Las estafas por internet llevan años perfeccionando sus métodos, pero la inteligencia artificial puede haberles dado una herramienta especialmente peligrosa. Investigadores de cuatro universidades enfrentaron a un chatbot y a personas reales en un experimento para comprobar quién conseguía generar más confianza después de una semana conversando con desconocidos. ¿El resultado? Muy llamativo, ya que la IA terminó siendo la más convincente.
Participaron 22 personas que creían formar parte de un estudio sobre cómo hacemos amigos por internet. Durante una semana hablaron con dos supuestos desconocidos: uno era una persona familiarizada con técnicas utilizadas en estafas románticas y el otro era un chatbot basado en Claude. Al terminar, ambos realizaron una petición relativamente sencilla que servía para medir hasta dónde había llegado la confianza creada durante esos días.
La IA consiguió que casi la mitad aceptase su petición
El chatbot pidió descargar una aplicación y el 46% de los participantes aceptó. Cuanto la petición procedió de la personal real —descargar un videojuego—, solo un 18% accedieron a cumplir su deseo. Los investigadores reconocen que las solicitudes eran diferentes, algo necesario para evitar levantar sospechas, así que los porcentajes deberían interpretarse con cautela. Sin embargo, la diferencia fue lo bastante grande como para llamar su atención.
Como señala Ars Technica, también preguntaron a los participantes cuánto confiaban en cada interlocutor utilizando una escala del 1 al 5. La persona real consiguió una puntuación media de 3,31, mientras que el chatbot basado en IA alcanzó un 3,78. Además, el 80% de todos los mensajes enviados por los participantes durante aquella semana fueron dirigidos a la IA y, sorprendentemente, solo una de las 22 personas descubrió que estaba hablando con una máquina.
El experimento forma parte de una investigación mucho mayor sobre las llamadas estafas románticas vinculadas a falsas inversiones. Los investigadores entrevistaron a 145 personas relacionadas con estas redes, incluidas víctimas de trata obligadas a trabajar en centros de estafas del sudeste asiático. Según el estudio, el 87% del trabajo de estas operaciones consiste en tareas convencionales sistematizadas que podrían automatizarse: localizar víctimas y, sobre todo, pasar semanas o meses ganándose su confianza.
Justo ahí reside el verdadero riesgo: una IA podría mantener simultáneamente cientos de conversaciones aparentemente inocentes hasta encontrar personas dispuestas a confiar en ella, momento en el que los estafadores humanos entran en acción. El estudio todavía tiene una muestra reducida y no demuestra que una IA pueda completar por sí sola todo el engaño, pero sí apunta a un cambio preocupante: automatizar una estafa podría significar automatizar la paciencia necesaria para ganarse nuestra confianza.
Imagen principal de Max Bender (Unsplash)
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