Una de las primeras cosas que me llamaron la atención al volver a Valheim con motivo de la actualización 1.0 es que, al contrario que ocurre con otros muchos títulos en acceso anticipado, no parece estar hecho "a la carta". Sí, es cierto que arrastra muchos elementos sugeridos por sus jugadores a lo largo de los años; pero también es exigente en ciertos aspectos, no tiene ranuras de armadura dedicadas, no tiene transferencia automática de materiales desde cofres, y a duras penas podríamos considerar que tiene NPC contando una historia.
Valheim es, dicho con cariño, lo suficientemente inflexible como para poner por delante sus propios intereses; para resolver sus ideas con personalidad y encanto. Y como resultado de seguir esta filosofía desde 2021, Iron Gate se ha agenciado lo que casi con total seguridad sea el mejor RPG de supervivencia de su generación y, decíamos en 3DJuegos, un clásico instantáneo a la altura de lo que Hades, Stardew Valley o Minecraft representan para sus respectivos géneros.
Dicen que el viaje es más importante que la meta
Tras unir los nueve reinos nórdicos que todos conocemos en la mitología, Odín desterró a sus enemigos y a los monstruos que desafiaron su mandato a un décimo reino en exilio llamado Valheim; aunque ha pasado tanto tiempo desde entonces que en este último se han creado y destruido civilizaciones. En el juego, interpretamos a un guerrero transportado hasta allí por una valkiria con un propósito: demostrar su valía sobreviviendo a condiciones hostiles y derrotando a los enemigos del Alfadir para ganarse el favor de los dioses y un lugar en Valhalla.
En términos de narrativa, Valheim no esconde mucho más que esto tras la animación de apertura en 2D, los diálogos con Hugin y Munin que hacen las veces de tutorial y las secuencias que acompañan a los combates de jefe. Por supuesto, lo verdaderamente interesante del juego no es su recorrido principal: eso es más bien una excusa para obligarte a actualizar tu equipamiento, viajar hacia nuevos biomas y medirte contra los jefes que te aguardan al final de cada uno de ellos. ¿Qué es, entonces, lo que hace de este juego un tesoro?
Pues varias cosas. Para empezar, es la típica ganga de Steam que corre en casi cualquier PC imaginable y que te da para cientos de horas progresando en mundos compartidos con tus amigos, fabricando historias emergentes de esas que se recuerdan con cariño mucho después, o construyendo un castillo digno de un jarl. También tiene una relación balanceada y sana entre exploración, combate y progresión; aspectos legítimamente satisfactorios por sus propios méritos. Y por último, su minuto a minuto es carismático de narices.
Hemos hablado del asunto en la revista alguna vez, pero lo cierto es que Valheim sencillamente hace clic a un nivel muy humano y terrenal. Si eres el tipo de persona que disfruta de la vida hogareña en los días lluviosos o del olor a tierra mojada, es probable que conectes con el survival de Iron Gate a un nivel muy profundo y personal: que no te engañen sus modelados low-poly y texturas pixeladas, pues esto esconde un fuerte componente de inmersión que se manifiesta a través de (por ejemplo) la ominosa bruma que envuelve tu barco mientras viajas por el océano, las físicas de la nieve densa en el Norte Profundo o los rayos de sol cálidos acariciando la hierba y el polen en las Llanuras.
Creo firmemente que este componente "tangible" es una parte muy importante de Valheim, y que en buena medida define la emoción y el efecto luna de miel que hay tras el descubrimiento de un nuevo bioma; junto con la certeza de que en él encontrarás enemigos que no habías visto antes y elementos de sandbox que tendrás que aprender y dominar. El premio por llevar buena cuenta de estas cosas es que la base que construyas, como decíamos antes, puede ser tan imponente o acogedora como tú desees.
El océano no es solo bonito de explorar: también tiene monstruos marinos ocasionales.
La construcción en Valheim
Muchos juegos de supervivencia compiten entre sí por ofrecer bases más detalladas o creíbles, pero creo que la mayor virtud de Valheim en este sentido es que la construcción es tan táctil y terrenal como el resto del propio mundo: los materiales sin reparar se deformen y rompen, el agua se filtra, algunas paredes y suelos salen mal alineados y el humo de las hogueras se queda en el interior a menos que dispongas de una chimenea. Cuando la estructura está terminada, el fuego une todo en algo verdaderamente acogedor. Un hogar.
La construcción ha salido muy bien en cuanto a profundidad y posibilidades, pero a título personal encuentro que los controles no son tan finos como me hubiera gustado. Incluso si es posible imprimir un efecto de magnetismo en cada pieza desplegable, no me resulta cómodo dejar cada cosa exactamente donde quiero, y el proceso se me hace más como un engorro que debo superar en lugar de una parte igual de disfrutable que el resultado en sí.
De alguna manera, uno termina haciendo las paces con este tipo de realidades, que son relativamente comunes en Valheim. El inventario es otra parte de la interfaz que está en la misma tesitura: no tenemos ranuras dedicadas para las armaduras (sin mods, al menos) de modo que estas piezas ocupan una parte molesta de la capacidad total. La única solución in-game que tenemos a esto es ampliar el casillero como parte de las novedades de la versión 1.0, aunque no tiene el efecto placebo que uno desearía. Tampoco podemos contar con los materiales guardados en cofres para construir, y hay que ir a por ellos.
Es un juego muy analógico, lo cual tiene su encanto en una época donde la conveniencia dirige prácticamente todo lo que se hace durante un periodo de acceso anticipado. Otras áreas, como el combate, son igual de rígidas. Este último aspecto me parece interesante porque está lleno de matices. Por ejemplo, existen armas de madera (de práctica) diseñadas para poder disfrutar del PvP sin riesgo a matar a nuestro aliado; pero cuando buscamos el mayor daño saliente posible, comprender y respetar la comida es igual de importante que el equipamiento o más.
Valheim usa un sistema complejo en el que puedes ingerir tres tipos de alimento, cada uno guiado por un color y con propiedades distintas. Incluso el intercambio de golpes con los enemigos es lento y metódico, de tal manera que, por ejemplo, no tengas una única tecla para rodar. En lugar de eso, debes bloquear y luego presionar la tecla de salto. Secuenciación de dos inputs. ¿Es conveniente? No. Pero tiene su encanto. Esto no es un hack n' slash, es más crudo. Va de aprender estas interacciones, y en ellas hay tanta riqueza como en los patrones de ataque y comportamiento que puedas encontrar en los enemigos.
Afortunadamente, el juego te aprieta pero no te atosiga. Sí, tienes mucho que aprender. Las matemáticas que gobiernan los potenciadores de la comida y niveles del equipamiento nunca te dan una solución universal a los problemas y es importante dominar qué significa cada cosa, incluyendo matices que han ido surgiendo a medida que nos acercábamos a la versión 1.0, pero tampoco es como si tu personaje se fuera a morir por salir de casa con el estómago vacío.
Ahora es posible forjar equipamiento más allá del nivel máximo anterior. Cada bioma rompe las reglas.
El tema del 'grindeo' (o sea, dedicar tiempo exclusivamente a reunir materiales) es el único apartado que se me queda un poco gris de cara a un análisis. Es uno de esos juegos con efectos más o menos detallados cuando talas árboles o recoges cosas del suelo, lo cual está muy bien; pero es cierto que vas a dedicarle mucho tiempo a hacer ambas cosas, y otro tanto a reparar las herramientas. En particular la segunda mitad del recorrido te complica la vida exigiendo materiales muy concretos para forjar varias piezas, y esto a su vez también te pide algo de preparación en forma de comida, ropa y demases.
¿Es esto bueno o malo? Pues depende de a quién le preguntes, claro. Desde mi perspectiva, la idea de pasar mucho tiempo reuniendo cantidades industriales de madera no es particularmente apetecible, pero sí tiene sentido y me encaja con el ritmo y el tono naturales que tiene Valheim y su énfasis en la vida vikinga. En la práctica, ojo, hay un par de matices relacionados entre sí que encuentro importantes a la hora de evaluar el juego final.
Uno es que, al contrario que ocurre en otros muchos juegos de supervivencia, en Valheim no desbloqueas nuevas recetas subiendo de nivel o investigando. En lugar de eso, las descubres a medida que encuentras y recoges nuevos materiales. Como si a tu personaje se le ocurriesen ideas cada vez que pone las manos sobre algo. Es algo más orgánico que te invita a explorar e interactuar con todo lo que te encuentres. El otro matiz es que el juego tiene una consola de comandos (sin usar mods) y a través de ella puedes generar el objeto que necesites.
No creo que sea la manera ideal de enamorarte del juego, pero oye: si te frustra mucho hacer ciertas cosas, al menos tienes una opción para solucionar la papeleta. Algo parecido ocurre también con el otro punto que me hace arquear una ceja con Valheim, que es la dificultad. Aunque definitivamente puedes jugar solo cuanto quieras, hay ciertos encuentros que a todas luces parecen estar hechos para que vayas en grupo (de hasta 10 jugadores en cooperativo) lo cual está genial si tienes amigos que jueguen a esto, y si no es el caso, un poco menos.
El mayor mérito de Valheim no es ser un buen juego: de esos hay muchos, afortunadamente. Lo de Iron Gate va un poco más lejos. Es uno de esos imprescindibles que todo el mundo reconoce y eventualmente compra, aunque solo sea para jugar con amigos. Y aunque tiene margen de mejora en algunos aspectos, al final del día se queda contigo porque tiene carisma, encanto y un sentido muy táctil de la aventura. Si estás dispuesto a cederle el tiempo que merece, te recompensará con una cantidad vergonzosa de horas de exploración, construcción y ocupará un hueco del tamaño de un Jötunn en tus recuerdos.
- La versión 1.0 nos lleva al genial Norte Profundo
- Un juego que se disfruta dedicándole mucho tiempo
- Difícil e inflexible. No se moldea para tu conveniencia
- Mejor presentado que nunca. Las animaciones mejoran
- Una gran representación de la fantasía vikinga
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