Yo quería ser un nuevo Mad Max en su enorme mundo abierto, pero Rage 2 solo consiguió convertirme en un jugador muy, muy decepcionado

Yo quería ser un nuevo Mad Max en su enorme mundo abierto, pero Rage 2 solo consiguió convertirme en un jugador muy, muy decepcionado

La saga Rage logró salir del desierto, pero regresó a mí llena de colorines, purpurina y superpoderes perdiendo su carisma por el camino

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Rage 2 Opinion 3djuegos

Los lectores habituales de 3DJuegos seguro que ya saben que soy un pirado de la saga Mad Max, así que no les extrañará demasiado si les digo que el primer Rage de id Software de 2010 me gustó mucho. Me entusiasmó. Tenía acción, mala leche, mucha acción, coches veloces, desierto, violencia exagerada y humor negro. El juego, aunque bastante sólido, se veía limitado en algunos aspectos. No era perfecto, pero era muy disfrutón.

De ahí que cuando se anunció su continuación me puse a dar imaginarias volteretas de alegría, porque yo no doy una voltereta de verdad desde los 11 años. El caso es que me ilusionaba la idea de tener un Rage que fuera, lógicamente, más grande y ambicioso en todos los aspectos. Pero con cada nuevo avance se adelantaba un chasco magnífico que me llevó por delante sin miramientos y que a día de hoy supone una decepción que todavía no he superado. Y eso que Rage 2, en realidad, está bastante bien. Pero me habían cambiado la fórmula.

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Furia en la carretera

El primer Rage tenía esa esencia áspera y cruda que tanto adoramos los fans de Mad Max. La estética post-apocalíptica, los enfrentamientos intensos y el humor negro eran el pan de cada día en ese devastado mundo digital. No era el juego más original del mundo, pero tenía personalidad y me hacía sentir como un verdadero guerrero de la carretera. Rage 2, aunque prometía mantener esa esencia, optó por un enfoque más colorido y frenético que a mí me dejó con una sensación de extrañeza.

Aunque prometía mantener su esencia, optó por un enfoque más colorido y frenético que a mí me extrañado

Avalanche Studios e id Software colaboraron para traer esta secuela en 2019, y la combinación de ambos estudios parecía prometedora. Avalanche, conocido por su trabajo precisamente en Mad Max, aportaba su experiencia en mundos abiertos y vehículos, mientras que id Software, los maestros detrás del renacer actual de Doom, garantizaba una jugabilidad sólida y visceral. Sin embargo, lo que obtuvimos fue una mezcla de ambos estilos que no terminaba de encajar del todo. De verdad, me parecía un juego de otra franquicia distinta.

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Lo mismo, pero diferente

En términos de jugabilidad, Rage 2 no se queda corto. La acción es rápida y fluida, y las habilidades de nanotritos que puedes adquirir son increíblemente satisfactorias. Poderes como el Slam, que te permite golpear el suelo con fuerza para dispersar a los enemigos. El juego hacía con las habilidades del personaje del juego un imparable protagonista que añadía una capa de diversión frenética al combate, pero que en mi opinión sacrificaba con ello parte del alma del juego. ¿Era necesaria toda esa tecnología futuris y poderes?

Es en el aspecto narrativo y en la construcción del mundo donde Rage 2 tropieza. La historia sigue a Walker, el último Ranger del yermo, en su lucha contra la Autoridad y el general Cross, un villano con cuerpo robótico y una legión de mutantes. A pesar de la premisa es interesante, los personajes carecen de profundidad y en general el juego pareció haber olvidado en el mapeado del primer título buena parte de su carisma. El intento del juego de equilibrar momentos cómicos con una narrativa seria resulta en una desconexión tonal que afecta la inmersión. Yo al menos no logré sintonizar con los cambios.

Con el tiempo, además, me di cuenta de que de alguna manera el chiste no me estaba haciendo demasiada gracia. Tal vez estuviera ya muy condicionado negativamente, pero me parecía que el juego se esforzaba mucho por convencerme de que era tremendamente divertido y lo era, pero a lo mejor para mí no tanto. Comparado con el primer Rage, que tenía una atmósfera más coherente, Rage 2 parece esforzarse demasiado por ser divertido, a veces de manera forzada. Y lo hace además apoyado además en unos recursos estéticos que tampoco me terminan de encajar. Es como cuando en un RPG te equipas con la armadura que mejor se adapta a tus necesidades, pero, maldita sea, te resulta horrorosa a la vista. Pues no queda otra que tragar sapos y culebras y cargar con ella.

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Lo que nos dejamos olvidado en el desierto

La comparativa con Mad Max es inevitable. Mientras que en Mad Max sentías cada golpe, cada carrera y cada explosión como parte de un mundo cohesivo y brutal, en Rage 2 las cosas se sienten más dispersas. Hay zonas del mapa que, aunque visualmente diversas, no ofrecen la misma riqueza en términos de historia y desarrollo. Algunas áreas, como los pantanos y las selvas, añaden variedad, pero otras se sienten vacías y poco inspiradas. Meros trámites geográficos. Este contraste es decepcionante cuando se espera un mundo vibrante y lleno de vida (o de muerte, según se vea).

El juego ofrecía variedad, pero tal vez no era necesario hacer tantas cosas diferentes

Una de las mayores críticas que tengo hacia Rage 2 es la falta de conexión entre las misiones y el mundo. Las misiones principales son intensas y bien estructuradas, pero las secundarias, aunque divertidas en su mayoría, se sienten como tareas de recadero. No es nada nuevo, pero si además me encontraba lejos de ese polvoriento escenario que tanto me gustó del primer juego, en realidad estaba jugando a un título que realmente no parecía una secuela del primer Rage. El juego ofrecía variedad, con cacerías de recompensas, carreras y asaltos a convoyes, pero tal vez no era necesario hacer tantas cosas diferentes como haberse centrado en mejorar y ampliar las que ya estaban en la primera entrega, sin añadidos.

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Lo que más me decepcionó fue que, a pesar de todas las mejoras técnicas y la jugabilidad pulida, el espíritu de Rage se había perdido en algún lugar del camino. Tras esperar tanto una secuela, cuando llegó se parecía muy poco a lo que yo esperaba. Es como si le tiras a tu perro un palo para que lo traiga, y vuelve con una pelota. No está mal, pero no es lo que esperabas. y a saber dónde ha estado esa pelota antes de que llegara a la boca de tu perro. Por qué pasa esto, no lo sé. No tengo perro. Pero la idea es que Rage había vuelto cambiado y creo que eso nos pasó a muchos aficionados, que disfrutamos de la primera entrega pero que encontramos demasiado diferente su continuación.

La posibilidad de ver una tercera entrega de la serie parece cada vez más lejana. Avalanche Studios no está en su mejor momento, y la recepción mixta de Rage 2 probablemente no ayuda. Es una lástima, porque el potencial está ahí. La combinación de combate frenético, habilidades sobrehumanas y un mundo post-apocalíptico sigue siendo una fórmula ganadora, pero necesita una ejecución más coherente y una narrativa más envolvente. Una auténtica lástima porque Rage y yo tal vez merecíamos la oportunidad de reconciliarnos

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