En Onimusha Way of the Sword se da cita la mejor Capcom y también la que menos me gusta a mí. Si habéis jugado a Resident Evil Requiem, habréis gozado de una primera parte en el hospital gloriosa, de un diseño de nivel sublime y cargado de grandes momentos, pero también os habrá dejado algo fríos las secuencias de Leon Kennedy que son más abiertas. Con Capcom esto pasa mucho, lleva siendo así desde el primer Resident Evil. En un mismo título combinan un diseño de juego que es pura gloria bendita con secciones que, sin llegar jamás a ser malas, son algo más normales; el problema es que el contraste con lo bueno del título es tan grande que parecen peores de lo que son. Con esto se logra alargar la duración de un juego que tú sabes que durando solo diez horas habría sido mejor. Justamente esa Capcom está aquí de la forma más exagerada que he encontrado.
Onimusha Way of the Sword me ha parecido un título divertidísimo y que ha logrado algo muy complicado. Ha fusionado tan pero tan bien lo mejor del combate de los Souls con el ritmo ágil y la intensidad de los hack and slash que no te lo crees. Cada combate contra jefe final y jefe normalito es una maravilla, y lo ha conseguido haciendo el truco inverso que aplicó Hidetaka Miyazaki a sus creaciones con From Software. En lugar de aplicar la estrategia de Fumito Ueda de reducir al mínimo las opciones y darle al jugador muy pocas mecánicas pero que funcionan bien, Capcom ha trabajado el exceso, pero es un exceso perfecto y divino. Si tenemos una barra llena, podemos usar un contragolpe absolutamente destructor, pero que entraña mucho riesgo, justo en el instante en el que nuestro enemigo ataca. Le quitaremos mucha vida y le dejaremos temblando la barra de postura.
Es un videojuego de jefes increíblemente divertidos, con otras cosas
Tenemos un parry más convencional. Cuando conecta, elegimos la dirección en la que desviar la espada del rival para dejar al descubierto una parte rompible, y ojo a cómo la cámara sigue el movimiento de las espadas chisporroteando chispas. De paso, rellenaremos un medidor de ardor que hará que nuestra espada haga más daño; pero hay más. Si mantenemos la postura de bloqueo y pulsamos X en el momento correcto (lo he jugado en PlayStation 5), no llenaremos la barra de ardor ni podremos contraatacar tras el parry, pero agotaremos muchísimo la barra de postura de nuestro enemigo. A mayores, podemos hacer también una esquiva pulsando el círculo; es lo mejor contra ataques físicos sin espada y es el movimiento de evasión que entraña menos riesgo (y menos recompensa).
Lo maravilloso de todas estas opciones es que cada una nos aporta una ventaja al combate. A veces optaremos por hacer más daño, rellenar esta barra de ardor, agotar rápido la barra del rival o esquivar sin más porque no estamos seguros de cómo contrarrestar el golpe. Estas opciones le aportan al combate muchísima riqueza y estrategia. No es solo pensar y decidir qué parry usar, sino cuál. Una vez que agotamos la barra de postura de nuestro adversario, hemos de elegir qué parte de su anatomía rajar, y es importante elegir bien, porque podremos romper su armadura, cercenar una parte de su cuerpo o hacerle vomitar almas. A estas opciones se le suman los geniales patrones de ataque de los jefes, sus espectaculares diseños, lo bien que maneja Onimusha: Way of the Sword la cámara para ser muy cinematográfico y espectacular.
Cada jefe con el que me he encontrado ha sido una celebración, me los he gozado muchísimo; y cómo me ha gustado saber que, desde el comienzo de la aventura, he contado con una arena para repetir estas peleas todas las veces que me ha apetecido. Onimusha es eso. Es un videojuego de jefes increíblemente divertidos con otras cosas. Y funciona así, en peleas de hombre contra hombre, porque el juego tiene también problemas cuando nos enfrentamos contra grupos. Se nos quedan mirando como pasmarotes esperando su turno para atacar.
Los jefes finales de Onimusha son espectaculares
Onimusha: Way of the Sword tiene tan claro que sus jefes son una barbaridad que se inventa el mejor modo para aprender a enfrentarnos a ellos que he visto. Esto va de que te los conozcas hasta el punto de que puedas hacer una no-hit. Por eso me ha gustado tanto su modo fácil; sí, lo he probado y tiene algo genial. Al activarlo, puedes activar también una opción que te indica qué botón pulsar para acertar con el tipo de parry que hay que hacer en cada momento. En algún Souls me ha pasado que no tenía claro cómo demonios contrarrestar un ataque, teniendo que ir a YouTube para ver cómo se hacía (sí, lo sé, GG).
En este juego activas este modo, entrenas eso, aprendes a hacerlo bien y luego puedes volver a intentarlo en la dificultad con la que estés cómodo. Cómo he disfrutado con esto, de verdad. No os podéis hacer una idea de lo genial que son las peleas hasta que las disfrutéis. Tenía miedo de la integración de los modos fáciles en juegos de este estilo, porque Onimusha: Way of the Sword quiere ser difícil, quiere tener una dificultad más propia de los Souls que de los hack and slash, y con opciones como estas hace que sea muy agradable aprender y querer enfrentarse al reto. Al principio no lo parece, pero a partir del tercer o cuarto boss, si no haces bien las cosas, el juego te pasa por encima.
Ahora vamos con la parte que menos me ha gustado. No digo que sea terrible, sino que a mí no me ha funcionado bien porque es demasiado normalilla. Tú tendrás que ver qué tipo de jugador eres para interpretar si es un problema para ti o lo llevas mejor que yo. Onimusha: Way of the Sword no es un videojuego lineal. No es una aventura en la que viene una fase, luego un jefe y luego otra fase. Es un pequeño mundo abierto. Llegamos a Kioto, nos asentamos en un santuario y recibimos misiones de su guardián, de Takamura. La ciudad está siendo atacada por un villano que primero llena un barrio de miasma que hay que eliminar, luego resucita a un demonio en otro sitio, abre una grieta que escupe diablos en otra calle y que hay que cerrar… Y ya que estamos, una escritora nos pide que encontremos a sus gatos e investiguemos historias, hay ciudadanos que nos plantean misiones secundarias, hay que localizar objetos para craftear mejores ítems… A mí esta es la parte que menos me ha gustado.
Como digo, esta estructura de pequeño mundo abierto no es mala. Da contenido, más peleas y más sentido al sistema de RPG para mejorar a nuestro personaje. Musashi puede mejorar su arma, su brazalete y su ropa. A su vez, hay un árbol de habilidades para arma especial, para los distintos parrys y acciones. Para hacernos más fuertes no solo necesitamos almas rojas, sino piedras de poder, piedras oni, cuero, sake y mil zarandajas más que habrá que buscar y recolectar.
Como digo, todo esto no es terrible, pero sí terriblemente convencional. Se me ha hecho muy cuesta arriba lo de tener un combate tan bueno, original y fresco, que hace tan buen uso de la barra de postura de Sekiro, que se inventa parrys y mecánicas divertidísimas, y luego tener un pequeño mundo abierto de marcadores en el mapa de manual y, además, le hace un flaco favor al ritmo narrativo, porque el juego quiere contar algo que yo creo que estaría mejor contado en una aventura tradicional lineal. De hecho, no me he quitado durante toda la partida la sensación de que esto fue una aventura tradicional de las de siempre, pero en algún momento del desarrollo derivó a la exploración desde un HUD para que la aventura principal llegue a las 20 horas, o hasta a las 30 si te tomas las cosas con calma.
Su relato no es nada especialmente profundo pero sí que es muy Naruto y muy Kimetsu no Yaiba
Como digo, Onimusha: Way of the Sword quiere contar algo. Su relato no es nada especialmente profundo pero sí que es muy Naruto y muy Kimetsu no Yaiba. Musashi, tu prota, es una mezcla entre Naruto y Tanjiro. Cuenta con su brazalete de Onimusha para capturar almas y hacerse más fuerte, es su gimmick para conseguir poder y transformaciones. Él elige seguir el camino del bien, pero hay otro personaje, Ganryu, que elige el camino del mal. Entre ellos se crea una sinergia muy Naruto-Sasuke que me encantó. Hay dos villanos, y uno es muy Orochimaru (experimentar con cadáveres es lo mío) y el otro es encantadoramente bastante Muzan Kibutsuji (amo la sangre).
Los camaradas de Musashi también funcionan bien y están escritos de forma solvente, pero el ir y venir por misiones sin esencia, tener que craftear para mejorar el equivalente al estus del juego para mejorarlo, preocuparnos de las almas rojas que farmear o los gatos, misiones o talismanes, le quita mucha tensión a todo y hace que sientas que la narración está muy dispersa. Ojo, insisto, no es que yo odie los mundos abiertos. Pero el Kioto de Onimusha no tiene ese ritmo entre misiones tan orgánicas de un Far Cry 3, ni un diseño de escenarios como el Breath of the Wild. En ambos, apenas tienes que abrir el mapa para elegir qué hacer porque una cosa te lleva a la otra. Aquí no. Aquí hay una lista de tareas que cumplir. Sé que esto no es un problema para todo el mundo, pero lo apunto porque para mí sí que lo fue.
La versión de Switch 2 funciona francamente bien.
Un cruce perfecto entre Souls y hack'n slash
Mi mayor problema con este mundo pequeñito abierto es que existe un conflicto entre tener diseños de jefes formidables y muchísimas misiones secundarias en las que incluir un colofón al final en forma de jefe. No puedes tener infinitos jefes finales geniales, porque diseñar a cada uno de ellos lleva mucho tiempo. La opción de Onimusha: Way of the Sword ha sido repetirlos hasta la saciedad. Hay una parte casi al final del juego, y siempre hablando de misiones principales, en las que me he llegado a enfrentar cinco veces seguidas contra un mismo boss. Era una especie de Batman heavy metal que no paraba de plantarse ante mí cuando intentaba sellar una grieta. El combate contra él siempre era sensacional, pero te refuerza inevitablemente ese pensamiento intrusivo y constante de que hay relleno en esta aventura. Por suerte, hay un truco si quieres una experiencia más lineal. El modo fácil te ahorra tener que pasar por el mundo abierto, porque te pone, más o menos, al mismo nivel de fuerza contra los monstruos en el modo normal que si hubieras hecho todas sus tareas. Sí, reconozco que lo he usado para hacer rápido tareas que no me apetecía hacer.
Pero lo cierto es que nada de esto me impide deciros que Onimusha: Way of the Sword es un juegazo cuando hace lo que hace bien: hombre contra hombre. Porque al final del día, aunque se repitan demasiado sus jefes y sus enemigos normales tengan una IA muy discreta, tenga mis más y mis menos con su estructura, me hubiera gustado que el corte normal con espada tuviera un pelín más de pegada o crea que la narración no está del todo bien planteada, su combate contra jefes es tan, tan pero tan bueno que no te lo crees. Es un Sekiro al revés, un Sekiro excesivo, cinematográfico, precioso, visceral y excelente con mucho margen de mejora en lo que no es eso. Si el peaje a pagar para llegar a esos jefes es tener que acariciar gatos y llevarle cuero a la costurera, pues se hace aunque en estos momentos se vea a la Capcom menos inspirada.
Ayuda mucho que el juego esté doblado al español, que los efectos de sonido sean excelentes y que el juego se vea de locos. ¡menudos templos te hace ver y qué maravilla de expresiones faciales! Algo que se ve igualmente reflejado en la versión de Nintendo Switch 2, que funciona de mil maravillas como ya nos tiene acostumbrados la compañía japonesa. Eso sí, cuando hay que hacer un primer plano de un PNJ de una de estas misiones random, la cosa decae un poco. Terminarás Onimusha: Way of the Sword y seguirás luchando contra unos jefes finales que echarás de menos matar. Y eso es mucho decir. Eso sí, ojalá lo demás fuera igual de bueno y no solo normal.
Onimusha Way of the Sword combina unas peleas deliciosamente diseñadas con una estructura de mundo semiabierto que a mí no me ha terminado de convencer. El juego pasará a la historia por tener unos jefes brillantes y por contar con una jugabilidad terriblemente buena. Es el equilibrio perfecto entre Souls y hack and slash que Nioh o Khazan intentaron buscar pero que Onimusha encuentra. Es un juego muy divertido, especialmente si no te molestan con juegos con muchas tareillas que cumplir.
Comprar Onimusha: Way of the Sword- El juego lo apuesta todo a los combates contra sus jefes. Son absolutamente excelentes
- Gráficamente el título es una pasada. Las expresiones faciales no son de este mundo
- El elenco de protagonistas y antagonistas es genial, pero la narración no colabora
- Tiene muchas opciones para disfrutar del combate y repetir batallas a tu gusto
- Se hace repetitivo en ocasiones. El juego abusa de hacerte pelear demasiadas veces contra los mismos jefes
Ver 4 comentarios