En 1987, el autor y director Clive Barker dio lugar a uno de los villanos más icónicos y terribles del mundo del cine. Pinhead es la pesadilla de muchos, pero también el protagonista de uno de los universos más fascinantes de las últimas décadas si te gusta lo grunge. Han pasado 38 años y, tal como indicaba el compañero Alberto Pastor, ya era hora de que Hellraiser tuviera un juego a la altura de su legado. Ese no es otro que Clive Barker's Hellraiser: Revival y es de lo mejor que he podido probar durante el Summer Game Fest. Resident Evil y Silent Hill han tenido un hijo juntos y el resultado es un survival horror en primera persona con muchas dosis de gore, sado y brutalismo.
No es buena idea pactar con Pinhead
A finales de la década de los 80 y principios de los 90, lo oscuro se impuso en la cultura, tanto a nivel musical como cinematográfico. Hellraiser contribuyó en gran medida a este fenómeno al crear un universo conformado por dimensiones de dolor, deidades crueles, razas ancestrales y entes demoníacos. Hoy en día puede presumir de contar con un total de 11 películas, siendo la más reciente la del año 2022.
Por lo general, al estilo Silent Hill, siempre encontramos personajes atormentados y el protagonista de Hellraiser: Revival no es la excepción. Aiden Lynch ha salido de la propia mente del creador original, Clive Barker, contando con un buen puñado de excesos en su pasado: drogas, lujuria, crimen... "Para cuando le conocemos, ya ha encontrado a su alma gemela, Sunny", explicaba Anthony de Fault, director narrativo en Mad Head Games (propiedad de Saber Interactive). Sin embargo, no esperéis una historia romántica.
La historia de Hellraiser: Revival es pura agonía, pero ganada a pulso. Tanto Aiden como Sunny están lejos de ser una pareja idílica y sus anhelos y depravaciones los llevan a que esta, tal y como se ve en los adelantos, encuentre un trágico destino a manos de los cenobitas. A partir de ese momento, Aiden parece establecer cierto acuerdo con Pinhead para recuperarla, comenzando un descenso a las realidades más infernales de su propia memoria.
La demo que he probado tiene muchos elementos que me han recordado a los Resident Evil más modernos, Requiem por ejemplo. Empecé la aventura en una especie de mansión repleta de elementos sadomasoquistas (el juego no escatima en ser explícito, creedme) con integrantes de lo que parece ser una secta o culto a los propios cenobitas.
Esta zona no era especialmente larga, pero sí suficiente para ver lo divertido que es el gunplay en primera persona, aunque hay que señalar que puede depender de muchos factores subjetivos como jugar con teclado y ratón o la sensibilidad del mismo. Al igual que me pasó probando Crisol: Theater of Idols me emocioné un poco gastando munición, por lo que pronto me las tuve que ingeniar cuerpo a cuerpo, tratando de crear más balas o usando trampas, pero hay que tener en cuenta que cada enemigo tiene una zona vulnerable concreta que dificulta la labor.
Por el camino me llevé algún susto que otro, todo sea dicho. Por suerte, también tenemos la oportunidad de usar la Configuración del Lamento, que no es otra cosa que el dichoso cubo mediante el cual ocurren desgracias, pero que en este caso sirve para canalizar una suerte de magia, que puede ser elemental o no.
Esta zona no es especialmente larga. Se ponen en práctica algunos puzles propios de los survival horror de los 90, como encontrar llaves o tarjetas para abrirnos paso, mientras reproducimos un buen puñado de grabaciones o leemos documentos. También he quedado impresionada por la gran variedad de objetos que podemos recolectar, sean coleccionables o material de crafteo. En otras ocasiones, incluso podemos encontrar comida (de dudoso estado) para reponer salud.
No mucho después, el juego daba un giro total para viajar hasta la dimensión de los cenobitas, donde el cubo también funciona como herramienta para hacer girar el entorno y abrirnos paso. Me perdí por los intrincados laberintos de la dimensión hasta llegar a la propia mente de Aidan como si fuera una pesadilla. Mad Head Games no ha perdido la ocasión de hacer su propio homenaje al fallido P.T al meternos en un recorrido en bucle (aunque lineal), donde todo lo que vemos cada vez se retuerce más. Por supuesto, la aparición de Pinhead no podía faltar (la cual temía desde el inicio de la demo) y tampoco un buen puñado de gore y body horror.
Destaca también la puesta en escena, tanto a nivel de gráficos como de ambientación. Aunque yo no haya tenido tiempo, estoy segura de que muchos jugadores se detendrán a observar todos los elementos de una habitación, los cuales dicen mucho por sí mismos. Al contrario que otras propuestas del Summer Game Fest, este luce bastante sólido en su conjunto, al menos en lo mostrado.
Os mentiría si no os dijera que le tengo pánico a Pinhead desde mi infancia. Recuerdo ver las carátulas de las películas en el videoclub con temor y, aunque con la edad lo tolero, lo último que esperaba era quedar maravillada con la propuesta y queriendo jugar cuando salga el próximo 8 de octubre en PC, Xbox Series y PS5.
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