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Pensaba que iba a jugar otro plataformas simpático y terminé recordando por qué adoro el género. Análisis de Marsupilami 2: Salsa Palombia

Pensaba que iba a jugar otro plataformas simpático y terminé recordando por qué adoro el género. Análisis de Marsupilami 2: Salsa Palombia

Salsa Palombia tiene alma de secuela: recoge todo lo anterior, lo mejora, lo expande y se deja por el camino muy pocas cosas que pulir

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Pensaba que iba a jugar otro plataformas simpático y terminé recordando por qué adoro el género. Análisis de Marsupilami 2: Salsa Palombia
abelardo-gonzalez

Abelardo González

Editor - Tech

Confieso que llegué a Marsupilami 2: Salsa Palombia sin demasiadas expectativas. Su aspecto desenfadado, sus trío de protagonistas y esa apariencia de juego pensado para disfrutar en familia invita a pensar que estamos ante otra aventura simpática que completar en un fin de semana y olvidar poco después. Sin embargo, cada vez que terminaba una sesión ocurría algo que no esperaba: unas horas más tarde ya estaba pensando en volver. Quería superar otro nivel, encontrar alguna nota que me había dejado atrás o probar suerte con uno de esos desafíos que unas horas antes se me había resistido. Para mí, pocas señales hablan mejor de un plataformas que las ganas constantes de regresar.

La secuela (desarrollada por Ocellus Services) mantiene buena parte de las ideas del anterior Marsupilami: Hoobadventure, algo que seguramente hará que quienes jugaron aquella aventura encuentren muchas cosas familiares. Salsa Palombia es bastante continuista en su planteamiento, pero aprovecha esa base para construir un plataformas muy entretenido con ritmo y progresión, uno que sabe introducir mecánicas poco a poco para exigirnos que las dominemos. Es un juego pequeño y consciente de sus dimensiones, pero también uno de esos títulos capaces de recordar por qué saltar entre plataformas, buscar secretos y aprenderse el escenario continúa funcionando varias décadas después de que el género ayudase a construir buena parte de la industria.

Saltar, aprender y volver a saltar

Salsa Palombia entiende muy bien algo fundamental en cualquier buen plataformas: aprender debería ser casi tan divertido como superar el desafío. Los primeros compases sirven para acostumbrarse al movimiento, las habilidades de los personajes y las reglas más sencillas de cada escenario, mientras que los últimos niveles te exigen que pongas en práctica todo lo aprendido. Lo interesante está en cómo consigue transmitir la sensación de que nosotros también estamos mejorando. Volver a uno de los primeros niveles después de varias horas deja bastante claro cuánto hemos avanzado, ya que cualquier movimiento que antes exigía cierta concentración ahora salen de forma natural. Además, los escenarios se leen con más facilidad y las pequeñas cadenas de salto que antes imponían respeto pasan a ser un trámite.

Ese crecimiento funciona porque el control acompaña. Los personajes responden bien, las distancias están medidas con bastante precisión y nunca sentí que un error fuese responsabilidad del juego. Cada marsupilami cuenta con sus propias capacidades (Twister puede planear, Hope salta sobre sí misma y Punch se convierte en una bola) y esto permite afrontar algunos obstáculos de formas diferentes. De hecho, el diseño tiene en cuenta esa variedad: aunque los niveles están preparados para el cooperativo de dos jugadores, siempre resulta posible alcanzar el final utilizando únicamente uno. No te obliga a jugar de una manera concreta y deja cierto margen de cara a decidir cómo resolver cada situación, una flexibilidad que se agradece en un título que quiere servir como puerta de entrada al género.

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En ese aspecto, la dificultad se convierte en el aliado más importante. Salsa Palombia permite escoger entre distintas configuraciones de vidas que cambian considerablemente la experiencia. Quien simplemente quiera recorrer sus escenarios puede jugar con vidas infinitas, mientras que la dificultad intermedia limita cada intento a tres y la superior nos deja con una única oportunidad. Esta decisión permite que un niño pueda tener aquí uno de sus primeros contactos con los plataformas y, al mismo tiempo, que alguien acostumbrado al género encuentre momentos capaces de poner a prueba sus reflejos. Que nadie se deje engañar por colores, licencia o apariencia infantil, ya que algunos tramos pueden ser muy exigentes teniendo en cuenta el margen de error tan mínimo que existe.

Hay que destacar que el juego no permite avanzar en línea recta. Completar un nivel y olvidarte de todo lo que contiene se convierte en tu peor enemigo, dado que necesitas un número determinado de notas musicales para desbloquear los enfrentamientos finales y continuar hacia nuevos mundos. Durante los tres primeros necesitamos reunir 40, pero la cosa cambia cuando la cifra sube a 60 por mundo para abrir el acceso al último. Esa estructura obliga a prestar atención a desafíos, secretos y rutas secundarias sin convertir la búsqueda de coleccionables en una limpieza interminable del mapa. Nunca sentí que tuviese que detener la aventura durante horas para recoger objetos sin interés, pero sí que hay que explorar un poco más y dominar cada mecánica para sacar todo el jugo a los niveles.

Un juego que siempre encuentra otra idea

El principal mérito del título aparece dentro de esos mismos niveles. Salsa Palombia mantiene un ritmo excepcional durante casi toda la aventura porque introduce constantemente pequeños cambios, obstáculos y formas de sacar partido a las mecánicas. Una idea puede aparecer de manera sencilla para enseñarnos cómo funciona, complicarse unos minutos después y terminar combinada con elementos que ya conocíamos. El resultado es una progresión muy natural, nunca parece que el juego esté explicándonos una lección, pero constantemente nos prepara para lo que llegará después.

Marsupilami 2 3

También ayuda que la campaña principal tenga una duración muy medida. Llegar al final puede llevar alrededor de seis horas, pero ir a por el 100% duplica esa cifra. Esa escala le sienta genial por un aspecto universal del género: muchos plataformas empiezan a repetir trucos cuando deben mantener una aventura durante demasiadas horas, pero aquí no existe tiempo para que aparezca el cansancio. Cada mundo aporta suficiente personalidad y el viaje termina justo cuando sus ideas empiezan a estar completamente dominadas. La prueba de ello es que yo siempre me quedé con ganas de seguir jugando, una sensación mucho mejor que comprobar cómo un título alarga de forma artificial sus últimas horas.

Entre esas ideas destaca el modo Salsa. Este añade una capa adicional alrededor de la puntuación y la recogida de fruta. Mantener multiplicadores permite conseguir más cantidades y luego puedes utilizar ese recurso para desbloquear nuevos niveles en los que obtener notas musicales, desafíos o más coleccionables. Es una mecánica sencilla, pero una que convierte la recogida de fruta en una misión más allá de aumentar el contador. Así, rozar la perfección (o conseguirla) en cada escenario forma parte de la progresión y mejora la recompensa mientras aprendes las rutas.

Los propios coleccionables persiguen esta misma filosofía. Las notas musicales, los desafíos o las copas te obligan a observar mejor el entorno para sortear las pequeñas pruebas del escenario. Algunos se encuentran directamente durante el recorrido, mientras que otros requieren rebuscar un poco más de la cuenta. La recompensa principal está en el propio proceso de conseguirlos, ya que empujan a explorar escenarios que de otra forma podríamos atravesar demasiado deprisa. Además, su relación con el avance evita que completar contenido secundario parezca una actividad separada de la campaña.

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Por desgracia, los combates contra jefes son la parte menos inspirada del juego. Existen cuatro y funcionan como una concentración de algunas de las exigencias que encontramos durante los niveles: esquivar ataques, identificar el momento adecuado y golpear cuando aparece la oportunidad. Como cierre de bloque están a la altura, pero ninguno consiguió dejarme una impresión especialmente fuerte. Frente a la creatividad y el ritmo que presentan muchas fases, estos enfrentamientos parecen bastante más previsibles. No arruinan la experiencia ni se prolongan demasiado, pero sí esperaba un poco más de ellos tras comprobar hasta dónde puede llegar el diseño del resto de la aventura.

Palombia sorprende si le das la oportunidad

A nivel visual, Palombia entra con facilidad por los ojos. Su estilo colorido encaja con el tono de aventura y cada mundo cuenta con elementos suficientes para diferenciarse del anterior. La variedad aumenta durante la segunda mitad, ya que los escenarios juegan con nieve, hielo y una estética de música disco que va mucho más allá del ritmo. De hecho, el uso del 2.5D permite crear fondos cargados de detalles mientras la acción mantiene la claridad necesaria para saber dónde podemos aterrizar, así que si tuviera que pensar en un título parecido lo más seguro es que te hablaría de Klonoa.

Al mismo tiempo, esa forma de convertir el entorno en una parte constante de la experiencia recuerda mucho a Donkey Kong Country, uno de los titanes del género. Las plataformas móviles, los elementos decorativos, los obstáculos y los cambios en el escenario ayudan a que cada fase tenga personalidad propia. La animación también acompaña y consigue que los marsupilamis se muevan con bastante gracia, pero por desgracia resulta difícil encontrar diferencias entre ellos fuera de sus colores o habilidades. Para ser la licencia que es, son personajes inexpresivos que no aportan mucho al conjunto: cambiar Marsupilami por otra propiedad obligaría a modificar el aspecto, pero apenas tocaría el corazón del juego.

He de decir que eso no me parece especialmente grave porque Salsa Palombia funciona gracias a su condición de plataformas. El universo de Marsupilami sirve como envoltorio y probablemente atraerá a quienes tengan cariño por los personajes, pero el motivo para recomendarlo está en sus niveles. Aquí el salto importa más que cualquier referencia a la licencia, justo lo que permite que alguien que nunca haya leído uno de sus cómics lo pueda disfrutar igual que quien conozca Palombia a la perfección.

Como era de esperar, también es una propuesta que invita a jugar acompañado. Su cooperativo encaja muy bien con esa condición de aventura familiar y la posibilidad de ajustar las vidas permite adaptar la partida a quien esté sujetando el segundo mando. Esto hace que un adulto pueda compartirla con un niño sin convertir cada error en un castigo, mientras que dos jugadores acostumbrados al género pueden aumentar la dificultad para buscar una experiencia más exigente. Además, también funciona a la perfección en solitario, justo como he recorrido la mayor parte de la aventura porque mi jugadora 2, Sabrina, no tiene mucho tiempo para jugar.

Por desgracia, la parte menos agradable se encuentra en el rendimiento. Durante mi partida experimenté alguna caída ocasional de fps que no fueron un gran problema, pero sí sufrí en exceso con la desincronización del audio. Tras jugar durante cierto tiempo, el audio empieza a acumular retraso respecto a lo que ocurre en pantalla y llega a alcanzar diferencias enormes. En mi caso, lo que empezó con uno o dos segundos terminó con hasta siete segundos, así que muchas veces me vi terminando un nivel, seleccionando otro en el mapa y escuchando todavía los últimos compases del anterior. Resulta muy molesto, pero su naturaleza invita a pensar que es uno de esos errores que se pueden solucionar con una actualización.

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Marsupilami 2: Salsa Palombia pertenece a una clase de videojuego que, durante años, fue una de las grandes puertas de entrada al medio: los plataformas directos y fáciles de entender capaces de aumentar su profundidad mediante el propio acto de jugar. Estos ayudaron a convertir el videojuego en lo que es actualmente porque pocas cosas son tan universales como entender que debes ir de un punto a otro, y Salsa Palombia conserva esa esencia con una naturalidad enorme.

Cuando terminé la aventura, me di cuenta que pensaba exactamente lo contrario que al principio. Al llegar esperé un plataformas familiar correcto y acabé buscando cualquier excusa para volver a jugar una fase más. Sus jefes podrían tener más personalidad, la licencia se aprovecha poco y el problema del audio necesita una solución, pero ninguna de esas carencias elimina la sensación que permanece tras soltar el mando: quiero seguir jugando. Para mí, esa es la principal virtud de un videojuego, así que te invito a darle una oportunidad porque es muy probable que te sorprenda más de lo que imaginas.

Más que un juego para niños

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Marsupilami 2: Salsa Palombia

Por: Abelardo González
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Marsupilami 2: Salsa Palombia es un plataformas pequeño y muy continuista respecto a su predecesor, pero también construido a la perfección. Su ritmo, el diseño de niveles, la progresión de mecánicas y una dificultad adaptable consiguen que siempre apetezca jugar una fase más. Sus jefes poco memorables y el rendimiento necesitan algún parche, pero sigue siendo una aventura muy recomendable para familias, aficionados al género y cualquiera que busque un plataformas directo, colorido... y exigente.

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5 cosas que debes saber
  • El diseño de niveles mantiene un ritmo excelente y sabe introducir nuevas mecánicas sin caer en la repetición
  • La dificultad ajustable hace que funcione tanto para los más pequeños como para los jugadores más experimentados
  • Su duración está bien medida: 6 horas para terminarlo y 12 para conseguir el 100%
  • La estética, animación y variedad de los escenarios hacen que cada mundo tenga una personalidad marcada
  • El rendimiento en PS5 necesita mejoras, especialmente por un problema de audio que provoca varios segundos de retraso
Jugadores: 1
Idioma: Textos en español
Duración: 6-7 horas

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