Guerrero celestial, arma maldita y una sombra de sí mismo. Aatrox es más que un villano, es una tragedia andante que camina hacia su propia extinción. Riot ha creado con él uno de los relatos más desesperados y filosóficos de Runaterra y, qué os voy a decir, a mi me parece fascinante.
En el universo de League of Legends, lleno de dragones ancestrales, reinos mágicos y emperadores inmortales, hay campeones cuyo trasfondo no solo define su personalidad, sino que los convierte en una especie de mitos modernos. Aatrox, la Espada Darkin, es uno de ellos.
Hace nada lo incluimos entre los campeones con mejor lore de LoL, independientemente de su meta en el competitivo, y no fue por casualidad. Su historia no solo destaca por ser intensa y apocalíptica (que siempre es un plus), sino por su dimensión existencial: Aatrox no lucha para ganar, lucha porque ya lo ha perdido todo.
De guerrero celestial a arma viva
Como suele pasar en League of Legends, Aatrox no siempre fue un monstruo. En su origen fue un Ascendido, un ser bendecido por el Sol de Shurima para luchar contra el Vacío en tiempos remotos. Era noble, poderoso y respetado, una especie de estandarte y símbolo de esperanza en una era marcada por el caos más absoluto. Pero tras siglos de guerra, su mente —y la de otros como él— se rompió por culpa del conflicto. Corrompidos por su poder y por las circunstancias, estos antiguos héroes se convirtieron en los temidos Darkin.
En lugar de destruirlos, los magos del mundo sellaron a los Darkin dentro de sus propias armas, condenándolos a existir como parásitos inmortales, siempre dependientes de que otro empuñara su cuerpo para poder manifestarse. Así, Aatrox dejó de ser un guerrero con espada… para convertirse en la espada misma.
Durante años, Aatrox luchó por liberarse, negándose a permanecer encerrado en esa espada. Su oportunidad llegó cuando un pobre mortal, creyendo haber hallado una simple arma olvidada y abandonada, decidió blandirla. Aatrox se aferró a él para imponer su voluntad y tratar de recuperar su forma original, pero el cuerpo del joven colapsó de inmediato: su esencia había sido absorbida por completo. Lejos de detenerse, Aatrox continuó apoderándose de nuevos cuerpos, perfeccionando su dominio sobre ellos hasta controlar plenamente a sus huéspedes.
Con cada víctima, su fuerza crecía, moldeando su forma física con una brutalidad que le permitía acercarse cada vez más a lo que fue. Convencido de que podría recuperar su antiguo cuerpo, dedicó siglos a buscar una forma de restaurarlo... pero al final comprendió que era un objetivo imposible.Ahora, consumido por la desesperación y la furia, Aatrox busca desatar guerras a escala inimaginable. Su propósito es, básicamente, arrasar con todo.
Lo que hace único a Aatrox no es solo su caída en desgracia, sino su conciencia del horror. Mientras otros Darkin (como Rhaast o Varus) aceptan su condición con distintos grados de rabia, Aatrox se va consumiendo poco a poco por la desesperación. Es un ser que odia su propia existencia, atrapado en un ciclo de resurrección y posesión del que no puede escapar. Cada vez que un nuevo humano lo empuña, Aatrox toma su cuerpo y lo retuerce a placer, sabiendo que es todo una farsa y que él, como individuo, ya no existe.
Y sin embargo, lucha
Y no por poder ni por gloria. Lucha por destruir todo lo que quede, como un último grito contra los dioses que lo traicionaron, contra el mundo que lo olvidó y, sobre todo, contra sí mismo. Su objetivo final no es conquistar Runaterra sino acabar con todo para, por fin, encontrar el silencio.
Uno de los mayores aciertos de Riot con Aatrox es cómo ha construido su carácter a través de sus frases. No habla como un villano clásico sino más bien como un filósofo oscuro, como un poeta siempre en sufrimiento. Sus frases están llenitas de nihilismo, de una belleza oscura que nos recuerda su castigo eterno:
"Ellos creen que estoy derrotado, encadenado, pero sigo erguido... cuán noble es esta carnicería"
"Esta forma condenada... esta cruda y putrefacta carne! ¡La detesto!"
"¡Paciencia, Aatrox! ¡Paciencia! ¡Tu libertad llegará!"
Cada línea es un pequeño fragmento de una tragedia griega reinventada. Aatrox no quiere que le tengas miedo, quiere que lo entiendas. Quiere que sepas que lo que queda de él no es poder, sino vacío, un eco de lo que fue arrastrándose en una guerra sin sentido.
La narrativa como arma
Por supuesto, la fuerza del personaje no solo está en su lore o en sus frases ingame, sino en cómo Riot lo ha ido utilizando como símbolo a lo largo de los años. En cinemáticas como "The Call" o "Awaken", Aatrox aparece como una figura imparable. Su presencia impone no solo por su bestial diseño (una mezcla entre ángel caído y una especie de coloso demoníaco), sino por lo que representa: el pasado que no se puede redimir, la guerra que nunca termina y el alma atrapada en un arma para siempre. Es una metáfora visual y narrativa del trauma, del cuerpo como prisión y del propio guerrero como víctima de su propio mito.
Una de las preguntas más profundas que plantea el lore de Aatrox —y de los Darkin en general— es la del ser. ¿Qué define a una persona? ¿Su cuerpo? ¿Su conciencia? ¿Su historia? Cuando Aatrox toma el cuerpo de otro ser, lo transforma, pero no lo revive. Digamos que lo usa o incluso que lo deforma hasta parecerse a sí mismo. Pero realmente, él sabe que no es él, sabe que esa carne no es suya, que esa voz es prestada y que su esencia se disuelve cada vez más en un ciclo infinito.
Una de las preguntas más profundas que plantea el lore de Aatrox —y de los Darkin en general— es la del ser. ¿Qué define a una persona? ¿Su cuerpo? ¿Su conciencia? ¿Su historia?
En cierto sentido, Aatrox no es solo un personaje de fantasía; es más bien una figura existencial. Un eco de los grandes antihéroes trágicos como el Satán de Paraíso Perdido, el Capitán Ahab de Moby Dick o incluso Frankenstein, atrapado en una identidad que le da asco y que lo define al mismo tiempo.
Lo interesante del tratamiento de Aatrox es que, a diferencia de muchos villanos en los videojuegos que simplemente están planteados para ser obstáculos, él no busca redención, ni siquiera perdón. Solo busca destruir, y eso lo convierte en un espejo de nuestros propios impulsos autodestructivos, de nuestra relación con el dolor y con la pérdida de sentido.
¿El último Darkin?
Con la llegada de otros Darkin como Kayn (que empuña a Rhaast) y Naafiri (que está ligada a otra entidad oscura), Riot ha ido expandiendo esta faceta del lore, pero Aatrox sigue siendo la figura central del mito. Es el más explícito en su dolor, el que más obsesionado está con la idea de acabar con todo. Y si alguna vez hay un clímax para esta historia —un enfrentamiento entre los Darkin y el mundo, por ejemplo—, todo apunta a que él será quien lo lidere... y quizá no para ganar sino para caer, por fin, de verdad y para siempre.
En estos tiempos donde muchos jugadores juzgan a los campeones de LoL por su impacto en el parche o en el competitivo, personajes como Aatrox nos recuerdan que hay otra dimensión igual de poderosa: la narrativa. Porque a veces, lo que nos marca no es lo que un campeón puede hacer en la Grieta… sino lo que significa fuera de ella.
Aatrox es, probablemente, el personaje más desesperado y con la historia más interesante de Runaterra. Su historia no es un cuento de héroes ni un viaje de redención; es un grito hacia el abismo. Un grito que nosotros seguimos escuchando.
En 3DJuegos | Hay quien piensa que sobran skins en League of Legends, pero cinco personajes sufren una particular discriminación
En 3DJuegos | El mayor desafío al que se ha enfrentado League of Legends no fue Arcane, sino algo que parecía mucho más simple