes, como buscar recursos o tratar con comerciantes. Cada pequeño descubrimiento añade profundidad al mundo y te permite avanzar en la trama del juego… O terminar siendo víctima de una de tus propias creaciones. La verdad es que una mala decisión puede resultar letal. La narrativa se filtra a través de los encargos y decisiones, y te hace sentir parte de un universo más grande.
No todo es perfecto. El juego tiene un aspecto "clínico" en la forja; se parece más a un software de diseño que a sentir el calor del metal y el peso del martillo. También carece de un sistema para ver tus creaciones en acción, lo que hubiera añadido un nivel extra de satisfacción. Algunos pedidos pueden resultar confusos, con instrucciones aparentemente contradictorias, pero creo que todos estos elementos son fácilmente mejorables. Aun así, estas limitaciones no restan valor a lo que Bladesong consigue: ofrecer la experiencia de ser un herrero de manera divertida, con mecánicas que equilibran creatividad y exigencias de supervivencia, y un componente RPG que sorprende por lo bien que integra la vida cotidiana con las decisiones estratégicas y morales. Bladesong me ha tenido enganchado durante bastantes horas. La demo muestra un juego con identidad propia, que combina simulación, creatividad y rol en un crisol muy original y divertido.
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