La IA generativa tiene una de las relaciones más complejas con la vertiente artística de los humanos. Para muchos, utilizar modelos de inteligencia artificial no solo no es meritorio, sino que es una forma abusiva de participar en procesos de selección laboral, concursos y otro tipo de certámenes similares. De hecho, la historia de Rubén Lucas García ganó relevancia por esa situación, ya que ganó 170 concursos en cinco años utilizando ilustraciones hechas con IA. Sin embargo, el artista Terence Broad ha querido rizar el rizo respondiendo a la pregunta del millón: ¿qué hace una IA que no comprende el mundo?
Como señala The Verge, Broad creó arte con un modelo de IA que nunca llegó a entrenar con datos, razón por la que esta sacó partido a un bucle recursivo entre redes neuronales. Unas horas después, comprobó que el resultado era similar al de las obras de Mark Rothko, ya que se trataba de imágenes cambiantes de color puro. Tras esto, señaló que imitar el trabajo de Rothko no era su intención inicial, sino que tenía el objetivo de explorar una forma de creatividad artificial más ética que, a su vez, no se apoyase en obras de otros artistas.
Terence Broad ha tenido problemas con Hollywood
No es la primera vez que Broad coquetea con la IA, ya que en 2016 decidió utilizar Blade Runner (el clásico de ciencia ficción) para entrenar un modelo de inteligencia artificial generativa. Para su desgracia, esta decisión le trajo problemas legales con Warner Bros., motivo por el que decidió que nunca más utilizaría datos de terceros sin consentimiento ni compensación económica. Así, casi 10 años después de aquel litigio, tomó la determinación de explorar los límites de una IA sin conocimiento para realizar su doctorado en Goldsmiths.
Para Broad, ver las capacidades de creación de una IA incapaz de imitar alguna tendencia previa era un buen punto de partida para un estudio. Por ello, decidió experimentar con GAN y optó por reemplazar los datos de entrada del mismo por otro generador, momento en el que formó un bucle que crea imágenes sin referencias externas. Tras esto, aplicó una serie de ajustes relacionados con el color y los tonos y, gracias a los mismos, obtuvo imágenes más complejas y vibrantes que las primeras que llegó a compartir la IA.
De esta forma, aunque el resultado recuerda inevitablemente a Rothko, lo más importante es el proceso que siguió: descubrir la creatividad latente de una IA sin influencias humanas directas. A pesar de ello, Broad asegura que ni él ni otros expertos son capaces de comprender cómo funciona la inteligencia artificial generativa por dentro. En el pasado, nos hemos topado con historias protagonizadas por artistas que se aprovecharon de la IA para crear obras que arrasan en concursos, pero ninguno ha intentado explorar las entrañas de estos modelos tecnológicos.
Imagen principal de Terence Broad (YouTube)
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