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El valor de una chapa de Nuka-Cola en Fallout no lo determinó nadie. Fue algo que surgió en los campos de prisioneros

El valor de una chapa de Nuka-Cola en Fallout no lo determinó nadie. Fue algo que surgió en los campos de prisioneros

El mundo en Fallout es una cárcel, y los habitantes sus prisioneros que han tenido que desarrollar su propio sistema económico

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El valor de una chapa de Nuka-Cola en Fallout no lo determinó nadie. Fue algo que surgió en los campos de prisioneros
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Alberto Moral

Editor - Guías
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Alberto Moral

Editor - Guías

Uno de los misterios más curiosos que hay en el día a día es pensar por qué narices unas piezas circulares de cobre, plata u oro que apenas pesan nada valen lo que valen, o por qué un billete de papel con un número y un color vale más o menos que otros. La formación de las divisas es un proceso cambiante y que responde a necesidades macroeconómicas dictadas por axiomas como la Ley de la Oferta y la Demanda, la Inflación, o el valor de un tipo de moneda u otra. Vicisitudes económicas globales aparte, pongámonos en el extremo opuesto. ¿Qué pasa si la sociedad se ha ido al garete? O dicho de otro modo ¿Cómo se determina el valor de algo que necesitamos para comerciar? Hay un ejemplo interesante sobre esto en una de las sagas RPG más decanas del videojuego: Fallout (que ya tendría en marcha su esperadísimo New Vegas 2) y sus reconocibles chapas de Nuka Cola.

Cuando el apocalipsis te obliga a revalorizar lo que tienes

La Gran Guerra Nuclear dejó la Tierra prácticamente devastada. Por los juegos de la saga y la serie de TV sabemos que queda muy poco de lo que en su día fue la civilización, y los gobiernos han sido sustituidos por diversas facciones que a veces colaboran o luchan entre ellas para sobrevivir: la Hermandad de Acero, los Mutantes, los habitantes de los Refugios.... 

Ninguna de estas tenía una supremacía legal o fáctica -en términos de fuerza- suficiente como para imponerse a las otras, y formar un gobierno o tratar de reconstruir por si sola la sociedad, y ya no digamos para imponer un sistema monetario común que todos aceptasen. Con lo cual, los supervivientes de estas zonas necesitaban de algo que fuera: pequeño pero no insignificante para poder contabilizarlo; abundante pero no en exceso para que la inflación no lo devaluara; fácilmente transportable en diversas cantidades para disponer de "viruta" con la que realizar intercambios; pero sobre todo reconocible por todo el mundo como algo apto para realizar trueques.

Fallout Chapas Nuka Cola

Lo lógico habría sido crear una moneda, pero como las casas de acuñación fueron destruidas no podían producir más -esto al menos solucionaba parcialmente el problema de la inflación-, y lo más parecido que había y que estaba prácticamente por todas las partes del Yermo eran chapas... miles de millones de chapas de Nuka Cola. Tanto las que ya se abrieron de sus botellas y se bebieron antes del conflicto, como las que pudieron quedar en almacenes y esperando ser puestas en botellas, o con estas ya envasadas y listas para ser distribuidas.

Lo más parecido que había a una moneda en el Yermo eran chapas

Y así es como un objeto que en el pasado no tenía el más mínimo valor comercial se convirtió en la base de toda transacción comercial que tiene lugar en el universo creado por Tim Cain, Leonard Boyarsky y Jason Anderson.

Y si funcionó y se aceptó fue porque, como ya hemos dicho, nadie estaba en posición de imponer qué valía cada objeto. Por su disponibilidad y abundancia era algo que todos podían conseguir y usar para comerciar, y el hecho de que fueran pequeñas permitía llevar "lo justo" para hacerte con lo que querías, o una gran suma con la que cerrar un gran trato. Pero eso tampoco explica del todo cómo pudo ocurrir este fenómeno. No obstante, hay un paralelismo algo sombrío y deprimente que, seguramente, habría servido para establecer un precedente que hizo que todos aceptaran sin rechistar que el nuevo dólar, euro, etc., fuera un objeto tan sencillo y de poco valor: los campos de prisioneros de guerra de la Segunda Guerra Mundial.

Fallout Chapas Nuka Cola 2

Las teorías de Radford y Schelling aplicadas a las chapas de Fallout

Durante la segunda de las grandes guerras del siglo XX, ser un soldado capturado por el enemigo implicaba no solo la privación de la libertad, también que la guerra, para bien o para mal, había terminado (al menos hasta que pudieran escapar o ser liberados si alguna operación aliada tenía por objetivo la liberación de prisioneros). La cuestión es que los reclusos, al haber sido despojados de cualquier pertenencia, no disponían de dinero para negociar, ya fuese entre ellos o con sus captores para hacerse con algunos "lujos" o comodidades. Y aún así desarrollaron economías contenidas en esos lugares con los que, si las condiciones no eran especialmente duras, al menos hacer su tiempo en ellos algo más pasajero. 

Casos como estos los documentó mediante sus estudios el economista R.A. Radford, quien publico en la revista Economica de noviembre de 1945 su artículo "The Economic Organisation of a P.O.W. Camp". El propio Radford fue capturado por los alemanes en 1942 y recluido en el Stalag VII-A, en Baviera. Durante su cautiverio, documentó la emergencia espontánea de un sistema económico completo en un entorno cerrado y sin moneda oficial. Todos los presos se enfrentaban al hecho de que lo tenían dejó de valer y sólo disponían de inventario material del mundo anterior que podían usar para intercambios: cigarrillos, herramientas básicas, útiles de aseo personal, dulces como chocolate, o parte de las raciones que recibían... Lo que podían "ahorrar" de los paquetes que la Cruz Roja repartía allí donde la dejaban actuar.

Campo De Prisoneros Imagen: Campo de prisioneros del ejecito aliado en Italia para retener a los soldados enemigos depuestos capturados en el frente - Wikimedia Commons

Esa distribución uniforme de ciertos bienes, sumada a preferencias individuales de cada recluso y sus guardianes, generó primero trueque y después un sistema de precios expresado en objetos tan depreciados en valor como los cigarrillos, que terminaron funcionando como moneda de facto: eran divisibles, transportables, escasos y reconocibles. Otros ejemplos incluían los mencionados dulces o hasta calzado. Pero los escritos de Radford solo explican el nacimiento de una moneda en un sistema cerrado, con agentes que comparten un mismo punto de partida. No explica qué podría ocurrir dos siglos después, cuando facciones que jamás se coordinaron llegan al mismo sistema sin haberlo negociado en un mundo en el que la sociedad como tal ha desaparecido.

Los cigarrillos terminaron funcionando como moneda: eran divisibles, transportables, escasos y reconocibles

Esa pieza del puzle hay que buscarla en el trabajo de Thomas Schelling, también economista que publico en 1960 The Strategy of Conflict. En esencia, Schelling señalaba que para que una moneda se aceptase comúnmente entre varios agentes que tienen comunicación limitada (en el caso de los campos, los cautivos con sus captores o incluso entre los propios cautivos si no hablaban el mismo idioma), debía existir un factor de convergencia, y porque la solución de asignarle a un objeto determinado valor -siempre que fuese común y reconocible- era la solución más eficiente dentro del contexto compartido; o dicho de otro modo: la coordinación espontánea entre actores que no pueden negociar surge de un objeto común entre ellos.

Volviendo a ese futuro apocalíptico que Interplay y luego Bethesda desarrollaron en juegos y TV, la chapa de Nuka-Cola era ese objeto. Omnipresente en todo el Yermo que antes era los EE.UU, con ejemplares en neveras, bares, gasolineras y otros lugares, al colapsar la sociedad, era lo primero que los supervivientes (independientemente del lugar en el que estuvieran o a que facción se afiliasen) asimilaron como la nueva moneda. 

La chapa no ganó por ser la mejor moneda posible. Ganó por ser la más visible dentro del inventario compartido del mundo anterior. Un mundo que se había convertido en una cárcel, con la escasez de recursos y la falta de infraestructura como captor, y supervivientes que, incluso sin llevarse bien, pues necesitaban de algo para intentar conseguir lo que querían sin tener que llegar a los extremos de acabar con lo poco que quedaba de la humanidad. 

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